El Financiero

Garrafa de GLP llega hasta Bs 150 en áreas alejadas

En ciertos casos, el distribuidor llega una vez al mes. En Cobija la compran de Brasil

Venta. Una persona compra una garrafa de GLP en la ciudad de La Paz.

Venta. Una persona compra una garrafa de GLP en la ciudad de La Paz. Foto: Pedro Laguna-archivo

La Razón / Édgar Toro

00:00 / 30 de junio de 2013

En Yuyo, comunidad del norte paceño, la garrafa de GLP llega a costar Bs 150; en Cobija, cuando el producto escasea, pobladores acuden al vecino Brasil para comprar una por valor de Bs 200. Y hay poblados donde la gente duerme y hace fila para conseguir una.

Problemas en el transporte hacen que este producto de primera necesidad se venda en precios exorbitantes. En una consulta a alcaldes, concejales, dirigentes y vecinos de 15 municipios, de norte a sur del país, La Razón supo de los problemas que atraviesan los pobladores de zonas alejadas para obtener Gas Licuado de Petróleo (GLP).

Desde Cobija (Pando) hasta Bermejo (Tarija) o de Pisiga (Oruro) a San Matías y Puerto Quijarro (Santa Cruz), poblaciones fronterizas, el precio de la garrafa de GLP es “diferenciado” debido al “costo de transporte”, explicó la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) en respuesta a un cuestionario de este medio.

La mayoría de los entrevistados demandó que el precio baje y se democratice, al igual que las tarifas de electricidad, dado que un botellón de gas cuesta Bs 22,50 en casi todas las ciudades capitales o los lugares donde operan las engarrafadoras.

“El precio es muy alto aquí en Apolo, el carro distribuidor de YPFB vende a 35 bolivianos, pero en comunidades como Yuyo o Santa Rosa, no baja de 120 y 150 bolivianos”, dijo Dionisio Gutiérrez, alcalde de la capital de la provincia paceña Franz Tamayo, ubicada a 400 km, 15 horas de viaje en bus, desde la sede de gobierno. A veces la “gente duerme y hace largas filas esperando al camión”. Pese al control municipal, agregó, hay “reventa” en las tiendas, donde el precio llega a Bs 80, incluso en la capital.

Más al norte, en Cobija, capital de Pando, la alcaldesa Ana Lucía Reis relató que es un “drama” abastecerse de GLP, especialmente en época de lluvias cuando esperan hasta dos semanas que llegue el camión distribuidor. El precio oficial de YPFB es Bs 27, pero cuando se agota, los cobijeños se ven obligados a comprar la garrafa  brasileña a Bs 200. Reis anunció que para resolver el problema buscan un terreno donde construir una planta de distribución con YPFB y la ANH.

En Riberalta, el precio es Bs 22,50 en la distribuidora estatal. Sin embargo, hay tiendas revendedoras que ofertan la garrafa de GLP en Bs 50 y Bs 70. “Es por eso que la gente todavía utiliza la leña para cocinar”, manifestó la profesora Carol Carranza.

Según las cifras oficiales del Censo 2001, el 75,08% de la población del área rural utilizaba leña para cocinar.

A cuatro horas de la ciudad de La Paz, en Puerto Acosta, capital de la provincia Camacho, este producto vale Bs 27, mientras que en Puerto Suárez o Puerto Quijarro, frontera con Brasil, el precio se mantiene en Bs 22,50. El alcalde de San Matías, Carlos Velarde, a 18 horas de viaje desde Santa Cruz, también lamentó la insuficiente cantidad de GLP que reciben. Cada mes les llega 1.000 garrafas para 10.000 habitantes a un precio es Bs 40. A 200 metros del pueblo pasa un gasoducto y le recuerdan al presidente Evo Morales concretar el proyecto de gas a domicilio.

Hacia el centro del país, en Vallegrande, a cuatro horas de Santa Cruz, este combustible vale Bs 29, señaló el  alcalde Casto Romero. Precisó que no tienen problemas de abastecimiento de este producto.

Los precios varían en diferentes poblaciones, algunas de ellas tienen indicadores de extrema pobreza: en Pelechuco vale 33, en Ilo Ilo 35, en Toro Toro 30 y en Chayanta 25.

Aún revenden y especulan

La reventa y especulación del gas licuado de petróleo es un negocio permanente y lucrativo en poblaciones rurales y urbanas del país. Si bien el precio oficial de una garrafa es de Bs 22,50, en varios lugares se incrementa por encima del 50% o se triplica su costo.

En el pueblo de Pisiga se encuentra gas a Bs 40 o 60 en tiendas de reventa. En Antaquilla y la feria de Chejepampa (provincia Franz Tamayo de La Paz), frontera con el Perú, una garrafa puede llegar a costar Bs 80, según el concejal Reynaldo Ergueta. En Puerto Acosta, el precio llega a Bs 50, pero en las ferias de Irupaya, Jankho Jankho y Patacayle sube a más de Bs 100, según los mismos comerciantes. 

En Bermejo, frontera con Argentina en el sur, el producto en tiendas tiene un valor de Bs 30, pero un reportaje del periodista argentino Jorge Lanata mostró que las garrafas bolivianas, entre otras mercaderías, pasan a ese país a través del “contrabando hormiga”, son transportadas en lanchas de alquiler hasta Aguas Blancas y el Norte de Salta. Sólo en el municipio de Toro Toro (Potosí) sucede que las tiendas revendedoras venden a Bs 29, un boliviano menos que el oficial que es de Bs 30, dijo el alcalde Eliodoro Uriona. En Cobija, Riberalta y Apolo, las alcaldías proporcionan una tarjeta de control a los vecinos para que cada familia sólo pueda comprar una garrafa, pero aun así se mantiene la reventa.  

El alcalde de San Matías, Carlos Velarde, dijo que no hay contrabando porque “el gas no abastece ni para ellos mismos”.

Piden que suban los cupos

A Cobija llegan 20.000 garrafas al mes, el cupo para San Matías es de 1.000, en Apolo reciben 1.100, en Pisiga no reciben ninguna y la gente viaja a Oruro para proveerse de GLP. Las autoridades de estas poblaciones que tienen más de 10.000 habitantes piden subir el cupo de GLP mensual.

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