Especiales

Más lento es el proceso plurinacional en tierras bajas

Sobre la construcción de plurinacionalidad en el país, Álvaro García Linera considera que hay que desmontar el poder patronal en tierras bajas

La Razón / Rubén D. Atahuichi López

01:15 / 06 de agosto de 2012

Un análisis obligado en estas fiestas patrias se refiere a saber si la construcción del Estado Plurinacional está consolidada. El vicepresidente Álvaro García Linera considera que no, aunque argumenta que las tensiones sociales están empujando ese propósito.

En una entrevista con La Razón, la autoridad cree que una de esas tensiones, la generada por los indígenas de tierras bajas (en su criterio, el 5% del movimiento indígena), plantea la necesidad de resolver pronto las tareas pendientes, cuyo proceso en la región amazónica —dice— es más lento.

— ¿En qué fase se encuentra la consolidación del Estado Plurinacional?

— La sexta. Es un momento en el que la conflictividad que empuja el proceso revolucionario se da dentro de la propia sociedad, del propio bloque popular-revolucionario, de las propias clases sociales dirigentes del proceso.

Hemos pasado de la conflictividad que se daba frente a un adversario político, económico y estatal que duró hasta 2009.  No se ha resuelto nunca del todo, volverá  a emerger de aquí a un tiempo, pero, en principio, los proyectos estatales alternativos han sido derrocados; no hay proyecto alternativo al Estado Plurinacional.

—  Lo que llamó “tensiones creativas”.

— Son tensiones creativas de cualquier proceso revolucionario, que van a durar mucho tiempo y que tienen que ver con varios elementos muy revolucionarios.  Por ejemplo, el interés corporativo frente al interés general universal. Es una tensión interna: compañeros nuestros, indígenas, campesinos, asalariados... que a veces tienen una mirada más local corporativa y dejan de lado la mirada universal.

— ¿Pasa eso con el TIPNIS?

— Es normal que pase en todo proceso revolucionario; lo importante es cómo lo regulamos. Gradualmente, en base al diálogo y la resolución democrática, vamos resolviendo eso. Es normal; es momento del reflujo de la acción colectiva.

— ¿Afectan al Gobierno?

— Así tiene que ser.

— Al punto de debilitarlo.

—  No, en función a eso crece el Gobierno y también el propio pueblo, porque son debates internos, ya no es otro que decide por él y no son las balas que deciden por él, ni las oligarquías; es el pueblo el que tiene que ir asumiendo gradualmente la mirada hacia el país. Ponerse de acuerdo entre diez oligarcas hace diez años era más fácil que ponerse de acuerdo entre diez millones de bolivianos sobre cómo  hacer prevalecer lo común de lo colectivo.  Es más complicado y dificultoso, a veces desgasta, complica y nos enfrenta, pero vamos definiendo nuestro horizonte. Hemos sustituido (esa acción de la oligarquía) por esta deliberación continua que tiene que ver con el interés general, colectivo, campo, ciudad, industrialización, preservación de la madera y tierra.

Son temas de la revolución que no se están resolviendo por intelectuales en un café, en el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Nosotros somos nuestra propia universidad y ahí con avances, retrocesos, tensiones y conflictos estamos resolviendo, deliberando cómo construir nuestro destino, eso es quizás lo maravilloso de esta etapa.

— Esas tensiones, generadas por el movimiento indígena, han cuestionado incluso el carácter indigenista del Gobierno.

—  No, porque el movimiento indígena es muy importante, es el 62% de los bolivianos, aunque ahora se quiera escamotear esa mayoría con un intento de convertir lo indígena a propiedad colectiva de la tierra, que es un golpe reaccionario a la mayoría política indígena.

De ese 62%, el 95% son de tierras altas y de valles, y con ese 95% de movimiento indígena mayoritario de Bolivia el Gobierno tiene unas relaciones extraordinarias de cohesión; está presente y conduciendo el Gobierno, el poder del Estado.

Han surgido tensiones con un 5% del movimiento indígena, importantísimo, porque son los hermanos de tierras bajas  y representan casi a 30 naciones.

— Ese 5% está tensionando el país con la adhesión de colectivos urbanos.

— Sí, ahí va la complicación, y son complicaciones en el seno del pueblo, en el sentido maoísta del término. No podrías conectar un cuestionamiento a la presencia del pueblo indígena; no, la mayoritaria presencia indígena en este Gobierno está garantizada, pero hay tensión con el segmento indígena de tierras bajas, que es el 5%, importantísimo, estratégico y decisivo. Entonces, se está poniendo a prueba cómo se construye la plurinacionalidad incorporando la totalidad de los pueblos indígenas. Hay un problema, pero no se está poniendo en cuestión la presencia indígena en el Estado; se está poniendo en debate cómo se construye la presencia indígena de naciones de tierras bajas, que son dispersas, y que tienen un proceso distinto de construcción de soberanía respecto a tierras altas y valles, donde la construcción de la soberanía indígena fue previa a la toma del poder en 2006.

Es decir, en tierras altas los movimientos indígenas fueron localmente poder regional y a través del presidente Evo (Morales) se proyectan como poder estatal, nacional y general. En tierras bajas, esta experiencia de constituirse en poder local, regional, frente a patrones, hacendados, madereros y organizaciones no gubernamentales, aún no se ha producido. Son dos niveles de maduración de la soberanía del movimiento indígena más avanzado en tierras altas y en valles, y más complicado en tierras bajas debido al poder patronal.

