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La luz solidaria de un oftalmólogo llega a los últimos rincones

Joel Moya ayudó a miles en todo el país. Con 34 años de experiencia y en casi todo ese tiempo brindando operaciones y atenciones oftalmológicas gratuitas a la población del país, Joel Moya es uno de los médicos más destacados por su solidaridad. Prueba de ello son los reconocimientos nacionales e internacionales que recibió a lo largo de su carrera.

La Razón (Edición Impresa) / Guiomara Calle / La Paz

00:00 / 20 de septiembre de 2014

Hasta a una empresa de electricidad llegó María, una anciana que vivía sola en una comunidad de Chuquisaca, para quejarse de la “débil luz” que había en su casa. Los técnicos acudieron a su vivienda y verificaron que la electricidad no era el problema, sino sus ojos.

Por la falta de dinero para una revisión oftalmológica, pues en los años 90 no había seguro médico para personas de la tercera edad, ella vivió con la visión borrosa por un par de años.  

En esa temporada, Joel Moya, un oftalmólogo con 34 años de experiencia en la actualidad, llevaba a cabo una de sus muchas campañas solidarias para devolver la luz a las personas de escasos recursos y que viven en comunidades y áreas urbanas alejadas.

María fue una de las beneficiarias de las operaciones gratuitas de cataratas y una de las personas más agradecidas con Moya, quien aún guarda su historia como uno de sus mejores recuerdos por la expresión “inolvidable” en su rostro al mejorar su visión.

“Realizo este tipo de actividades casi toda mi vida, cómo pasa el tiempo. Tengo la satisfacción de haber mejorado la vista de muchas personas y de sacar a otras de la ceguera para que se vuelvan autosuficientes y se integren a la sociedad”, expresa Moya.  

La solidaridad es una palabra que define al médico, según su entorno, que destaca su “buen corazón” y su “arduo trabajo” para ayudar a los demás. “Ese doctor es un ángel porque calmó el dolor y devolvió la alegría a muchas personas con problemas en los ojos y de bajos recursos económicos. En solo dos campañas atendió a 1.010 vecinos, la mayoría de viviendas alejadas”, cuenta Elizabeth Arce, dirigente de las juntas vecinales de la zona Sur.

Moya es actualmente director del Instituto Nacional de Oftalmología (INO) y desde su cargo continúa promoviendo la solidaridad hacia la población, a través del Departamento de Proyección a la Comunidad, que lleva a cabo el programa “Por los ojos de nuestro pueblo” para brindar atenciones y cirugías gratuitas a niños, vecinos, comerciantes, comunarios y otros.

“Por ejemplo, las caseras de los mercados son a veces papá y mamá, y no tienen tiempo para acudir a un médico, por eso tratamos de ir hasta sus lugares de trabajo y solucionarles un problema visual con el uso de lentes o un tratamiento. Tenemos convenios con ópticas para la dotación de lentes a 30 bolivianos. Si se detectan cataratas las operamos sin costo”, dice Moya.

El oftalmólogo visitó con su equipo comunidades de los nueve departamentos, donde benefició a más de 20.000 personas en los últimos años. Otra de sus anécdotas inolvidables la vivió en Bermejo (Tarija), donde operó a una mujer que retornó al día siguiente al centro de salud “dando gritos”. “Me sorprendió la bulla, la enfermera entró rápidamente al consultorio y me pidió salir porque la paciente no dejaba de gritar afuera: ¿dónde está Moya? Cuando me vio me agradeció, igual a gritos, que le hubiera devuelto la vista. Me asustó un poco, pero me gustó conocerla”.

¿Qué lo motiva? Dice que retribuir al país las oportunidades para su formación en el exterior y mejorar la calidad de vida de aquellos que no pueden ver, y como consecuencia de ello en muchos casos viven en la pobreza.

“Es triste ver a personas ciegas sucias, mal vestidas, siempre dependientes de alguien. La vista es lo más preciado que tenemos y hay que cuidarla. Siento una gran satisfacción cuando veo a mis expacientes trabajar, eso es lo que más me motiva e inunda a mi espíritu para seguir ayudando”, comenta.

El galeno cuenta que él vivió en experiencia propia lo que una persona siente al no tener la visión, dentro de un entrenamiento en Utah (Estados Unidos), una beca a la que accedió gracias a la publicación de su libro denominado La ceguera en Bolivia.

“Nos dejaban días con los ojos vendados para que aprendamos a sobrevivir, vestirnos, cocinar, ducharnos, salir a las calles con bastón y todo para ser autosuficientes. Cuando me quitaron las vendas entendí lo maravillosa que es la vista, pero también que cuando uno queda ciego se puede rehabilitar si existe voluntad”, expresa.  

Con esta capacitación, Moya obtuvo la especialización en rehabilitación funcional y profesional de personas con ceguera, además de llegar a entender mejor esta discapacidad.

Su desempeño lo llevó a recibir numerosos reconocimientos, incluso en el exterior. En Cancún (México), la Organización Internacional para la Capacitación e Investigación en Medicina  (OICIM) le otorgó, en junio, el título de doctor honoris causa. También recibió el premio Pedro Domingo Murillo de la Alcaldía paceña y la Chuspa Verde de la Gobernación. Él tiene la meta de reabrir el banco de córneas, antes de jubilarse.

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