El Financiero

Comunarios de Chejepampa revalorizan sus cultivos

Dieciocho comunidades campesinas se organizan cada año para exponer sus productos en la feria de julio. Las mujeres son las principales expositoras de los alimentos cultivados sin agroquímicos

La Razón / Liliana Aguirre / Chejepampa

00:00 / 28 de julio de 2013

Con diversas formas y en tonalidades ocres, 28 variedades de tubérculos, entre papa, oca e izeño, se lucieron como los protagonistas de la feria anual de Chejepampa, cantón del municipio paceño de Ancoraimes, organizada por los comunarios y el Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (Cipca).

“Antes era muy triste vivir por aquí, porque las tierras estaban bajando por la lluvia; ahora con ayuda de Cipca hicimos terrazas y estamos produciendo papas lindas y verduras”, rememoró Victoria Quispe (50).

Ella y su familia, como otras del cantón, recibieron capacitación en producción ecológica. La mayoría de estas familias no posee ni una hectárea de tierra, pero aprendió a cuidar el terreno y mejorar su producción agropecuaria. Algunas decidieron, además, construir huertos para introducir verduras en su alimentación diaria y vender los excedentes.

Vela suriku, jankopapa, alka imilla, ukamama, chiara imilla, ch’iarpapa, jaranko, waycha, zampa imilla, jankosoriko, willa imilla son algunas de las variedades de papas que se cultivan en 18 comunidades de Chejepampa. Son las más comercializadas en la ciudad, mientras ocas e izeños buscan espacios con su dulzura.

Al igual que Victoria, Vicenta Quispe (60) explicó que su comunidad floreció a través de la formación que les brindaron para cultivar y vender los excedentes de sus cosechas. “Trabajamos las chacras y después hacemos la recolección. Nos enseñaron a fumigar naturalmente con un producto llamado biol, hecho con chancaca y leche, y no con pesticidas químicos que hacen daño a la salud”.

Cipca impulsó, por 13 años, proyectos en beneficio de los comunarios; y ahora que ellos adquirieron destrezas agroecológicas para continuar, dejarán esta zona en diciembre.

“Al principio veíamos un deterioro de los recursos naturales, principalmente del suelo, las prácticas eran a favor de la pendiente, entonces no se daban cuenta por qué cada año aparecían sólo piedras, ya que la capa arable se iba abajo con la lluvia”, explicó Valentín Pérez, responsable de apoyo campesino en Cipca. La solución fue construir terrazas en los suelos para que la capa arable permanezca a pesar de los fuertes vientos y lluvias que afectan al altiplano.

“Tenían desnutrición profunda, porque no se comían alimentos nutritivos, por ejemplo cuando se visitaba a la familia nos invitaban papa pelada blanca, sopa con ají y pedazos de chuño y tunta”. Ahora los platos llevan acelga, cebolla, zanahoria y nabo, que han contribuido a balancear la nutrición en Chejepampa, producto de cultivar hortalizas.

Además, el monocultivo desgastaba el suelo, obtenían un sólo tipo de papa y se exponían a plagas. Hoy implementan variedades y reducen ese peligro, destacó Pérez.

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