El Financiero

Adhemar Poma: Se debe cualificar el aporte del 70% de los trabajadores

El doctor en Ciencias de la Educación propone que el sistema nacional de formación de capacidades incluya programas “a medida” para las personas en edad de trabajar que no tuvieron la oportunidad de obtener habilidades en los niveles de educación secundario y terciario, pero que ya están insertas en el aparato productivo local.

Adhemar Poma, educador boliviano. Foto: Álvaro Valero

Adhemar Poma, educador boliviano. Foto: Álvaro Valero

La Razón (Edición Impresa) / Wálter Vásquez / La Paz

00:03 / 28 de febrero de 2018

La educación tiene una función estratégica en la producción de recursos humanos, los cuales a su vez son esenciales para la expansión del Producto Interno Bruto (PIB) de un país. Adhemar Poma, educador boliviano de amplia trayectoria, evalúa el estado formativo del capital humano de Bolivia y propone un nuevo modelo educativo que cualifique y fortalezca las habilidades del 70% de la población económicamente activa (PEA), que no concluyó la formación secundaria ni la superior.

— La vinculación entre educación y economía es muy importante para el desarrollo de un país. ¿Qué rol cumplen las formaciones secundaria y superior para alcanzar esta meta?

— Abordaría la educación en su conjunto, en todas sus áreas, niveles y modalidades. Entre los tres niveles formativos, inicial-primario, secundario y terciario o superior, el primero impacta más en la productividad y competitividad de la población. En la etapa inicial y primaria las personas desarrollan competencias fundamentales que les van a acompañar a lo largo de la vida: la capacidad comunicativa, que permite entender textos —como un manual técnico— y producirlos; y las aptitudes lógico-matemáticas, que ayudan por ejemplo a hacer cálculos. Sobre estas competencias instrumentales se construyen otras: de especialidad, ocupacionales, disciplinarias. Si la gente no ha desarrollado adecuadamente estas competencias básicas tendrá debilidades que se seguirán notando en la educación secundaria y en la superior.

Y eso influye directamente en la productividad...

— Por supuesto. En la educación secundaria, los jóvenes desarrollan habilidades y destrezas ya, en algunos casos, orientados a una adecuada inserción laboral. Y la educación superior, universitaria, brinda conocimientos vinculados a la ciencia, la tecnología, la producción de conocimiento, a la innovación, al desarrollo. En resumen, el sistema educativo en sus distintas áreas y niveles incide en la formación de las personas; cada ámbito tiene su fortaleza, su peculiaridad, pero todos contribuyen a la mejora de las personas y, por ende, al desarrollo de la productividad y competitividad de un país.

— ¿Cuál es el estado de las tres etapas de formación en Bolivia?

— Hay un alto nivel de cobertura en el nivel primario y quizá lo que está faltando es mejorar la calidad de la formación, así como en la secundaria, en la que se promueve que los estudiantes ya salgan con una tecnicatura. La formación en educación técnica no puede ser teórica, especulativa, sino práctica, y la práctica requiere de equipamiento e insumos. No podemos formar carpinteros en aulas, con pizarras (...). El otro punto es que lo que voy a formar esté acorde a lo que se necesita en el sector productivo y ahí planteo la articulación entre la oferta y la demanda. La oferta formativa para educación secundaria o superior debe estar en función de la demanda del sector productivo económico y laboral.

— ¿Eso ocurre actualmente?

— Diría que no y ahí está otro de los grandes desafíos para la educación superior. El sistema de universidades tiene dificultades en ese diálogo estrecho que debe tener con el mundo laboral y productivo. Normalmente, los ajustes a las mallas curriculares están en función de las características de la misma institución formadora; no existen mesas de diálogo con el sector productivo para saber qué incorporar en el plan de estudios.

— ¿Qué porcentaje de la PEA del país concluyó los tres niveles de educación?

— De acuerdo con datos del Censo 2012, en Bolivia hay unos 10,33 millones de personas y aproximadamente 4,7 millones de ellas son las que mueven la economía y generan bienes y servicios. De ese “motor económico”, el 27,6% terminó primaria, el 38,2% secundaria y el 25,9% tiene instrucción superior. Es decir, siete de cada 10 personas de la población económicamente activa no han desarrollado las habilidades y conocimientos necesarios, pero ya están trabajando en el sector productivo, pero en condiciones precarias, porque al no haber concluido un nivel secundario o terciario los conocimientos y habilidades que tienen son débiles. Es ahí donde hay que apuntar con ofertas formativas desde el sistema educativo que permitan mejorar la cualificación de la PEA (...). En otra mirada, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), cerca del 60% de la población económicamente activa son cuentapropistas que requieren también de un tratamiento especial y programas que respondan a sus demandas educativas específicas: asesoría, asistencia técnica, manejo financiero, atención al cliente, construcción de marca y habilidades blandas relacionadas con el riesgo, la iniciativa, la creatividad, la alta tolerancia a la frustración y al fracaso.

