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Las llamas t’ampulli son las más rendidoras del altiplano tarijeño

Un corral o encerramiento en Chorcoya, en el municipio de Yunchará. Allí, los camélidos machos son cuidados antes de aparearlos.

Un corral o encerramiento en Chorcoya, en el municipio de Yunchará. Allí, los camélidos machos son cuidados antes de aparearlos.

La Razón / Jorge Quispe / La Paz

02:06 / 15 de abril de 2012

Cuando los llameros tarijeños se presentaron a la Feria Nacional del Camélido de Sucre, en septiembre del año pasado, muchos los miraron con incredulidad. ¿Acaso tienen llamas en Tarija? ¿Les dan uvas de comer?, les preguntaron entre bromas otros competidores.

A la finalización del evento, la comunidad de Yuticancha que representó a esa región andaluz, ganó el campeonato en la raza t’ampullis (lanudas), aquellos preciados ejemplares que proveen abundante fibra (lana). “Fue una gran alegría y por eso ahora estamos impulsando aún más la producción camélida”, exclama Ríbehr Rodríguez Villarubio, coordinador del Proyecto Camélidos en ese departamento.

“Tarija es mucho más que la uva, es más que sus viñedos y, por eso, en nuestro altiplano, la llama es ahora la nueva alternativa económica de producción para sus pobladores”, asegura, por su lado, el veterinario Alejandro Ramírez, que forma parte de la Dirección de Desarrollo Integral Campesino y la Secretaría de Desarrollo Comunitario Campesino y Economía Plural de la Gobernación.

Los números cantan por sí solos. Actualmente existen unas 12 mil llamas pastando en los municipios de Yunchará (del que es parte Yuticancha) y El Puente, unas 1.600 familias son las beneficiarias directas, y al menos otras 5.000 también obtienen los réditos de manera indirecta por la comercialización de la carne y la transformación de la fibra en artesanías, que parten gradualmente a los mercados del continente europeo.

Aunque no se llegó a medir con precisión, se calcula que una llama t’ampulli puede producir hasta cuatro kilos y medio de fibra; una oveja sólo da un kilo de lana. En tanto, según datos de la Asociación de Artesanos de Tajzara, un kilo de hilo de lana de oveja cuesta en el mercado unos 160 bolivianos, mientras que el kilo de hilo de fibra de llama puede valer hasta 300 bolivianos.

Recuerdos. “Antes sólo criábamos ovejas y burros, pero ahora nos está yendo bien con la llama”, asevera, sin dudar, Rosaura Aramayo, oriunda de la comunidad de Chorcoya, en el municipio de Yunchará, mientras pasta una decena de estos camélidos al encerramiento o corral.  

En la zona más alta de Tarija, el viento sopla fuerte y los rayos solares queman los rostros morenos de sus habitantes, que ahora apuestan a la crianza camélida. “Aquí sembramos la papa, pero (la tierra) da muy chiquitas, por eso hace unos 12 años, más o menos, formamos la asociación para la producción de llamas. Yo soy una de las fundadoras”, se presenta con orgullo Mónica Condori Aramayo, campesina que empezó con dos llamas en su haber y que ahora posee 67.

De acuerdo con el veterinario Ramírez, todo comenzó con la tesis que un joven tarijeño presentó a principios de 2000. “Era un trabajo sobre la introducción de llamas en el altiplano tarijeño. Así se ha iniciado todo”, relata. Posteriormente, la organización no gubernamental Prometa y la Prefectura apoyaron el emprendimiento. Así, Yunchará se convirtió en la Alcaldía pionera en este rubro, en la provincia Avilés.

Los primeros años, un grupo de llamas llegó a esas tierras desde Oruro, mientras que otro arribó desde Cieneguillas, población argentina que se encuentra cerca de La Quiaca, en la fronteriza provincia Jujuy. Hoy, las comunidades de Copacabana, Pucsara, Chorcoya, Viscarra, Pasajes, Yuticancha, Papachacra y Rosario, entre otras, apuestan por esta iniciativa económica.  El Servicio Departamental Agrario (Sedag) ejecuta, actualmente, la segunda fase de la cadena productiva de camélidos. Después de la crianza y el machaje o encerramientos de los sementales, los animales de los beneficiarios reciben atención particular de los veterinarios. Los registros sanitarios que se inician desde la etapa del nacimiento de las crías, permiten un control casi personalizado de los ejemplares en Yunchará, que se halla a unas dos horas de viaje desde la ciudad tarijeña.

