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El ilícito crea su control en la frontera

En Desaguadero, son los mismos contrabandistas quienes ejercen su vigilancia

DESAGUADERO. A 500 metros del Puente Nuevo, peruanos y bolivianos sacan mercadería a Perú.

DESAGUADERO. A 500 metros del Puente Nuevo, peruanos y bolivianos sacan mercadería a Perú. Foto: Jorge Quispe

La Razón / Jorge Quispe / Desaguadero

22:53 / 18 de diciembre de 2011

Una persona controla en el puente de Desaguadero que la mercancía que cruzará a Bolivia sea de uno de los socios, mientras que los policías sólo observan la escena. Desaguadero, miércoles 30 de noviembre. Ha pasado el mediodía y el tránsito de los triciclos peruanos que llevan manzanas, papas, zapallos y cebollas al lado boliviano, con escaso o ningún control sanitario, está lejos de terminar.

¿De quién es el carro?, pregunta un hombre de estatura mediana en el Puente Nuevo. “¡De Gonzalo!”, responde el conductor de uno de estos vehículos, para segundos después cruzar la frontera a Bolivia. Los policías de ambos países sólo observan la escena que se repite una y otra vez en ese punto fronterizo. Hay una asociación, a la que pertenecen los contrabandistas, por eso no cualquiera puede internar mercancía.

Allí, el contrabando además de tener el consentimiento de los pobladores de Desaguadero, está organizado, y personas civiles, ligadas al ilícito, controlan cada paso de estos carritos que llevan a uno y otro lado el cargamento, sin pagar impuestos a ninguno de los dos países.

Eso sucede un miércoles, pero la actividad es mucho más febril los viernes, cuando se realiza la feria comercial. Unos 500 metros más abajo del Puente Viejo, los triciclos bolivianos no cruzan la frontera, pero igual llegan hasta el río Desaguadero con quintales de soya, maíz amarillo, arroz, azúcar, garrafas de gas licuado y diésel en galones para luego cargarlas en cualquiera de las 50 balsas que esperan y segundos después pasan al lado peruano.

Al frente, otros triciclos descargan el contrabando para enviarlos a camiones que posteriormente se dirigirán hasta Juliaca, desde donde serán distribuidos a Cusco y Arequipa preferentemente.

Reducido. El contrabando hormiga está muy bien organizado; los comerciantes ilegales están siempre atentos a la presencia de los periodistas y fotógrafos. Sólo algunos policías piden las pólizas a quienes quieran introducir los cargamentos en los triciclos, sin embargo, la mayoría de estos contrabandistas burla el  reducido control, tanto en el Puente Nuevo como en el río Desaguadero o llamado también Puente Viejo.

La Razón estuvo en el lugar y constató que a los conductores de los triciclos, ya sea del lado peruano o del  boliviano, les falta tiempo para seguir llevando mercadería. “Ya hice diez viajes y ahorita me tienen que pagar”, cuenta un cargador.

 “Esto es maíz amarillo boliviano. Seguro lo están llevando para los pollos peruanos”, añade un balsero cuando se le consulta sobre el cargamento que llevó a Perú unos minutos antes. Este año hubo escasez de este alimento  balanceado y el precio de la carne de pollo en Bolivia subió.

“Claro, era de imaginarse, por qué están sacando el maíz a Perú”, precisa Demetrio Pérez, presidente de la Asociación Nacional de Productores de Oleaginosas (Anapo).

A cuatro cuadras del Puente Viejo, en la Aduana Nacional de Bolivia informan que no están autorizados a dar declaraciones. Tímidamente se oye que en el pasado, cuando intentaron controlar ese sector los contrabandistas, los sacaron a pedradas y que por ello incluso los efectivos del Control Operativo Aduanero (COA) operan en la carretera antes de Desaguadero. Ante el escaso control, en ese punto fronterizo es fácil ver vehículos sin placas y vidrios rayban.

El convenio agrícola Perú-Bolivia Dato

Para el agregado económico comercial de la Embajada de Perú en La Paz, Gerardo Prado, si el producto agrícola es originario, la internación es legal.

‘Casarse con una mujer del pueblo’

DESAGUADERO. No es fácil instalar una tienda en Desaguadero. “Tendrías que casarte con una del pueblo, después ingresar a la asociación y así tal vez puedas abrir tu tienda”, explica un cargador mientras toma una pausa luego de llevar quintales de soya boliviana a Perú por la frontera.

Hay que tener el consentimiento incluso familiar para abrir un comercio en esa zona paceña. “En mi lado no es así, cualquiera puede abrir su tienda. No es como en Bolivia”, aclara un cargador peruano.

Ahora, si el emprendimiento es mayor, la autorización la deben dar los dirigentes originarios. La tarde del viernes 2 de diciembre, un grupo de autoridades campesinas de Desaguadero bailaba cumbia y festejaba con los funcionarios de una conocida telefónica boliviana la inauguración de una sucursal en esa localidad.

“Aquí todo está controlado. Una vez yo metí 32 cajas de cerveza boliviana, pero fue la primera y única vez que lo hice. Me advirtieron en esa ocasión y nunca más lo hice”, revela el cargador peruano, mientras rema en su pequeño bote por las aguas del río Desaguadero, que luego llegará hasta el Poopó en el departamento de Oruro.

Ya sea como cargador, como transportista de mercancía en botes y triciclos, el trabajo no falta en esa región peruano-boliviana. Muchas familias bolivianas y peruanas dependen de esta actividad económica ilegal en Desaguadero, a la cual defienden a ultranza, incluso pasando por encima de la Aduana y de la Policía.

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