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La Policía atribuye la inseguridad a la migración y la pobreza

La gran cantidad de bares, cantinas, alojamientos, prostíbulos, negocios, vendedores en las calles y migrantes hacen que la Ceja sea el lugar más peligroso de El Alto, una de las ciudades más inseguras del país, según explica el comandante regional, Édgar Carrasco.

Aniversario de El Alto

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La Razón

04:30 / 06 de marzo de 2012

“Un 30% o 40% de personas que caminan por ahí sufren algún daño  porque hay un gran número de delincuentes que están esperando cualquier descuido a la vista y paciencia de todos los ciudadanos”, dice.

A esa zona se suman Villa Adela, Ciudad Satélite, Río Seco y la 16 de Julio, que también son consideradas áreas de alto riesgo por la Policía Boliviana, por la gran concentración de personas, negocios y vehículos.

La delincuencia se genera, según la autoridad, con la migración, el desempleo y la pobreza. “Esos factores motivan a mucha gente a delinquir, en especial a los cogoteros, delincuentes camuflados que asaltan y asesinan dentro de minibuses y taxis”.

Entre 2011 y lo que va de 2012 perdieron la vida 79 personas en manos de los cogoteros. Las más recientes víctimas fueron los hermanos y periodistas Verónica Peñasco, de 36 años, y Víctor Hugo, de 32.

De acuerdo con Carrasco, otro problema es el desconocimiento de la cultura ciudadana, la causa principal de los accidentes de tránsito que se registran día a día en los caminos de acceso a El Alto y vías que la comunican con La Paz, (autopista y carretera a Oruro). “Estamos llegando a un 70% de inmigrantes que llegan a La Paz y El Alto. La gente del campo no sabe casi nada de cultura ciudadana; donde viven no hay semáforos y por eso no usan las pasarelas”, cuestiona la autoridad policial.

A pesar de que en los últimos días miles de alteños marcharon en demanda de mayor seguridad y en protesta por la muerte de los hermanos Peñasco y las 79 víctimas, la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) alteña informa que en 2011 disminuyeron los delitos en relación con el año 2010. El reporte de lo que va de 2012 aún no está disponible.

En las calles alteñas, las quejas sobre la falta de protección policial no cesan. “A mí me asaltaron dos veces y la última incluso me cortaron la cara en la Ceja. No había policías, y cuando uno los llama, llegan tarde”, se queja Javier Siñani, vecino del Distrito 6.

EFECTIVOS. Para contrarrestar la delincuencia, auxiliar a los heridos, rescatar a las personas que mueren accidentadas y ofrecer servicios públicos, la Policía de El Alto cuenta con 2.550 efectivos, de acuerdo con Carrasco.  

 Explica que 500 de ellos están en diferentes comisiones (Fuerza de Tarea Conjunta, erradicación de la coca, bajas médicas o vacaciones); 2.000 son destinados a la Brigada de Protección a la Familia, Tránsito, a la FELCC, Bomberos, Radiopatrulla 110 y a Patrulla de Apoyo al Ciudadano (PAC), y el resto (50) a las nueve unidades policiales.  

De los 2.000 que trabajan en las unidades, la mitad descansa y el resto hace servicio las 24 horas en cuatros turnos. “1.000 efectivos cumplen todos los servicios para casi un millón de habitantes”.

Para movilizarse, cuentan de 19 vehículos radiopatrullas y motocicletas.

Infructuosos esfuerzos por la prevención

Ante la creciente ola de crímenes y la inseguridad que reina en casi todas las zonas alteñas, la Policía trabaja en proyectos con el fin de prevenir y educar a su población más joven.

“Seguridad ciudadana, riesgos de incendios, educación vial y otros aspectos que inciden en la vida son las áreas en las que se educa a jóvenes de secundaria de las unidades educativas que deciden ser parte de nuestras brigadas escolares”, indica Édgar Carrasco.

Dice que al enseñarles civismo (himnos, valores culturales, sociales y disciplina) se los prepara para que a su vez eduquen a su entorno, es decir, a su familia y amigos.

Preocupado, señala que en ese medio se origina la justicia vecinal como una de las consecuencias principales de la impotencia y la falta de educación.

“Debemos asistir a cualquier persona, haciendo prevalecer el derecho a la vida, cuando tenemos la oportunidad y los medios para hacerlo. Pero hay casos en los que la denuncia llega después de que 40 o 50 personas han detenido o capturado a un supuesto delincuente y están dispuestas a lincharlo”.

Señala que la turba no les permite el ingreso a 100 o 200 metros a la redonda y que muchas veces los detenidos fueron víctimas inocentes de la brutalidad de los vecinos. “Entramos a recoger lo que queda de ese cuerpo”.

El más reciente linchamiento se registró ayer.

Para aminorar la inseguridad, Édgar Patana adelanta que se tiene previsto adquirir e instalar en la Ceja 32 cámaras de seguridad. “Éstas van a ser administradas y manejadas por la Policía y según los resultados haremos lo mismo en otros lugares”.

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