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La vecindad que dejó ‘El Chavo’

La serie de Tv aún atrapa a millones de espectadores en el continente y el mundo

Una foto del elenco de la vecindad del 'Chavo del Ocho'.

Una foto del elenco de la vecindad del 'Chavo del Ocho'. TARINGA.NET

La Razón (Edición Impresa) / Eduardo Chávez / La Paz

03:16 / 29 de noviembre de 2014

No importa que haya sido la primera o la última de sus creaciones, El Chavo del Ocho y la vecindad en la que vivía fueron la punta de lanza para que el resto de la obra de Roberto Gómez Bolaños llegue a todos los países del continente, incluidos EEUU y Canadá.

El portal www.guioteca.com recuerda que el primer capítulo de la mítica serie fue emitido el 20 de junio de 1971, en el canal 8 de la televisión mexicana. El programa tuvo altos y bajos sumado a una serie de polémicas que nacieron entre los mismos actores que dieron vida a la vecindad.

La guioteca recogió curiosidades que permiten saber más de uno de los programas más longevos y populares de la Tv latinoamericana.

Se le denominó El Chavo del Ocho porque el programa se estrenó en canal 8. Fue tal el éxito que pasó a ser transmitido por otro más importante y Chespirito tuvo que buscar alguna excusa e inventó que el Chavo vivía en el departamento 8. El programa fue visto —en promedio— por 350 millones de personas a la semana.

Aunque en la foto superior no aparece Quico, no se puede entender la vecindad sin ese niño. Chespirito le dijo a Carlos Villagrán que escogiera un traje para el personaje y surgió el de  marinerito, el rival cachetón del Chavo estuvo hasta 1978.

El señor Barriga

El personaje que interpreta Édgar Vivar es el dueño de la vecindad y da una apariencia de codicioso y exigente, pero siempre termina cediendo y posterga el cobro de los alquileres, especialmente de Don Ramón. Parte de su karma en la serie es recibir golpes inesperados, generalmente del Chavo. En la serie es padre del Noño a quien interpreta él mismo y es el creador del personaje que apareció mucho después del estreno.

Doña Florinda

La mamá de Quico, que en la realidad es la esposa del Chavo, es interpretada por Florinda Meza, ella fue la segunda esposa de Roberto Gómez Bolaños. En la serie es la celosa madre del niño egoísta y engreído que provoca la ira del Chavo y saca de sus casillas a Don Ramón. Doña Florinda  además siente un profundo amor por el Profesor Jirafales y espera que un día le manifieste que corresponde a ese sentimiento que no termina de formalizarse.

El profesor Jirafales

Rubén Aguirre asegura que la idea del famoso “¡Ta ta ta tá!” del Profesor Jirafales, se la robó a un profesor de su niñez llamado Celayo Rodríguez; él era un viejecito que cada vez que se enojaba, hacía el “¡Ta ta ta tá!”. Él lo exageró un poco, pero mantenía el mismo tono. Además de el maestro de escuela, a quien sus alumnos llaman Maestro Longaniza, el Profesor Jirafales es el novio eterno de la mamá de Quico, doña Florinda.

La Chilindrina

A la Chilindrina, encarnada por María Antonieta de las Nieves, la llaman así porque sus pecas la asemejan a una hogaza de pan mexicano que está espolvoreado con azúcar y que aparenta tener pecas. La mamá de la Chilindrina murió en el momento de dar a luz a su hija. El esposo de María Antonieta de las Nieves, Gabriel Fernández, apareció en varias ocasiones en los capítulos de la escuela, actuando como un compañero más de clase.

Don Ramón

Este personaje que interpreta Ramón Valdez tal vez era casado. En uno de los capítulos ven el álbum de fotografías, en una de ellas aparece en una pared una foto en la que aparece una mujer con el vestido de novia junto con un hombre; supuestamente son don Ramón y su esposa. Don Ramón fue globero, vendedor de churros, carpintero, peluquero, ropavejero, boxeador, lechero, pintor, fotógrafo, yesero, músico, torero y zapatero.

La Bruja del 71

La Bruja del 71, así la llaman en la vecindad a Doña Clotilde, fue la última en alquilar un departamento en el caserío. El personaje fue interpretado por Angelines Fernández, quien además de espantar a los niños con su apariencia, muestra señales de estar enamorada de Don Ramón. Cuando murió Ramón Valdez, ella fue la única que estuvo dos horas de pie junto al ataúd. En todo el velorio decía: “Mi rorro, mi rorro”. Ellos eran amigos.

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