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Misicuni promocionará la crianza de truchas junto al turismo de aventura

El proyecto de dotación de agua para el eje metropolitano contempla un complejo turístico comunitario

La Razón

00:00 / 14 de septiembre de 2013

La búsqueda de nuevos circuitos turísticos que ayuden a Cochabamba a conquistar a los viajeros hizo posible impulsar en la zona andina del valle un singular destino: el Complejo Integral Piscícola Turístico Comunitario que se construye en el área de influencia del proyecto Misicuni. Los proyectistas apuntan a que el lugar, que cambia de fisonomía por la edificación de una represa, permita incursionar en la crianza de truchas y en el turismo de aventura.

Misicuni se encuentra al norte de la Cordillera del Tunari, que es parte de la Cordillera Oriental de Los Andes. El lugar es rico en afluentes y ríos, pero su mayor potencial se halla en las lagunas habitadas por las truchas arco iris y marrón. “Desde hace años que se practica la piscicultura, aunque es más para consumo. Este proyecto pretende darle una dinámica a esta actividad, se busca reimpulsar la siembra del pez en lagunas y la crianza en jaulas que se harán cuando tengamos la represa”, explica Nicómedes Navia, coordinador del emprendimiento apoyado por la Gobernación.

La región se ubica a 73 kilómetros de la capital cochabambina; son al menos dos horas y media de viaje en vehículo por un camino que pareciera dirigir al cielo. A 3.700 metros de altura sobre el nivel del mar está rodeada de montañas que en invierno visten manto blanco. El Proyecto Múltiple Misicuni comenzó a caminar en 2011 y avanza con las obras de edificación del embalse de 120 metros de altura, destinado a captar 150 millones de metros cúbicos de agua de la cuenca del río Misicuni y abastecer al valle de 3,1 metros cúbicos por segundo.

Antes de la llegada del emprendimiento, 287 familias vivían en el área parecida a una gran batea. Su reubicación hacia las alturas generó la creación del Complejo  Integral Piscícola Turístico Comunitario, que pretende mejorar las condiciones de vida de estas parentelas y dinamizar su economía con otras alternativas. Los comunarios viven de la agricultura, sobre todo de la siembra de papa, aunque en sus tierras igual florecen la avena y la oca. En el paisaje abundan los camélidos, las ovejas y las vacas.

Las viviendas de los lugareños también fueron trasladadas, menos la iglesia, porque ellos temen el enojo de los santos; la vetusta infraestructura permanece en la zona baja donde la maquinaria trabaja incesantemente para tejer la represa. La primera eclosería o centro de reproducción de truchas que albergará a los alevines está en la comunidad Misicuni 1: es similar a una choza donde ya fueron instaladas las piscinas, pero le falta equipamiento. “Hasta mediados del siguiente año estaría operando esta infraestructura; la idea es tener más ecloserías, ir armando lentamente los puntos estratégicos del complejo”, detalla Silvia Terán, encargada de Planes y Proyectos de la Unidad de Turismo de la Gobernación.

La estructura irá acompañada por un centro de acopio y procesamiento primario de carne de trucha, dos miradores y un restaurante que serán construidos en esta gestión. A futuro se contará con un tambo en la ciudad de Quillacollo, donde se empacará el producto final para el mercado.

El complejo no sólo beneficiará a las 287 familias de Misicuni 1 y 2, indirectamente favorecerá a otras 886 de las poblaciones de Patapampa, Putucuni, Q’ochamayu, Sivingani, Aguadas, Uyuni y San Isidro. Las obras se encontrarán en todas estas aldeas que rodean a la represa. En total, se edificarán diez infraestructuras: tres miradores, dos albergues restaurantes con capacidad para 60 personas, dos restaurantes, dos terminales de servicios básicos y una vía ferrata para deslizamientos de hasta 50 metros de altura, ideal para los escaladores o el rapel.

La producción máxima de alevines de truchas arco iris y marrón será de un millón al año. “Probablemente requiramos otras variedades y las estamos buscando en el lugar, especialmente a las reproductoras”, comenta Navia. De acuerdo con el técnico, se pretende producir truchas convencionales y ecológicas o “sanas”, o sea, los peces no consumirán alimento industrial, sino el producido en la región.

Atractivo. Las truchas son un atractivo de las lagunas que circundan la futura presa y ahora serán criadas por los comunarios. “Los que visiten el lugar podrán comer, disfrutar del paisaje, compartir con la gente y hacer turismo de aventura”, manifiesta Navia. El costo del proyecto, que será concluido hasta 2015, supera los Bs 7,3 millones.

Su implementación tiene cuatro componentes. El primero incumbe a la capacitación, la investigación y la asistencia técnica en temas de producción de truchas y operación turística, que deben ser apropiados por la organización campesina. El segundo involucra a la infraestructura y el equipamiento, para que los lugareños “promuevan la producción de alevines y truchas, el procesamiento de la carne y la comercialización; habrá venta directa como carne fresca y se procesará filete de trucha y trucha ahumada”. Pesca y consumo son parte del plan, con la instalación de terminales donde los visitantes contarán con los accesorios necesarios.

