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Toda una vida dedicada a la unión familiar

Carlos Aguirre, motivador con vocación de servicio. El ingeniero en Electrónica descubrió en 1988 su vocación de servicio a la comunidad y, por ello, ha trabajado desde entonces en esta labor de forma ininterrumpida. Hoy es responsable del programa cristiano católico EJE, que promueve el sentido de pertenencia de las personas con la familia y la Iglesia, así como con los programas Escoge y ENE.

La Razón (Edición Impresa) / Aline Quispe / La Paz

00:00 / 20 de septiembre de 2014

El alma de los programas Escoge, EJE y ENE es dar vivencia, porque es un testimonio de tu vida. A veces cuesta contar a personas que no conoces una parte de tu historia, pero lo que más cuesta es cambiar tu vida. La vivencia es una prueba de que Dios existe y te ama, y de que puedes cambiar para ser una mejor persona”, afirma Carlos Aguirre, que hace 26 años descubrió su vocación de servicio a la comunidad.

El ingeniero electrónico de 43 años nació en La Paz y recuerda que en agosto de 1988, cuando estaba en la promoción el padre Ricardo Campos, un sacerdote salesiano, le invitaron a vivir Escoge, un programa cristiano católico para adultos y jóvenes que promueve el sentido de pertenencia de las personas con la familia y con la Iglesia.

“El encuentro me llegó muy fuerte y me dio un norte para seguir caminando en mi vida porque tuve un contacto muy personal con Cristo. Cuando acabó la convivencia tenía muchas ganas de ayudar a las personas y que otros también vivan esta experiencia”.

El programa lo ayudó a apreciar el valor de la familia porque, a pesar de que tenía una buena relación con sus papás Jaime Aguirre y Julia Araujo, se sentía “como un huésped” en su propia casa. “Estaba más con mis amigos o hacía deporte, pero no compartía con mis papás y mis hermanos”.

Dice que aprendió a perdonarse a sí mismo y a las personas. A partir de ahí empezó a asistir a las reuniones y a ayudar de forma voluntaria en la organización de las convivencias de Escoge, que se realizan cada tres meses.

Un año después de su ingreso a Escoge, el padre Ricardo Campos creó los programas Encuentro con Niños en el Espíritu (ENE) y Encuentro con Jóvenes en el Espíritu (EJE); este último dirigido a muchachos de 14 a 18 años con el fin de ayudar a que las personas se encuentren consigo mismas, con los demás y con Dios, cualquiera sea su religión. Los programas son de carácter mundial y en Bolivia están presentes en La Paz, Cochabamba, Santa Cruz y Oruro.

Carlitos, como lo llaman sus familiares y amigos en el programa EJE, pudo ejercer su vocación de servicio ayudando a los jóvenes hasta convertirse en el responsable de esta iniciativa.

Los retiros de EJE duran dos días y son participativos y dinámicos, en los que se trabaja en elevar la autoestima de los jóvenes y promover los valores. Se abordan temáticas que involucran a la juventud, como la sexualidad, la familia, la amistad, la solidaridad y otros.

También hacen dinámicas de grupo como “El blues del huevo”, que se refleja en la foto de la izquierda que acompaña esta nota. “Para mí, los programas son espacios para amarte a ti mismo, a tu familia y amar a Dios”.

Sostiene que luego de vivir el programa, las personas acaban convencidas de que deben cambiar sus vidas y ser mejores. Empero, existe presión del entorno, como las bebidas alcohólicas y otros, lo que suele dificultar la labor.

“Es un camino difícil pero poco a poco lo superas y te das cuenta que hay momentos hermosos, como aquellos que se dan al terminar los encuentros donde la gente habla de Dios, se da el perdón o hay muestras de amor”.

También hay otros momentos inolvidables, como su casamiento con Karel Molina y el nacimiento de sus hijos Belén Micaela y Josué Leandro.

Un recuerdo que tiene del programa es que pese a no tener una voz privilegiada, ni ser virtuoso para tocar los instrumentos empezó a tocar la guitarra y a cantar en las misas. Su pasión por la música católica lo llevó a grabar dos discos con los miembros del grupo porque ya había un movimiento de evangelización mediante la música.

En su paso por el programa recuerda dos sucesos que marcaron su vida pero no le hicieron perder la fe, como la muerte de su hermana Rose Marie, que tenía cáncer, y la de su mejor amigo, Álvaro, en un accidente. Asegura que en los programas halló la oportunidad de servir a la comunidad y “compartir el mensaje de paz y amor de Cristo” con la familia y la Iglesia. Dicha alegría la comparte con su esposa, con la que trabaja en los tres programas. Gracias a su labor, en 2012 fue distinguido por la Cámara Junior Internacional de Empresarios de La Paz con la distinción “TOYP Jóvenes Sobresalientes La Paz 2012” por su servicio humanitario y voluntario”. “Doy gracias a Dios porque me da la oportunidad a servirle, donde hallo más alegría y donde mi familia está más unida”.

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