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La casa de Elisa

La casa de balcones y fachada de estilo art decó y gradas de piedra con pasamanos de madera tallada resguardan un salón donde están los principales recuerdos de la familia Rivera.

Vestigio. Carmen sostiene un estereoscopio, aparato que produce la sensación de ver fotografías en relieve o tridimensionales. Foto: APG MAC

Vestigio. Carmen sostiene un estereoscopio, aparato que produce la sensación de ver fotografías en relieve o tridimensionales. Foto: APG MAC

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández R.

00:00 / 26 de febrero de 2017

Cada rincón del salón tiene una historia que contar, con objetos de los siglos XIX y XX, que en su tiempo fueron el ejemplo de modernidad no solamente en Luribay, sino también en el país. La amplia infraestructura recibió el nombre de Villa Elisa, que después de ser parte de una hacienda se convirtió en una casa de familia y ahora, gracias a las reliquias que atesora, se transformó en un museo del esplendor de este valle paceño.

Después de caminar alrededor de la plaza José Manuel Pando, donde el sosiego y los 25 grados de temperatura invitan a disfrutar del lugar, que tiene como sonido de fondo el gorjeo de las aves, el grupo de visitantes atraviesa las calles que dan la impresión de haberse quedado congeladas hace medio siglo, con paredes de adobe y techos de teja. Hay otras varias que tienen influencia de la arquitectura contemporánea, pero la mayoría conserva las viviendas de una sola planta, donde sobresalen árboles frutales, y donde se suelen elaborar vinos y singanis artesanales.

 Fachada de Villa Elisa, protegida por palmeras, contrasta con las casas circundantes de Luribay.

Al dirigirse hacia el cerro Laurani —uno de los protectores de este valle de la provincia Loayza—, el cuadro de casas con techo de paja y puertas viejas parece llevar a los tiempos en que estaban llenas de gente que llevaba frutas y verduras a la sede de gobierno. Continuando con la caminata, el panorama se trastoca por una infraestructura de dos plantas, con un jardín que tiene como guardianes a cuatro palmeras de al menos 20 metros de altura. Se trata de Villa Elisa, el museo histórico de Luribay, que forma parte del paquete turístico que la empresa estatal Boliviana de Turismo (Boltur) organiza para el domingo 26 y lunes 27 de febrero, el cual incluye caminatas por durazneros, viñedos y bodegas, aprovechando el largo feriado de Carnaval. “Les doy la bienvenida. Me alegra mucho que visiten la casa”, recibe a los visitantes María del Carmen Rocha de Rivera, la administradora de esta casa de estilo republicano que parece haber sido sacada de los años esplendorosos del Sopocachi paceño. Al cruzar la reja metálica, la anfitriona recibe a cada uno de los turistas con una sonrisa afable y un apretón de manos, mientras atraviesan el techo formado con enredaderas, donde en esta época del año brotan flores de un violeta intenso. En la antesala llaman la atención los cinco murales con paisajes de la naturaleza, los cuales fueron creados en 1914, retocados en 1947, y que en la actualidad son restaurados por especialistas. La residencia fue construida aproximadamente en 1850 por Felipe Rivera, un próspero hacendado de Luribay que para expresar el cariño por su esposa bautizó a su nueva morada como Villa Elisa.

La lámpara de metal de principios del siglo pasado funcionaba como calefactor durante la época de invierno.

La casa de balcones y fachada de estilo art decó y gradas de piedra con pasamanos de madera tallada resguardan un salón donde están los principales recuerdos de la familia Rivera, que desde hace ocho meses son expuestos al público, con el agradable acompañamiento de Carmen. Entre los objetos más cuidados en la vivienda se encuentra el aparato telefónico que sirvió para que los hacendados que vivían entre Cachualla y Anquioma se comunicaran y coordinaran reuniones. “El padre y el abuelo de mi esposo (Winston Rivera) escuchaban la Segunda Guerra Mundial a través de la BBC de Londres”, cuenta Carmen sobre una radio ubicada al otro lado del equipo telefónico que funcionaba a cuerda.  

Cuando Felipe decidió edificar su morada en Luribay, prácticamente no había caminos que comunicaran el municipio de la provincia Loayza con La Paz, pero la adversidad no lo detuvo, pues adquirió recuas de mulas desde Perú, para que cargaran los materiales de construcción desde la sede de gobierno, pasando por senderos de Río Abajo, hasta llegar a este valle. Sombreros elegantes del siglo pasado, adornos metálicos, juegos de living importados de Europa y fotos son motivos para que Carmen continúe su charla. “No sé cómo ha llegado a la familia, pero está aquí desde que tenemos uso de razón”, afirma la dueña cuando muestra un casco metálico que se parece al que utilizaban los soldados del Imperio Romano. Pero esta prenda formaba parte del uniforme de la Compañía de Bomberos La Paz.

Un casco metálico de la Compañía de Bomberos de La Paz.

Al mirar al techo, las lámparas llaman la atención por los adornos y porque algún día animaron las fiestas, en tanto que en la pared cuelgan tapices persas de finales del siglo XIX que muestran imágenes de París y otras zonas europeas. Si se trata de saber sobre la historia de cada objeto, Carmen puede seguir todo el día con su exposición, que incluye el mito de un duende que forma parte de la casa-museo.  lFotos: APG MAC

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