El tercer componente es la gestión técnica para la producción, que hace referencia a cómo se manejará la producción de los peces. La cuarta fase contempla la organización de una empresa comunitaria que “será manejada por la gente de la zona e inicialmente la Gobernación hará el acompañamiento hasta que tengan cierta destreza, habilidad y capacidad financiera para el manejo del proyecto. El objetivo es que sean autosostenibles”.

Todos los componentes funcionarán desde 2016. Para entonces, los técnicos de base que son capacitados deberán hacerse cargo de la empresa y adiestrar a otros jóvenes de las comunidades. Terán asegura que este año se apunta a la formación del recurso humano local y se prueba la afluencia de turistas con visitas guiadas. Y la Feria de la Trucha, Papa, Cultura y Turismo apoya el emprendimiento porque mediante éste es posible mostrar a la población la producción, la comida, la cultura y el paisaje andinos.

“Estamos organizando un paquete turístico, buscando alianzas estratégicas con pequeños sectores como el transporte de Quillacollo que va a Liriuni, que puede hacer el traslado a la zona. La idea es que el lugar sirva para disfrutar de actividades recreativas. Hay interés por acudir al sitio y a medida que se vayan armando albergues, restaurantes y la obra de la represa, la población se interesará”.

La Ruta del Libertador es la otra apuesta

La Ruta del Libertador está en la zona andina de Cochabamba, en el municipio de Independencia al que, dicen, Simón Bolívar le dio el nombre. El camino existe, pero el proyecto turístico será diseñado para mostrar a los turistas las regiones que fueron visitadas por el militar venezolano durante su permanencia en el país.

El recorrido es de aproximadamente 220 kilómetros, desde la capital cochabambina hasta Independencia, que se encuentra en la provincia Ayopaya, al noreste del departamento, y se conecta con Q’orymayu y Sacambaya; el camino sinuoso atraviesa la Cordillera de Los Andes —donde el viento y la lluvia se encuentran en pelea constante—, variopintos picos nevados y pintorescas comunidades.

Plan. La Unidad de Turismo de la Gobernación diseña un circuito turístico comunitario que sea parte de otros itinerarios que tienen la ventaja de estar conectados. Por ejemplo, “después de visitar Misicuni es posible llegar hasta Independencia”, advierte Silvia Terán, encargada de Planes y Proyectos de esta dependencia departamental.

El Camino del Libertador o la Ruta del Libertador está definido como atractivo, pero es necesario buscar más información sobre los lugares visitados o en los que pernoctó Bolívar. “La ruta conecta al valle con el occidente del país”, comenta Terán. Independencia colinda con La Paz, el trayecto era recorrido por el Ejército independentista encabezado por Bolívar.

De acuerdo con Terán, lo que más se conoce de Cochabamba son su trópico, selva, ríos y montes para hacer turismo de aventura. “Desde 2011 trabajamos en la exploración de otros sitios, la idea es conocer el potencial natural, pero también las comunidades”.

No hay datos del flujo de visitantes en este año

Al menos 671.000 turistas extranjeros llegaron al país el primer semestre de 2013, de este número no se sabe cuántos arribaron a Cochabamba, y tampoco existen cifras sobre los visitantes nacionales.

“Nosotros no manejamos estos datos, recién este año los vamos a tabular con base en la información que llega desde los hoteles y alojamientos”, informaron desde la Unidad de Turismo de la Gobernación.

En la Unidad de Turismo de la Alcaldía del Cercado se trabaja con encuestas que miden la cantidad de personas que arriban a la ciudad por motivos turísticos. En julio de este año se registraron 261 visitantes, 79 menos que en julio del año pasado, cuando el guarismo alcanzó a 340. La mayoría organizó su viaje sin necesidad de intermediarios y el mayor gasto que realizaron fue en transporte y alojamiento, permaneciendo entre dos y siete días.

En 2010, según datos del Instituto Nacional de Estadística, Cochabamba captó el 7% del total de las visitas a Bolivia, con una estadía promedio de 4,6 días. Por encima se encontraban los destinos de La Paz (24,30%), Santa Cruz (19,20%), Copacabana (8,8%) y Uyuni (7,20%). 

En 2011, eventos internacionales como la reunión de cancilleres de la Organización de Estados Americanos (OEA) generaron visitas medidas por el sector hotelero, que reportó la existencia de 3.200 espacios para el hospedaje de la gente que arribó al Cercado y a Tiquipaya, número que creció hasta alcanzar 4.500 habitaciones triples y cuádruples, más 6.000 camas a disposición de los visitantes.   

La esperanza del agua de misicuni

Plan • El Proyecto Múltiple Misicuni fue ideado hace más de 60 años e involucra el aprovechamiento de los recursos hídricos del río Misicuni para la generación de energía hidroeléctrica y la provisión de agua de riego y potable para el abastecimiento de los municipios del eje metropolitano.

Dinero • El plan contiene cuatro etapas: la perforación de un túnel de transvase, con una inversión de $us 100 millones; la edificación de una represa de 120 metros de altura, que demandará unos $us 114 millones; el armado de una planta hidroeléctrica, con un financiamiento de $us 120 millones y la construcción del embalse de las cuencas de Putucuni y Vizcachas, que aún no tiene monto de inversión.

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