El Financiero

Christian Felber: La idea es consumir menos, no es ganar menos

El especialista internacional en economía sostenible habla sobre los avances alcanzados en el mundo por el nuevo modelo internacional económico denominado ‘Economía del bien común’ que desarrolló hace seis años.

El economista Christian Felber. Foto: COMMON THREADS

El economista Christian Felber. Foto: COMMON THREADS

La Razón (Edición Impresa) / Pilar Álvarez / El País

00:00 / 21 de febrero de 2018

Christian Felber propone un cambio radical en el modelo económico, la llamada “Economía del bien común”. Entre otros postulados, este austriaco defiende la sustitución del Producto Interior Bruto (PIB) como unidad de medida de la riqueza por otro indicador, el Balance del Bien Común, que prima valores como la justicia social, la dignidad humana o la sostenibilidad medioambiental. Otras de sus propuestas consisten en limitar los ingresos de los individuos y poner márgenes a la propiedad privada (que un individuo no pueda acumular posesiones por encima de los $us 37 millones). En cuanto a la banca, es partidario de limitar el tamaño de las entidades para que, llegado el caso de una crisis, puedan quebrar sin necesidad de ser rescatadas. Y regular sus créditos, para garantizar que vayan a inversiones reales y beneficiosas. Sus postulados no están exentos de críticas: ¿cómo se mide el bien común?, ¿tiene legitimidad un Estado democrático para limitar la capacidad de la gente de ganar dinero? Se le acusa de promover el estatismo y el intervencionismo, y se compara su modelo con una especie de comunismo disfrazado, a lo que Felber responde que su propuesta incluye ideas, tanto del comunismo como del capitalismo, pero con límites, y siempre en una “democracia soberana en la que el pueblo marque las pautas”.

— Aboga por medir el éxito ético en lugar del éxito económico en las empresas. ¿Cómo?

— El éxito suele medirse de acuerdo con el alcance de los fines y no con la disponibilidad de los medios. Aristóteles diferenciaba dos formas de entender y practicar la economía. En la oikonomía el fin es el bien común, la buena vida para todos, para lo que el dinero solo es un medio. Si el dinero se convierte en el fin, por definición no es economía, sino crematística: el arte de enriquecerse. En ese caso, el éxito se mide de acuerdo con indicadores financieros y monetarios, como los beneficios y el PIB. En una economía de verdad, donde el objetivo es el bien común, el éxito se mide según el alcance del fin: producto del bien común, balance del bien común (para empresas) y examen del bien común (para inversiones). La ciencia económica está completamente equivocada y se ha deslizado hacia el capitalismo.

— Hace seis años que se puso en marcha su modelo, ¿qué resultados palpables ofrece?

— Hay 500 empresas que ya aplican el balance del bien común. Pertenecen a todas las ramas y tienen todo tipo de formas legales: entidades privadas, sin ánimo de lucro o públicas de distintos tamaños. Desde la unipersonal a las de varios miles de empleados. Se han implicado 50 municipios en Europa, algunos más en Chile; unas 200 universidades están elaborando proyectos de investigación y enseñanza. Ya se ha creado la primera cátedra en la Universidad de Valencia; y hay tres escuelas técnicas superiores en Austria y Alemania que han realizado el balance del bien común, al igual que la Universidad de Barcelona. En España hay varias empresas que siguen el modelo, como Can Cet, la Fundación Guttman y la Agencia de la Juventud, en Barcelona. Además de cuatro regiones europeas: la Comunidad Valenciana, Salzburgo (Austria), Baden-Wüttemberg (Alemania) y Tirol del Sur (Italia).

— ¿Qué resultados ofrecen las empresas que han puesto en marcha este modelo?

— Hay hoteles que empiezan a reducir la oferta de carne en el menú, muchas empresas reemplazan coches de gasolina por eléctricos. Hubo un bufete de abogados que aumentó el salario de la secretaria al darse cuenta de la diferencia que había con respecto al del director. En varias empresas se ha aumentado la participación de la plantilla en las decisiones estratégicas e introducido un mayor grado de democracia interna.

Hay otras en las que se han duplicado las solicitudes de empleo, por ejemplo, en Alemania, porque los trabajadores quieren trabajar en este tipo de firmas a pesar de que no tengan bonificaciones económicas.

— ¿Por qué ganar menos?

— Porque la remuneración que más cuenta para los trabajadores es la ética. Encontrar un sentido a lo que hacen, no causar daños medioambientales, primar las relaciones dentro de la empresa y con el entorno. Esto contribuye a la felicidad. Los trabajadores se sienten más apreciados porque pueden participar en las decisiones.

— ¿Defiende que las empresas que no sigan el modelo sean penalizadas?

— El objetivo es que se invierta la tendencia actual y que los productos éticos sean más económicos, conseguir un mercado inteligente y ético en lugar de uno capitalista. Que se prime a estas empresas para la contratación pública, con condiciones crediticias en los bancos del bien común, libre comercio para las empresas más justas y prioridad en proyectos de investigación científica. Es el sueño de Adam Smith. El éxito de la empresa es el éxito de la sociedad, y no hay que medirlo con criterios financieros, sino en términos de dignidad, de solidaridad, de justicia, de democracia. Es decir, solo cuando una empresa contribuye al éxito de la sociedad puede ser exitosa, lo que significa que no puede duplicar beneficios a costa de recortar plantilla, discriminar a las mujeres, destrozar el medioambiente o corromper la política (...). En la Comunidad Valenciana se preparan dos leyes que buscan crear un registro con las empresas que sigan estas reglas más éticas, fomentar inversiones que primen la transformación ética, dar incentivos legales a quienes sigan estos criterios. Por ejemplo, dándoles también prioridad en la contratación pública o reduciendo los impuestos que gravan sus productos para que sean más competitivas.

—Si se hiciera un reparto más equitativo de la riqueza, probablemente europeos como usted deberían ganar menos.

— No sé si todas las culturas quieren ganar más. En Bután, según las estadísticas del Banco Mundial, viven en pobreza extrema pero les va bien. Cuando se les pregunta “¿Quién te va a ayudar si necesitas algo?”, la respuesta es: “Todo el mundo”. Eso es una seguridad social total. Lo que sí está claro es que los europeos tenemos que reducir nuestro consumo medioambiental. Si tú o yo consumimos cinco veces más recursos medioambientales de los que el planeta aporta por persona, vivimos a costa de la libertad de los butaneses. No tendríamos que ganar menos, sino consumir menos.

Pérfil

Nombre: Christian Felber

Nació: 9-12-1972

Profesión: Economista

Experto en desarrollo sostenible

El economista austriaco tiene estudios de filología hispánica, sociología y políticas, y da clases en la Universidad de Economía y Negocios de Viena. Es también miembro de Greenpeace, confundador de la organización antiglobalización Attac en Austria y autor de libros como Economía del bien común (Deusto, 2012) o Salvemos el euro (Anaya, 2013).

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