“Por eso los centros de machaje son importantes, porque aquí las hembras no cruzan con cualquiera y gracias a ello obtenemos las mejores llamas”, explica Ramírez, en el poblado de Chorcoya. Mientras en algunas zonas de La Paz, Oruro y Potosí, estos animales pastan libremente; en el altiplano tarijeño no sucede así, los machos de las llamas son preservados para la época de apareamiento, en diciembre.  Se estima que cada macho tiene potencial para cruzar con hasta diez hembras. “En otros departamentos hay gran cantidad de llamas, pero no tienen la calidad que nosotros hemos conseguido con este nuevo método”, añade Rodríguez, el coordinador del proyecto. O sea, las t’ampullis chapacas sólo se aparean entre sí, allí radica el secreto para la calidad de los ejemplares que crecen en esta región altiplánica.  

Futuro. Con el fin de ampliar el universo del ganado camélido en Tarija, la Gobernación apuesta llevar adelante el proyecto en otras zonas. “Nuestro objetivo es llegar a todas las regiones altas de Tarija, como en San Lorenzo, cerca de la Presa de Huacata; también en la provincia Cercado, en Padcaya, además de dos comunidades del municipio de Entre Ríos”, explica Ramírez, quien inclusive plantea a El Abra del Cóndor, a más de 4.000 metros de altitud, como un sitio apto para la actividad.

Recursos no faltan para impulsar estos emprendimientos. A la par, Yunchará es un ejemplo de que la crianza de llamas es un buen negocio. Eso sí, una de sus habitantes, Mónica Condori —que también es hermana del gobernador interino de Tarija, Lino Condori, que en el pasado igualmente era llamero—, pide ayuda a las autoridades ante la aparición de zorros que en los últimos meses mataron varias llamas. “Que vengan a matar al zorro...”, exclama.

Alcaldías que apoyan la actividad

Yunchará

Según las proyecciones de población del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2010 habitaban unas 5.466 personas en ese municipio de la provincia Avilés. El Puente •En este municipio que también se dedica a la producción camélida, según las proyecciones de población hechas por el INE en 2010, vivían unas 10.188 personas.

Erosión 

Según el técnico de la Gobernación de Tarija, Ríbehr Rodríguez, la crianza de burros provocaba la erosión de los suelos. “Las llamas son más ecológicas y además te dan la fibra (lana)”. 

Charque 

Comenzó la venta del charque de llama y en algunos supermercados se puede encontrar este producto. Se espera obtener el aval del Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria para la oferta en el interior.

Artesanías con la fibra llegan a cuatro países

Unos 155 artesanos de la región altiplánica tarijeña de Tajzara, en la provincia Avilés, encontraron en las artesanías con fibra de llama una nueva fuente de ingresos económicos.

Mantas, chalinas, gorras, bolsos, medias, carteras y otros productos son expuestos en la tienda de Tajzara Artesanías, a unos metros de la iglesia de San Roque en la ciudad de Tarija. Allí la joven tajzareña Catalina Díaz expone las creaciones que salieron de su pago.

La muchacha participó de ferias internacionales en Brasil y Argentina, donde además de lucir la vestimenta tradicional chapaca expuso las bondades de los productos que se diseñan en Yunchará, El Puente, Pucsara, Copacabana, Chorcoya, Viscarra, Pasajes, Yuticancha, Papachacra, Rosario, entre otras localidades.

“Todo es a mano e incluso los teñidos los hacemos con tintes naturales hechos en base a hojas, raíces y tierra”, cuenta.

Para la coordinadora del proyecto, Jenny Ayllón, si bien las artesanías tienen mercados en La Paz, Sucre, Santa Cruz y Tarija, les falta aún un centro de hilado. “Hemos logrado estandarizar nuestros productos y por eso hicimos ya algunos envíos a España, Canadá, Alemania y Japón”.

Díaz, al igual que otros artesanos que se dedican a la crianza de camélidos, es la principal beneficiaria de este emprendimiento. En Tarija, un kilo de fibra de llama cuesta diez bolivianos, pero el mismo kilo hilado, teñido, tejido y transformado en manta vale 150 bolivianos. “Conviene hacer toda la transformación, no es negocio vender solamente la fibra”, añade la joven.

El celular de Catalina Díaz para pedidos del interior del país es 734-52620.

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