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Murió Galeano, cronista de la contrahistoria de Latinoamérica

Luto. El uruguayo falleció en un hospital de Montevideo, tras sufrir varias recaídas

Ícono. Eduardo Galeano es el autor del libro ‘Las venas abiertas de América Latina’, publicado en 1971.

Ícono. Eduardo Galeano es el autor del libro ‘Las venas abiertas de América Latina’, publicado en 1971. AFP.

La Razón (Edición Impresa) / EFE / Redacción Internacional

05:11 / 14 de abril de 2015

El escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano, fallecido ayer a los 74 años, era una de las voces más críticas de la literatura latinoamericana y entre sus numerosas obras destaca Las venas abiertas de América Latina, toda una declaración de principios y su libro más leído.

Un texto que apareció en 1971 y que es por derecho propio uno de los clásicos de la literatura política en castellano, en el que analizaba con precisión la historia del continente hasta ese momento. Tenía poco más de 30 años cuando lo publicó pero ya tenía una carrera consolidada, que empezó precozmente en 1963 con Los días siguientes, que apareció cuando el autor contaba con solamente 23 años.

Eduardo Germán María Hughes Galeano nació el 3 de septiembre de 1940 en Montevideo en una familia acomodada, hijo de Eduardo Hughes Roosen y de Licia Esther Galeano Muñoz, de quien tomó el apellido para su carrera literaria. Se introdujo en el mundo del periodismo con 14 años, dibujando caricaturas políticas, cuando Uruguay era conocido como la “Suiza de América” (un presidente de ese país, Luis Batlle, bromeaba diciendo que Suiza era el Uruguay de Europa). Firmaba como Gius y fue parte de la mítica revista Marcha.

Posteriormente fue redactor jefe del semanario (1961-1964), una publicación en la que colaboraron nombres como el peruano Mario Vargas Llosa y el uruguayo Mario Benedetti. También fue director del diario Época (1964-1966) y director de publicaciones de la Universidad de Uruguay (1964-1973). Ese último año se exilió en la ciudad de Buenos Aires, donde fundó la revista Crisis, que también dirigió.

“Me fui de Uruguay porque no me gusta estar preso y de Argentina porque no me gusta estar muerto”, recordaba en las tertulias con sus amigos. Establecido en Barcelona (España) junto con su esposa Helena Villagra, continuó su obra con un claro acento latinoamericano que no empañó la distancia. Aunque sus ancestros fueron europeos, siempre tuvo una fuerte inclinación por el mundo indígena, de cuya causa fue activo militante.

Su regreso a Uruguay se produjo en 1985, una vez restaurada la democracia. China (1964), Guatemala, país ocupado (1967); Reportajes (1967), Los fantasmas del día del león y otros relatos (1967) y Su majestad el fútbol (1968) fueron sus primeros libros, todos con un gran contenido político.

Una obra que los críticos literarios consideran influenciada por los italianos Cesare Pavese y Vasco Pratolini, los estadounidenses William Faulkner y John Dos Passos y españoles como Federico García Lorca, Miguel Hernández, Antonio Machado, Pedro Salinas y Luis Cernuda. El punto de inflexión en su carrera lo marcó Las venas abiertas de América Latina, que él describía como “una contrahistoria económica y política con fines de divulgación de datos desconocidos”, y por el que obtuvo el Premio Casa de las Américas de Cuba y, dos décadas más tarde (1999), el Premio a la Libertad Cultural de la Fundación Lannan de Estados Unidos, dedicada a promocionar la literatura contemporánea y las artes visuales. Un libro que está ligado a una anécdota: en 2009 el entonces presidente venezolano, Hugo Chávez, le regaló un ejemplar a su homólogo estadounidense, Barack Obama, durante la cumbre de la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas).

Estilo. Con un estilo de difícil clasificación, entre la crónica periodística y la erudición histórica, Galeano trazó artesanalmente con, en algunos casos, brevísimos trazos, el perfil de un continente con sus alegrías y tragedias durante más de cinco siglos. Galeano también publicó Vagamundo (1973); La canción de nosotros (1975); Días y noches de amor y guerra (1976) y Los nacimientos (1982), primer volumen de su trilogía Memorias del fuego, formada por Las caras y las máscaras (1984) y El siglo del viento (1986). Después llegaron su ensayo El libro de los abrazos (1989); la novela ilustrada por el grabador brasileño José Francisco Borges Las palabras andantes (1993); El fútbol a sol y sombra (1995); Patas arriba (1998); Bocas del tiempo (2004) y sus relatos Espejos. Una historia casi universal (2008), publicados al año siguiente de que el escritor superase una operación de cáncer de pulmón.

