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Entre Ríos apunta a convertirse en la capital de los cítricos

En la comunidad de Salinas, a unas cuatro horas de viaje en carretera desde la ciudad de Tarija, un árbol puede dar hasta 5.000 naranjas. Ubicado a 1.230 metros sobre el nivel del mar, este rincón cálido dentro del municipio de Entre Ríos apunta a ser la capital cítrica chapaca.

La Razón / Jorge Quispe / La Paz

01:38 / 15 de abril de 2012

Rodeado de árboles de los cuales cuelgan pomelos, naranjas, mandarinas, kinotos, limas y limones, el fruticultor Constantino Pérez muestra algunos ejemplares de sus “princesas”, como prefiere llamar a las frutas.

“Producimos cítricos de buena calidad, ahora tenemos algunas plantas injertadas, pero también hay las criollitas (nativas) y hemos probado incluso con los duraznos que han madurado bien”, cuenta el campesino.

Pérez recuerda que hace unos dos años llenó todo un camión de naranjas con la cosecha de un solo árbol. “El municipio nos está ayudando con los injertos y están bien nomás los frutos”, añade, mientras saborea un kinoto.  

Si la provincia Cercado y sus municipios logran fama con la producción de uva, la provincia Burdet O’ Connor apuesta a los cítricos de Entre Ríos para ello, con al menos 3.000 familias dedicadas al rubro y unas 1.000 hectáreas con árboles frutales esparcidos. Y Salinas es la punta de lanza

“En mayo y junio estaremos cosechando estos pomelos para luego llevarlos a Tarija, Santa Cruz y otros departamentos del país”, sostiene el ingeniero agrónomo Freddy Malco, que trabaja en la asistencia técnica a los pobladores de este municipio. 

Benditos. Los lugareños se consideran bendecidos por la tierra y el abundante agua que tienen en la región, un sitio con gran similitud a los Yungas paceños. “Queremos ser la capital de los cítricos de Tarija, aquí tenemos todo, somos ricos en cítricos. Nuestros productos llegan al interior”, agrega, emocionado, el alcalde de Entre Ríos, Teodoro Suruguay.

Para la autoridad, el hecho de que Salinas, Chiquiacá, La Misión y otras comunidades se encuentren dentro de la Reserva Nacional de Flora y Fauna Tariquía, no es obstáculo para que las familias se dediquen a la actividad agrícola. “Tenemos sectores que no afectan a la reserva, por eso como Alcaldía los estamos apoyando”, precisa.

El director del parque ecológico, Julio César Guerrero Ruiz, recuerda que ya en el pasado los nativos se dedicaban a la agricultura. “Los campesinos de la zona están volviendo a dedicarse a la producción de los cítricos, que es una alternativa económica de subsistencia; sólo si introducen nuevas especies o si ocurre una expansión agrícola habría problemas”, aclara el encargado.

De vuelta en Salinas, Pérez muestra unas chirimoyas recién cosechadas, mientras otro lugareño enseña unos frutos llamados “caquis”, de color naranja. La nueva fruta es una de las preferidas por los pobladores de esa región tarijeña, por ser dulce.

Atrás quedaron los tiempos en que el mal de la gomosis afectó a árboles frutales del área, ahora el municipio de Entre Ríos introdujo pies o tallos de resistencia denominados “cleopatra” que, como dice su nombre, son muy fuertes. “Venga en mayo, los recibiremos con las mejores mandarinas, naranjas, limas y pomelos del país”, promete desde uno de sus árboles, Constantino Pérez.

Los comunarios apuestan por la ganadería

Salinas tiene verdaderas postales fotográficas. Al llegar nomás a esa comunidad tarijeña del municipio de Entre Ríos, decenas de vacas pastan en pequeñas praderas de al menos 4 kilómetros cuadrados.

“Las vacas mejoraditas (o sea, producto de la inseminación artificial) pueden dar de 15 a 20 litros de leche diarios”, se jacta Gladys Tárraga, una pequeña ganadera de esa comunidad.

Segundos después, la tarijeña enseña una enorme vaca que casi dobla en tamaño a otras criollas. “Ella fue mejorada genéticamente y es muy rendidora. Aquí tenemos pastura, tenemos campo y hasta el clima es el mejor, por eso queremos que nos apoyen con más campañas de inseminación”, relata. La producción de lácteos se acaba en la población y sólo algunos productos llegan a la ciudad de Tarija.

Freddy Malco, veterinario de Entre Ríos, informa que con estas campañas se pueden obtener mayores dividendos para los pequeños ganaderos. Gladys oye atentamente a la autoridad, pero luego insiste en que el municipio debe ayudarlos en la instalación de encerramientos o corrales bajo techo, para posteriormente comprar alfalfa de Santa Cruz y, con ello, traer las ansiadas vacas holandesas. “De nada sirve que tenga 200 vacas criollitas, yo quisiera unas 50 mejoradas. Esas son rendidoras”, comenta.

Entre Ríos tiene unas 10 mil familias que se dedican  a la ganadería y junto a la región del Chaco, donde hay abundante ganado, quiere ser una opción  para la producción de lácteos y carne vacuna para Tarija.    

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