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La Villa Imperial de Potosí respiró libertad desde su nacimiento

Primero fueron los indígenas y, luego, la ciudad se sublevó contra el régimen español el 10 de noviembre de 1810

Alzamiento. Una dramatización de la insurrección del 10 de noviembre en la ciudad de  la Villa Imperial.

Alzamiento. Una dramatización de la insurrección del 10 de noviembre en la ciudad de la Villa Imperial.

La Razón / La Paz

00:02 / 10 de noviembre de 2012

La Villa Imperial respiró rebeldía y libertad hace más de dos siglos, cuando el 10 de noviembre de 1810 sus habitantes se sublevaron contra el poder instituido por la Corona española, alzamiento que —a pesar de que fue sofocado a los pocos meses— impulsó la causa independentista en el continente y, sobre todo, en el territorio del Alto Perú, actualmente llamado Bolivia.

La ciudad custodiada por el imponente Cerro Rico o Sumaj Orcko fue fundada el 1 de abril de 1545 por los capitanes Juan de Villarroel, Diego y Francisco Centeno, Luis de Santandia y el maestre de campo Pedro de Cotamito, tras el hallazgo del nativo Diego Huallpa de los ricos yacimientos de plata y estaño. Ello atrajo a forasteros de todas las latitudes ibéricas, además de criollos e indios que poblaron el sitio.

Rebeldía. Las arcas de la Corona española se convirtieron en dependientes de los minerales de la región, ello derivó en que el 28 de enero de 1547, mediante la firma de una Cédula Real, el rey Carlos V le confiera el título de Villa Imperial de Potosí, con su respectivo escudo de armas que llevaba la leyenda: “Soy el rico Potosí. Del mundo soy el tesoro. Soy el rey de los montes. Envidia soy de los reyes”.

Pero la explotación despiadada aplicada por los conquistadores, tanto de las vetas como de los indios, encendió la rebelión en la zona. El primer levantamiento estuvo liderado por el líder indígena Chaqui Katari (pie de víbora), a mediados del siglo XVI. Un siglo después fue muerto Alonso Yáñez Mendoza, cabecilla de los “vicuñas”, que alistaba una insurrección para el 25 de diciembre de 1612.

Otros héroes que dejaron su impronta en la historia fueron los integrantes de la familia Katari (Tomás, Dámaso y Nicolás), de la localidad de Chayanta, que se sublevaron contra los atropellos del corregidor, lo que derivó en un movimiento indígena, entre 1778 y 1782, que provocó la preocupación de los virreinatos del Perú y del Río de La Plata y que fueron vinculados con las huestes al mando de Túpac Amaru en territorio peruano.  

O sea, los indios fueron los que dieron origen a las ansias de liberación en los parajes potosinos. Tras la caída de los Katari hubo casi tres décadas de silencio, hasta que los ecos de las revoluciones desarrolladas en 1809 en Chuquisaca y La Paz, y un año después en Oruro, Cochabamba y Santa Cruz, además de otras ciudades del continente americano, se propagaron hasta la Villa Imperial.

No obstante, las ideas emancipadoras comenzaron a cundir entre sus habitantes desde 1808, aunque las acciones llegaron recién dos años después. Todo se desencadenó el 7 de noviembre, tras la noticia de que el ejército patriota del argentino Juan José Antonio Castelli había conseguido su primera victoria ante las fuerzas realistas, en la población de Suipacha, en lo que actualmente es la provincia Sud Chichas de Potosí.

El viernes 9, la población vio que los soldados que defendían la Corona volvieron derrotados a la ciudad, lo que fue una señal propicia para iniciar la insurrección, que se plasmó la jornada siguiente, cuando la gente armada con espadas y macanas tomó la plaza principal y se adueñó de la Gobernación, obligando a la rendición de las autoridades que izaban la bandera del absolutismo español.

Tras un cabildo abierto, se desconoció el mandato del gobernador Francisco de Paula Sanz, el presidente de la Audiencia de Charcas, el mariscal Vicente Nieto, y el general José de Córdova. Además, se tomó la decisión de reconocer la Junta de Gobierno de Buenos Aires y rechazar al Virreinato de Lima, organizándose una Junta de Gobierno Local al mando de Joaquín de la Quintana, como gobernador interino y presidente del cabildo.

Castelli y su tropa ingresaron después triunfantes a la urbe y se quedaron durante dos meses. Y en su permanencia se dictaminó el fusilamiento de Paula Sanz, Nieto y De Córdova. Las huestes ibéricas vengarían esta afrenta al siguiente año, cuando retomaron la Villa Imperial y persiguieron a los protagonistas del alzamiento, a sus familiares, saquearon sus viviendas, confiscaron sus propiedades y dinero, y los condenaron a muerte.

Sin embargo, la mecha de la libertad ya no pudo ser apaciguada en la región. Incluso, los campos potosinos de Tumusla fueron el escenario de la última batalla por la independencia, el 1 de abril de 1825, la que allanó el nacimiento de Bolivia cuatro meses después. Por ello, como homenaje el libertador Simón Bolívar juró su devoción a la causa independentista en la cúspide del Sumaj Orcko.

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