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Silvia dio albergue a 90 perros callejeros en 22 años de ayuda

Silvia Loayza, protectora de animales. Silvia Loayza es una vecina del barrio Madrid del Distrito 3 de El Alto. Se dedica a tejer chompas a pedido y su esposo es carpintero. Ella ha llegado a acoger en su vivienda a 90 canes vagabundos, la mayoría de raza mestiza y hembras. Actualmente tiene a 25. No quiere decir cuánto gasta en esta labor, pero dice que los canes son su “prioridad”.

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Rivas - El Alto

00:00 / 20 de septiembre de 2014

Su filosofía de vida es simple, pero profunda. “Cualquier tipo de vida es importante”. Silvia Loayza justifica así su labor altruista. Esta mujer de 55 años, que teje chompas a pedido y con un esposo carpintero, ha dedicado gran parte de su vida, 22 años, a recoger perros de la calle y darles albergue y comida en su vivienda.

En esos 22 años llegó a cuidar a 90 canes, aproximadamente. Actualmente vive con 25 cuadrúpedos, todos acogidos en sus dos patios e, incluso, en sus habitaciones. No ha querido hacer un cálculo de cuánto gasta en esta labor, pero afirma que es su “prioridad”.

Cuando habló con La Razón en el primer patio de su casa, vestía una chompa descolorida y un pantalón con remiendos. Su pelo con canas estaba recogido en una cola. En el espacio que mostró aparecía una casa de perro de madera, con techo de calamina, pero contó que atrás, en el otro espacio, tenía otras diez, algunas de adobe y otras de madera. No nos dejó pasar porque dijo que el sitio estaba en reparación.

Silvia, que vive en el barrio Madrid del Distrito 3 de El Alto, relata que su amor por los canes comenzó hace 22 años, cuando perdió a Chiquita, su primera mascota, que murió por un resfrío mal curado y mal tratado.

Entonces cayó en cuenta de que “todos los animales necesitan protección”. Sintió un gran remordimiento por ese deceso, pese a que hizo todo para salvar esa vida, y decidió cuidar a todos los animales que se acerquen a ella.

El primero fue Enfer, un perrito que encontró en la calle, enfermo, y que la siguió hasta su vivienda. Ella le dio comida y luego un espacio para que duerma y así comenzó este recorrido de 22 años atravesado por el amor a los animales, porque afirma que no es capaz de hacer daño “ni a una araña”. “La gente debería aprender a tener una mascota o sino a cuidar a las ajenas”, pide.

“No me lo podrían creer, incluso venían hasta la puerta, quizás es esa intuición de los animalitos de saber dónde quedarse y ser bien recibidos”.En su casa fue construyendo casitas de adobe y luego de madera para los canes. Después tuvo que comprar ollas grandes para preparar la comida para la jauría; unos 25 litros diarios.

Los animales que generalmente  cuida son mestizos y hembras, características que los hacen difíciles de ser adoptados, pero hasta ahora ha conseguido hogar para 30 de ellos. No cobra ni un boliviano y solo recomienda a los nuevos dueños que les den cariño.  “He aprendido que los perros necesitan protección, igual que los niños, porque están indefensos ante los humanos”.

Tintín es uno de esos 30 canes. Fue recogido por Silvia, como todos, de la calle, pero éste estaba enfermo. Dos  semanas después de cuidarlo, Mery Callejas se encariñó con él y decidió llevárselo a su casa para que su nieto  tenga una mascota.

“En casa queremos mucho a los animales. Nos enteramos que Silvia  cuida a los animales con sus propios recursos y los da en adopción a las familias que se comprometen a cuidarlos. No da a cualquiera”, cuenta Callejas.

En casa de Silvia se enamoró de Tintín. “Fue como un amor a primera vista. Se acercó a nosotros, estaba limpio, lo habían bañado. Lo llevamos al veterinario y después a casa”.

Éste es el rostro lindo de la caridad, pero también existe el malo. “Me denunciaron dos veces, pero no hice nada malo, al contrario, doy a esos animalitos lo que otra gente no les quiere dar”. Ella asegura que las hembras y de raza mestiza son despreciadas por los vecinos y abandonadas a su suerte.Silvia tiene dos hijos, uno de ellos (de 23 años) se casó y vive en otra vivienda. La otra de 20 años continúa con ella y también ayuda en la protección de los canes. Dice que su esposo está de acuerdo con esta labor y también colabora.

Cuando La Razón conversó con Silvia, una decena de animales la rodeaban y se abalanzaban sobre ella, quien se mostraba feliz por ese cariño.

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