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La mentalidad usurpadora de Chile germinó en 1824

Los líderes políticos trasandinos se opusieron desde el principio al sueño de la Patria Grande de Bolívar, posteriormente a la independencia del Alto Perú (Bolivia) y por último a la Confederación Perú-Boliviana.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Quispe / La Paz

00:35 / 23 de marzo de 2014

Mientras Simón Bolívar propugnaba la conformación de la Patria Grande o la Gran Colombia en Sudamérica, en los albores de 1824, un año antes del nacimiento de Bolivia a la vida independiente, desde Chile ya se oían voces en contra del sueño del Libertador y en pos de hallar una forma para salir de la pobreza en la que se sumía su población.

Los trasandinos, que en 1818 se declararon libres del yugo español, no pensaban como Bolívar. “Ellos veían un peligro (en la eventual constitución de la Gran Colombia) porque Chile hubiese sido otra vez la cenicienta de América, fue la sociedad pobre de la colonia, por eso sus líderes empezaron a trabajar por sus propios intereses”, sostiene el general Edwin De La Fuente, expresidente de la Academia Boliviana de la Historia Militar.

El chileno Mariano Egaña (1793-1846) que en 1824 era Embajador Plenipotenciario en Inglaterra, y que formaba parte de ese grupo de políticos, advirtió en esa época—según De La Fuente— que era “hora de pensar en Chile y solamente en Chile, si no pensamos así, no les estamos garantizando el futuro a nuestros hijos”.

De La Fuente cita también a Diego Portales (1793-1837), otro político que años más tarde se opondría a la Confederación Perú-Boliviana incluso antes de la independencia de Bolivia: “No podemos permitir, por ningún motivo, que Alto Perú (la futura Bolivia) se independice unida a la Argentina y tampoco que sea libre unida al Perú. “Eso sería un peligro inminente para el futuro de Chile”. Así, 55 años antes de la invasión chilena que dio pie a la Guerra del Pacífico (1879-1883), Chile tomó una posición.

El historiador Fernando Cajías al referirse a Portales añade que éste puso las bases de lo que pretendía ser la “República Portaliana, porque así era su ideología, y tenía una posición contraria a cualquier intento de unidad americana, era enemigo de Simón Bolívar, y por eso cuando el Mariscal Andrés de Santa Cruz intentó unificar Bolivia y Perú, fue el más grande opositor afirmando que había que mantener el equilibrio americano y que cualquier unión de dos estados rompía ese equilibrio y los haría más fuertes que Chile”.

En la colonia, Santiago era un fuerte militar de los españoles para repeler a los ingleses que deseaban ingresar a Sudamérica. Sus pocos habitantes vivían de la guarnición y luego del envío de algunas mercaderías a la gran ciudad de Potosí. “Lo poco que llevaban lo hacían con mucho esfuerzo y de ahí viene el título que le dieron los potosinos, el ‘del roto chileno’, porque venían con sus pantalones remendados, era gente muy pobre, pero muy laboriosa”, dice De La Fuente.

POBREZA. Citando al historiador paceño Édgar Oblitas (1935-2004), De La Fuente expone que durante los primeros años de independencia chilena había en ellos una enorme aflicción por la situación de pobreza que vivieron en la colonia, lo que les obligó a decir basta. “Como dice Oblitas, de ahí viene su consciencia de usurpador, ellos ven que el futuro de Chile no está en otras manos que en la usurpación”.

El nacimiento de la Confederación Perú-Boliviana (1836-1839) crispó a los chilenos. Portales insistía en que la unión de dos países ponía en peligro al resto de Sudamérica, por eso Chile promovió la disolución del emprendimiento, lo que se dio tras la derrota de la Batalla de Yungay, el 20 de enero de 1839, cuando los hombres al mando del Mariscal Santa Cruz cayeron ante las fuerzas del chileno Manuel Bulnes. Santa Cruz huyó a Ecuador y el presidente del senado boliviano, José María Serrano—de acuerdo con De La Fuente— se levantó en su contra y en un discurso afirmó: “Nos hemos salvado de ese abominable hombre”; incluso envió una carta al Gobierno chileno en Santiago felicitándolo por el triunfo de Yungay.

El exdirector de la Academia Boliviana de Historia Militar identifica este momento, la década de los 30 y 40 del siglo XIX, como otro en el que aparecieron políticos bolivianos que comulgaban con la filosofía chilena. “Estos líderes bolivianos, a quienes les faltaba amor por Bolivia, son captados por los chilenos, van claudicando y sometiéndose a Chile”.

El 6 de diciembre de 1848, Manuel Isidoro Belzu (1808-1865) llegó al poder y casi de inmediato tuvo como oposición a políticos prochilenos, entre ellos Serrano y Casimiro Olañeta.

MELGAREJO. Belzu conocido como el Tata Belzu por los indígenas, fue asesinado en 1865 por Mariano Melgarejo (1820-1871). El abogado y exjuez Juan Lanchipa, en un artículo publicado en La Razón en 2013, titulado El nefasto gobierno de Melgarejo, recuerda que el tarateño fue usado por los chilenos. “Los acólitos bolivianos de los intereses oligárquicos chilenos lograron la firma del Tratado de Alianza del 19 de marzo de 1866, con el que se introdujo el ‘caballo de troya’ a nuestro territorio para ejecutar el plan más depredatorio que haya sufrido Bolivia, que consistía en arrebatarle a corto plazo territorios costeros”.

En 1866, el canciller Mariano Muñoz (aliado interno de Chile) le presentó a Melgarejo—según Lanchipa— “el infame documento mediante el cual se cedía parte del territorio. En 41 años de vida republicana, ningún boliviano se había permitido poner en duda los derechos de Bolivia sobre sus territorios en el Pacífico, pero Muñoz se permitió desconocer los derechos y títulos de nuestra patria, y comprometió la soberanía del Litoral”.

Melgarejo —agrega— midió en el mapa con el pulgar la zona que debía transferirse y dijo: “Apenas mide una pulgada, ¡no merece la pena de pleitear por tan poca cosa!”. Y dio por aprobada la flagrante traición. La pulgada abarcaba 30.000 km2, desde el grado 25º31’36” hasta el 24º. Trece años después, el 14 de febrero de 1879, Chile invadió Antofagasta y usurpó territorios bolivianos.

La versión de que Daza ocultó la noticia es falsa

El mito de que el presidente Hilarión Daza (1840-1894) ocultó en febrero la noticia de la invasión chilena a Bolivia por las fiestas del Carnaval es totalmente falsa, según el historiador y general Edwin De La Fuente, exdirector de la Academia Boliviana de Historia Militar.

En la antesala de la invasión chilena “se construye una serie de mentiras, la primera y la más grande es que Daza ocultó la invasión chilena por las fiestas de Carnaval, una falsedad creada por este grupo de políticos que eran los olañetistas y que se sometieron a los intereses chilenos”, denuncia el general en retiro.

Citando al recordado escritor Hugo Roberts Barragán, historiador y autor del libro La gran traición en la Guerra del Pacífico, entre otros, De La Fuente revela que hubo una confabulación contra Bolivia. En su libro, Roberts reivindica la figura de Daza. “Los acusadores decían que (Daza) había ocultado la noticia de la invasión, por el Carnaval.

Años más tarde conocí en Santiago (de Chile) a una Sra. Raquel Daza, hija del Gral. Daza y ella me refirió que en la Guerra del Pacifico hubo una traición con el concurso de varias personas confabuladas con el enemigo y que habían derrocado a su padre de la presidencia”, escribe el autor.

De La Fuente añade que después que el chasqui Gregorio Collque ubicó a Daza y le informó sobre la invasión, el Presidente, que se encontraba en la vivienda de un coronel, salió del inmueble y se dirigió al Palacio. “Se reunió con todos los miembros de su gobierno hasta las seis de la mañana y planearon la defensa del territorio que había sido invadido. Por eso, es una mentira de que él ocultó la noticia y que hubiera dicho que siga la fiesta”.

El estudioso sostiene además que fueron los historiadores chilenos —uno de ellos Benjamín Vicuña Mackena— que tramaron el ‘relato carnavalesco’, de que Daza se guardó la información. “La mentira tuvo sus efectos en algunos sectores de la sociedad boliviana y quedó como un mito que a raíz de esa invención se había perdido el Litoral. Semejante patraña fue parte de una campaña de desprestigio en contra de Bolivia”, formula el General.

Daza fue víctima de un golpe de estado en 1879 que propició Narciso Campero (1813-1896), el comandante que pese a los pedidos y varias cartas del presidente Daza nunca movilizó a la Quinta División, por ello Daza se retiró a Europa. Cuentan que en pleno conflicto y ante la negativa de los peruanos de apoyar a los bolivianos pagó incluso los sueldos a los oficiales, para que nos respaldaran, recursos que salieron de sus bolsillos.

Carrasco, el héroe olvidado del Pacífico

El 6 de diciembre de 1879 se registró la única victoria boliviana en la Guerra del Pacífico. Un escuadrón de 70 francotiradores de la vanguardia de la Quinta División del Ejército Boliviano derrotó a los Cazadores del Desierto de Chile, que los superaban en número en el desfiladero de Tambillo.

El épico batallón era conducido por el coronel Rufino Carrasco que, de acuerdo con datos del Centro de Documentación e Información en Bolivia (CEDIB), provocó a los trasandinos. Hubo “varios muertos y heridos, aparte de capturarle 11 prisioneros. En su precipitada fuga, las fuerzas chilenas dejaron en poder del temerario escuadrón boliviano 18 rifles Winchester, 14 espadas, 16 bestias e incontables monturas, correajes y municiones”, añade.

La victoria fue minimizada por el entonces comandante de la Quinta División Narciso Campero, indica el general Edwin De La Fuente, exdirector de la Academia Boliviana de Historia Militar, para quien además otro coronel de apellido Ayoroa, junto a Carrasco, logró las sendas victorias de Tambillo y Canchas Blancas. “Luego, los dos coroneles retornaron, comunicaron de los triunfos y pidieron que salga inmediatamente la Quinta División, pero ¿qué hace Campero? Los destituyó del mando. Carrasco vino a La Paz a denunciar la traición y cuando pasaba por la puerta de la iglesia San Francisco murió apuñalado”.

Poco se conoce del ignorado coronel chicheño nacido en 1817 y probablemente asesinado en 1879. Una vieja foto, publicada por el CEDIB, muestra al héroe olvidado como un oficial maduro, “en cuya mirada de cazador chispeaban la perspicacia y la bravura con cierto atavismo asiático realzado por su enrarecido bigote. Pese a su ruinoso y deshilado uniforme militar y a sus humildes y ajadas botas, lucía con de- senfado una prestancia tan varonil y digna, que en ese instante supo que el aplomo y la gallardía brotan del espíritu enaltecido y no así de los ropajes”, apunta la descripción de esa página.

El investigador cruceño Nino Gandarilla, de la Sociedad de Estudios Geográficos e Históricos de Santa Cruz, destaca también a Carrasco. “Eso solo fue el comienzo del silencio para borrar de las páginas de la historia su hazaña de Tambillos”. Los restos de Carrasco descansan en Oruro.

Colorados fueron perseguidos y asesinados

Tras la derrota en la Batalla del Alto de la Alianza o en los Campos de la Alianza (26 de mayo de 1880) —como precisa el coronel Jorge Camacho Salgado, director de la Academia Boliviana de Historia Militar— los soldados sobrevivientes del Regimiento de Infantería RI-1 Colorados de Bolivia fueron perseguidos y muchos de ellos asesinados.

“Narciso Campero (el comandante que nunca movilizó a la Quinta División) le dio el golpe de estado a Hilarión Daza (presidente en 1879) y luego persiguió a los Colorados de Bolivia, que eran los más leales a Daza”, expone el historiador Jorge Édgar Zambrana Jiménez.

El general y exdirector de la Academia Boliviana de Historia Militar Edwin De La Fuente agrega que documentos históricos dan cuenta de cómo un grupo de 12 colorados fueron fusilados y luego descuartizados en Potosí, después de que gritaran: “¡Viva! Hilarión Daza”.

Zambrana escribe que tras la derrota en los Campos de la Alianza, el nuevo presidente Campero decretó la confiscación de tierras a los campesinos, decisión que agravó más la crisis interna que vivía el país, azotada además por la falta de alimentos, epidemias y protestas sociales. El Gobierno procedió a disolver además a los 600 sobrevivientes defensores del Litoral.

“El 8 de agosto de 1881, despóticamente y con el pretexto de que los soldados estaban sembrando alborotos en Sucre, reclamando irrespetuosa e insubordinadamente sus salarios impagos de varios meses, ordenó el fusilamiento público de 8 de los 29 sobrevivientes del Batallón Colorados en esa ciudad”, puntualiza el historiador en un artículo de 2012, denominado El heroico Batallón Colorados.

Otros 20 fueron abatidos a puertas cerradas. “Campero es sospechoso de haber integrado además la quinta columna chilena”, lanza el historiador Zambrana.

Al final, los cuerpos de los Colorados fueron expuestos al público como escarmiento. 39 años después, en 1919, algunos restos de los Colorados fueron trasladados a Potosí, allí se acercó un hombre a las tumbas. “Era el último sobreviviente del Batallón Colorados, a quien una feliz casualidad libró de ser victimado en Sucre; era el sargento Nemesio Miranda. Así terminó el único homenaje a aquellos héroes épicos, cuyo asesinato ha llenado de vergüenza a toda la República”, cierra.

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