Recibió, entre otros reconocimientos, el Premio Casa de las Américas (1975) por su novela La canción de nosotros" el mismo galardón en la categoría Testimonio en 1977 por Días y noches de amor y de guerra; el American Book (1991) por su trilogía Memorias del fuego; el Córdoba de Comunicación Social (2006); Ciudadano Ilustre de Montevideo (2008); Ciudadano Ilustre por la organización Mercosur (2008) y la Medalla de Oro del madrileño Círculo de Bellas Artes (2009).

Fue miembro del jurado del Tribunal Permanente de los Pueblos (1988), que juzga la política del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), y uno de los promotores de la comisión pro-referéndum de su país contra la ley de punto final (del 16 abril de 1989).

Curiosamente, y a pesar de que la historia latinoamericana está repleta de acontecimientos aciagos, los recreó con amor y con una llamada a la esperanza de lograr un mundo mejor lejos del pesimismo. Aunque nunca ostentó ningún cargo público, sus obras tienen un marcado carácter político aunque no descuidó otra de sus grandes pasiones: el fútbol.

“Yo aprendí hace muchos años que la vida consiste en elegir entre indignos e indignados, y yo estoy siempre con los indignados”, indicó el uruguayo en una entrevista con la agencia EFE en 2013. La definición que hizo de Galeano el líder izquierdista Cuauhtémoc Cárdenas en México cuando ganó el premio Amalia Solórzano en 2012 es la de un “militante firme por las luchas de la soberanía nacional, la democracia y contra las dictaduras”, a lo que habría que añadir que amaba las revoluciones.

Fue uno de los primeros en apoyar a los zapatistas en México y en mostrar su admiración por el comandante Marcos, las revueltas populares en Oriente Medio y el norte de África le parecieron un “fuego hermoso” y se mostró feliz con el movimiento de los indignados en España, que definió como una “pura vitamina de esperanza”, porque demostraba que “todo puede cambiar”. Y sobre todo respaldó la llegada de la izquierda a los gobiernos de América Latina, un proceso de cambio que definió como “profundo”, “diverso” y “hermoso”, pero a la vez “bastante incomprensibles para el norte del mundo”.

“El miedo amenaza. Si usted ama tendrá sida, si fuma tendrá cáncer, si respira tendrá contaminación, si bebe tendrá accidentes, si come tendrá colesterol, si habla tendrá desempleo, si camina tendrá violencia, si piensa tendrá angustia, si duda tendrá locura, si siente tendrá soledad”, señala en un video. Su filosofía de vida era que “para tener aliento, hay que tener desaliento, para levantarse hay que saber caerse, para ganar hay que saber perder y hay que saber que la vida es así no mas y que te caes y te levantas muchas veces”. El autor murió ayer en un centro hospitalario en el que fue ingresado recientemente debido a una de las muchas recaídas que venía sufriendo últimamente, precisaron fuentes familiares.

Dolores. El último acto público de importancia en el que participó fue la inauguración de la II Bienal del Libro de Brasilia, en febrero de 2014. Desde entonces sus apariciones fueron muy pocas, aunque no dejó de escribir hasta el último momento y de mostrar sus opiniones políticas, futboleras o literarias, cuando le eran requeridas.

“Hay dolores que se dicen callando. Se dicen callando, pero duelen igual. Como nos duele la muerte del Gabo García Márquez”, dijo el 18 de abril del año pasad tras la muerte del escritor colombiano. Y pidió algo que se puede aplicar ahora con su fallecimiento: beber “más de una copa a la salud del saludable Gabo para reírnos juntos, porque vivo seguirá mientras sus palabras vivan y rían y digan”.

Lo dejó mal un cáncer de pulmón

Estado

En 2007, Eduardo Galeano fue intervenido de un cáncer de pulmón y, posteriormente, tuvo épocas en las que su estado pareció restablecerse. No obstante, últimamente había sufrido constantes recaídas.

Influyente

Fue uno de los autores más influyentes de la izquierda y reverenciado por presidentes como el boliviano Evo Morales, el ecuatoriano Rafael Correa o el desaparecido líder venezolano Hugo Chávez.

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