Hay velocidades distintas de la construcción del sujeto indígena autónomo; en tierras altas es más rápido y en tierras bajas, más lento; velocidades distintas de participación en la plurinacionalidad del Estado, que  hay que resolverlas pronto.

— ¿Se puede pensar que en algún momento va a retornar a esta construcción revolucionaria del Estado ese movimiento?

— Sí, es la clave. El jueves vimos a la compañera Melva (Hurtado) en un momento tan importante en Sucre (junto a las autoridades del Gobierno).

— Antes, en ese rol estaba Adolfo Chávez, de la Cidob.

— Más allá de los líderes, la clave radica en que desmontemos en tierras bajas el poder despótico patronal que aún existe.

— ¿Representado por quiénes?

— Por las estructuras económicas: ganaderos, hacendados, madereros, gomeros intermediarios comerciales, que han creado una mezcla rara que se ha dado principalmente en la Amazonía entre un sector tradicional hacendado y medio burgués, que todavía controla los mecanismos de intermediación de los pueblos bajos de campesinos y de trabajadores.  Es un sector muy conservador, del que aún no se ha roto su hegemonía y poder regional, y ésa es la siguiente tarea.

— ¿Y la vía Villa Tunari-San Ignacio es un argumento geopolítico para romper con eso?

— Lo hemos dicho (siempre), pero no es únicamente eso. En Bolivia, en los últimos 100 años se creó esa élite regional hacendal, muy conservadora y semiempresarial, especie de señor feudal y burgués, que todavía controla la región al margen del Estado, o cuando había Estado, él era el Estado. Era esta élite la que, como patrimonio familiar, administraba los recursos y la autoridad del Estado. La hemos desmontado, pero todavía nos falta hacer eso con su poder económico que aún sigue ejerciendo sobre las comunidades y pueblos indígenas en la Amazonía.

El segundo dato es que esta región amazónica, y su producción y riqueza, aún sigue controlada por una pequeña élite, que es la que compra la madera y la procesa; no la produce; que compra el ganado y lo procesa, y define qué hace con la carne y su precio en Bolivia, y que tiene nombre y apellido; son tres, hasta cinco personas.

— Nómbrelas.

— Tiene que investigar o espere mi publicación. Y que es el que ha definido que toda la riqueza de la Amazonía pase por sus manos vía el control de procesamiento y centros de aprovechamiento e intermediación en Santa Cruz.

— ¿Habrán sustentado estos grupos este conflicto por el TIPNIS?

—  Claro que están detrás. Esta carretera lo que hace es vincular directamente riqueza amazónica con altiplano y valle, sin pasar por esta intermediación hacendal y empresarial de un pequeño núcleo. Por eso tiene una función geopolítica esta carretera, en el sentido de vincular regiones y además romper el pequeño eslabón de este pequeño núcleo empresarial, hacendal, que aún tiene maniatada la Amazonía a sus intereses.

Un elemento más que hemos ido descubriendo con el tiempo es que buena parte de nuestra Amazonía es un escenario de presencia extraterritorial de poderes externos. A veces no se dan cuenta de esto nuestros compañeros bien intencionados medioambientalistas.

Además, una parte decisiva de las ONG que se han dedicado a luchar por la protección, para mantener en la congeladora la  región amazónica, recibe dinero indirectamente, vía ONG, de empresas europeas y norteamericanas que reducen sus impuestos y elevan sus ganancias certificando anualmente que hay pedazos de bosque que no han sido tocados; esos pedazos aquí, en Ecuador o en Brasil aparecen como activos, como elementos de mayor rentabilidad empresarial en Europa y Estados Unidos.

Uno mira al mundo en su conjunto y la Amazonía se presenta como un lugar de dominio extraterritorial de un conglomerado de empresas muy poderosas de Europa y Estados Unidos. Hay que desmontar también eso. Es nuestro medio ambiente, nuestra Amazonía no es de empresarios extranjeros, y nosotros sabemos cómo proteger nuestro medio ambiente.

— ¿Desmontar significa hacer un control a las ONG?

—  A algunas. El Estado tiene que estar en todas partes, aun en los parques.

— Entonces se hace sí o sí la carretera, a  pesar de la consulta.

— No, no hay sí o sí. En este caso, el Presidente ha tomado una decisión, fue de los acuerdos que consultamos a los compañeros. Estamos explicando toda esta dimensión sin falsos mitos sobre el “pulmón del mundo”. Hay la necesidad del Estado de garantizar el derecho a los pueblos indígenas en todas partes y la presencia soberana en todos los rincones del país, porque si no lo hace el Estado lo hace el maderero, una iglesia o un poder extranjero.

Exponemos todos los argumentos; pero si sobre eso los compañeros del TIPNIS dicen “estamos muy bien como estamos”, se respetará la decisión que emerja de esta consulta, el Gobierno va a respetarla.

— Es vital  con miras a las elecciones de 2014...

—  Es vital para la construcción de un Estado, por lo soberano y nacional en el contexto mundial.

—  ¿Se podrá hasta 2014 cumplir este propósito?

—  Si las comunidades deciden otra cosa, no se volverá a discutir esto durante años o décadas.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia