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La muerte tomó las calles de La Paz

La Razón

10:21 / 01 de noviembre de 2012

Fue una lucha desigual y sangrienta. Piedras contra balas, palos contra armas de fuego, barricadas contra tanques, civiles contra militares. La represión ordenada por el coronel Alberto Natusch Busch dejó, de acuerdo con un documento elaborado por la Fundación Boliviana contra la Impunidad en base a informes de la época, al menos cuatro decenas de desaparecidos, casi un centenar de asesinados y más de medio millar de heridos. Fue una masacre que tiñó de sangre las calles de la ciudad de La Paz.

Los uniformados castrenses atacaron a los manifestantes por tierra y por aire. El coordinador general de la Fundación Boliviana contra la Impunidad, Aldo Michel, rememora que los sitios donde se concentró la sublevación contra el régimen de facto fueron la ceja de El Alto, las zonas paceñas de Munaypata, Villa Victoria, La Portada, el Cementerio General, la Garita de Lima, la exfábrica Said, la Estación Central y el centro de la ciudad, sobre todo la plaza San Francisco, donde cayó la mayoría de las víctimas. Además, subraya que en los enfrentamientos un personaje sembró el terror, el coronel Arturo Doria Medina, quien estaba al mando del regimiento Tarapacá y fue bautizado como el ‘Comandante de la Muerte’.   

El pintor Édgar Arandia, hoy director del Museo Nacional de Arte, que fue entonces parte de la resistencia en las calles, recuerda que la gente sacaba con lápices y bolígrafos los adoquines de la Plaza del Estudiante para armar las barricadas e impedir el paso de los tanques. Las balas de una ametralladora le alcanzaron cerca de la Pérez Velasco, pasadas las 09.00 de ese fatídico 1 de noviembre. Su vida fue salvada en el Hospital General de Miraflores. “Allí escuchaba disparos y me dijeron que estaban fusilando a gente en el Estado Mayor del Ejército. Llegaban muertos y heridos constantemente”.

Las medidas de presión no claudicaron. Los caminos del territorio nacional fueron bloqueados tras la convocatoria de la Central Obrera Boliviana y la Federación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia. La comunidad internacional repudió lo que sucedía en Bolivia. Y ni las balas, ni las tanquetas, ni los helicópteros, ni la represión consiguieron que Natusch Busch le doble el brazo a la lucha por la restauración de la democracia.

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