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Los preburgueses fueron más burgueses que la propia burguesía

René Zavaleta

Mineros. La clase trabajadora fue para Zavaleta la razón de ser de Bolivia.

Mineros. La clase trabajadora fue para Zavaleta la razón de ser de Bolivia. Foto: Archivo Victor Gutierrez

La Razón

00:00 / 09 de abril de 2012

La insurrección (de abril de 1952) triunfante, en efecto, crea un momento de disponibilidad total del poder. La clave la dieron las masas, porque se sitúa en la destrucción del viejo aparato represivo. Si no hubiera ocurrido aquello, habríamos estado sólo ante un cambio dentro del viejo Estado. Para eso hubo necesidad de dos condiciones: primero la división del aparato represivo mismo, que no era sino un eco material de la disolución ideológica de aquel Estado y segundo, la participación de las masas. Con todo ello se configura el carácter de una auténtica revolución democrático-burguesa; pero es algo que propone a la vez varios problemas consiguientes en el análisis.

Es cierto que el Estado oligárquico tenía una cúpula efectivamente burguesa o capitalista. Nadie puede decir que Patiño, Aramayo o Hoschild (y no sólo ellos) no fueran burgueses. Su ideología, empero, no lo era y, si se habla de Estado oligárquico, es, precisamente, para fijar cierta connotación. Era una burguesía que no era burguesa sino en ciertos aspectos muy específicos de su acumulación o sea burguesa en su riqueza pero no en su proyecto; como alcance nacional, en cambio, fundaba su propio poder en una articulación no burguesa de las relaciones productivas existentes en el país y, en último término, era la burguesía la que impedía la ampliación de la burguesía, la generalización del proceso capitalista y, en general, la realización in pleno de las tareas burguesas. (...)

Se puede aducir también que en el frente democrático (era eso el MNR) no figuraban sino de modo esporádico elementos provenientes de la burguesía y que, por lo tanto, mal puede llamarse burguesa a una revolución a la que no concurre la burguesía efectiva y que, en cambio, derriba a la burguesía verdadera, la existente. Esto es verdad, pero he aquí que la pequeña burguesía, por su familiaridad tradicional con la clase dominante, funcionaba como una suerte de ejército de reserva de aquella clase dominante y que, en la circunstancia, pasó a comportarse como una suerte de preburguesía por cuanto tendía de manera ineluctable a crear burguesía y a convertirse en burguesía ella misma. He aquí que los mismos que no son todavía burgueses, tienen sin embargo una conciencia actual mucho más profunda de las tareas burguesas que la burguesía que, en cambio, estaba resuelta a obstruir.

No hay muchas novedades en esto. La presencia de un sector capitalista, así sea uno tan angosto como el que había en Bolivia, crea incentivos de aburguesamiento. Pero si la burguesía origina a la vez modalidades no de expansión sino de restricción o encerramiento, es decir, si tiene un comportamiento oligárquico, los sectores que quieren aburguesarse acaban por actuar como verdaderas fracciones burguesas descontentas y aunque, en principio, no se proponen sino la ampliación de una clase, se ven obligadas a destruirla para reconstruirla de inmediato con mayor amplitud y autenticidad. El elemento de “sustitución de una clase por otra en la naturaleza de clase del poder político” se da aquí en este sentido. Primero el poder fue a dar a manos del frente de masas y, por un momento, se concentró en la clase obrera. Después, vista la impotencia de las masas ante sí mismas, el poder fue a dar a manos, en lo esencial, de la pequeña burguesía en su contenido preburgués. Pero, en todo caso, no hay duda de que aquí una clase reemplazó a otra, que un Estado se erigió sobre la destrucción del anterior  y que el papel decisivo lo jugaron las masas.

Ahora bien, en estos órdenes tan matizados del fondo clasista, tenemos que preguntarnos qué es lo que define el carácter de una revolución. Se presentan aspectos subjetivos y objetivos. (...) Lo que define por tanto a una revolución en general y a ésta (la de abril de 1952) en particular no es lo que se supone que se quiere en ella ni el carácter de los sujetos clasistas ejecutantes, aunque un aspecto y el otro tienen obvia trascendencia, sino el curso objetivo o las tareas que se ejecutan, que son lo comprobable dentro del proceso revolucionario, su resultante como suma de las coordenadas compuestas por las influencias clasistas. (50 años de Historia)

Perfil

Nombre: René Zavaleta Mercado Profesión: Político, sociólogo y filósofo Ministro, académico, escritor...René Zavaleta Mercado nació en Oruro en 1935 y murió en México en 1984. Fue Ministro de Minas y Petróleo durante el gobierno del Movimiento Nacionalista Revolucionario. Cumplió funciones diplomáticas en Uruguay y Chile. Como académico, además de enseñar en varias universidades, fue director de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso). Entre su producción bibliográfica se cuenta: Desarrollo de la Conciencia Nacional; El poder dual en América Latina; Bolivia Hoy; Clase Social y Conocimiento; 50 años de Historia; Lo nacional-popular en Bolivia.

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