— ¿Cómo influyen esas debilidades en la economía?

— Estudios indican que las personas con menor grado de escolaridad y grado de desarrollo de estas habilidades poseen una productividad reducida y una competitividad “prácticamente” nula. En otros países se busca que la PEA desarrolle al máximo su capacidad productiva y su competitividad y para lograr aquello hay que dejar atrás las ofertas rígidas (...). Esa población necesita de un sistema educativo flexible y abierto a todas las personas, sin obstáculos de requisitos, y eso implica armar programas continuos de formación a medida, para primero aprender o fortalecer las competencias básicas o blandas y las transversales: trabajo en equipo, iniciativa, responsabilidad, solidaridad, puntualidad, valores vinculados a la productividad. Luego vienen las competencias duras, de especialidad (...). El sistema educativo tiene que trabajar con otros criterios pedagógicos, porque estamos hablando de una población adulta de entre 25 y 50 años que no aprende como un adolescente común. Eso implica trabajar materiales, herramientas recursos audiovisuales adecuados para esa población que no tiene tiempo para ir a una charla de dos o tres horas con un catedrático, porque está ocupada produciendo. Aquí debemos trabajar con cápsulas formativas rápidas, adecuadas, al punto, porque además ese trabajador las va a aplicar mañana a su actividad productiva (...). Los institutos técnicos y universidades que orientan su trabajo hacia los jóvenes en formación también deben enfocarse en los ropavejeros, carpinteros, colchoneros y cerrajeros formados en la “universidad de la vida real”, en la PEA que ya genera productos y servicios y que hoy requiere de cualificación intensa. El Ministerio de Educación ha lanzado para estas personas el Sistema Plurinacional de Certificación de Competencias, que está muy bien, pero es un sistema más de inclusión social al que le falta la mejora de la cualificación para incidir en la productividad y competitividad de los trabajadores que reciben este reconocimiento de sus habilidades. Así, esa población podrá producir mucho más y mejor, y podrá mejorar sus ingresos.

— Lo que propone es casi una revolución en el sistema educativo nacional...

— Claro, pero pensando también en la población potencial, en los jóvenes que todavía están en formación (...). Se requiere de una reconversión del sistema educativo orientado a esas casi 3,3 millones de personas que están insertas en todos los rubros del mundo laboral, que no han sido atendidas y que se forman en el día a día. Ahí hay un mundo de oportunidades para el sector educativo. ¿Y qué tendría que tener este modelo educativo novedoso y diferente? Tres aspectos: el fortalecimiento de sus competencias básicas y transversales y la cualificación de sus competencias de especialización que ya han logrado empíricamente. Así generaremos una población con alto nivel de cualificación y eso incide en una población con empleo de calidad, y el país y la sociedad se vuelven en general más productivos y competitivos. Ese es el desafío para el sistema educativo y hay que trabajar en eso pronto, porque los resultados no se ven de la noche a la mañana, sino en el mediano y largo plazo.

— ¿La relación que hay en Bolivia de que 7 de cada 10 personas que tienen debilidades en su formación educativa es similar en Latinoamérica?

— Es más o menos parecida, pero los países han hecho esfuerzos para reducir esta brecha (...). Desde los sectores público y privado se han planteado estos nuevos programas para fortalecer las habilidades de la PEA.

— ¿Se ha efectuado esta labor en el mercado nacional?

— Se han hecho muchos esfuerzos desde la cooperación internacional y el Gobierno. Ahora, hay que profundizarlos y hacer que estos programas especiales sean permanentes.

Pérfil:

Nombre: Adhemar Poma d’ Chama

Profesión: Docente, consultor e investigador

Es profesor normalista de Historia y Geografía, licenciado en Comunicación Social de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), doctor en Ciencias de la Educación de la Universidad San Francisco Xavier, doctorante en Economía Social de la UMSA y posdoctorante en Educación y Desarrollo de la Universidad de Salamanca. El docente, consultor, expositor e investigador trabajó como docente y director de diversas instituciones públicas y privadas del rubro y en la Fundación Educación para el Desarrollo, el Ministerio de Educación y las cooperaciones holandesa y suiza. Es también asesor senior en Empiria, consultora especializada en educación, investigación y desarrollo.

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