El Financiero

Industria artesanal del ladrillo cae sobre millones de indios

Una ley amenaza el empleo de la población más pobre.

JHAJJAR. Manjhi, de 36 años, y su mujer fabrican ladrillos en uno de los más de 500 hornos que hay en la región.

JHAJJAR. Manjhi, de 36 años, y su mujer fabrican ladrillos en uno de los más de 500 hornos que hay en la región. Fotos: EFE

La Razón (Edición Impresa) / EFE / Jhajjar (India)

00:00 / 23 de abril de 2017

Miles de hornos de ladrillo tradicional tienen sus días contados en la India ante una nueva normativa ambiental impuesta por el Gobierno que para muchos será infranqueable y amenaza el futuro de millones de trabajadores de la llamada “industria de los pobres” del país asiático.

Anil Manjhi emigró hace una década desde el este de la India a Jhajjar, en el estado norteño de Haryana, para trabajar en un bhatta, como se denominan en hindi a las fábricas de ladrillos, en la que cobra 18.000 rupias al mes (unos $us 274 o Bs 1.907) por producir manualmente 1.000 unidades diarias.

Cada año durante el monzón, cuando las lluvias impiden cocer el barro, vuelve a su tierra de origen, Bihar, en el este del país, para regresar a Haryana para los siguientes nueve meses “Nuestra vida en Bihar es mucho peor, nos dedicamos a la construcción o a la plantación de arroz por lo que dependemos de las lluvias y cobramos hasta tres veces menos trabajando muchas más horas”, contó Anil Manjhi, de 36 años y con tres hijos.

Pero este trabajo ingrato en las ladrilleras, que ahora le permite asegurar un techo y comida para su familia, está abocado a desaparecer y las pocas certezas con las que contaba se tornan dudas.

El futuro de su fábrica y las otras 500 que hay en la misma población está en entredicho por el Proyecto Nacional del Ladrillo, presentado el año pasado por el Centro para la Ciencia y el Medio Ambiente para imponer tecnologías limpias en el sector que reduzcan la emisión de gases de efecto invernadero, que ahora superan las 100 millones de toneladas al año.

El plan implicará cerrar o adaptar más de 140.000 hornos que dan trabajo a unas 30 millones de personas, según informó el presidente de la Federación de Productores de Ladrillos y Azulejos de la India, Harish Kumar.

Algunos estados, como Delhi, ya han empezado a aplicar la nueva regulación, pero ninguna de las medidas adoptadas incluyen mecanismos de compensación para propietarios ni empleados, ni un plan para recolocar a las millones de personas que pueden perder su trabajo. “Si los políticos no se dan cuenta de cuál es el verdadero escenario de la industria y no piensan en los trabajadores de la tierra, convertirán a cientos de miles en marginados y antisistema”, denunció Kumar.

La transformación en el territorio de Delhi se ha saldado con 250.000 nuevos desempleados porque solo el 30% de las fábricas ha podido financiar la adaptación. “En los últimos años hemos tenido pérdidas y muchos no podemos costear los 5 millones de rupias ($us 74.639) que se necesitan para adaptar cada fábrica”, lamentó Dharmendra K., dueño de la fábrica O.M., que reclama créditos accesibles para facilitar la transformación.

PAUTAS. Pero las implicaciones de la reestructuración del sector trasciende de lo meramente económico en estas bhattas, donde aún perduran muchos de los estigmas del sistema de castas.

  • FÁBRICA. Dos menores trabajan para ayudar a sus padres.

“Este tipo de leyes que no tienen en cuenta a los trabajadores demuestran que el sistema de castas no está superado en la India: los políticos son la cabeza y la gente humilde los pies manchados de barro que hacen que el país camine”, sostuvo Mathew K.V., uno de los responsables del centro que la congregación Don Bosco tiene en la zona.

En las bhattas toda la familia trabaja sin jornadas de descanso para ayudar al padre, el único miembro considerado como empleado, a terminar la cantidad diaria asignada de ladrillos. “No tienen perspectivas de futuro ni percepción del pasado, todo su mundo es la fábrica y su único horizonte el objetivo de ladrillos a cumplir”, dijo Singher, un técnico con 15 años de experiencia sobre el terreno que trabaja para Don Bosco en las fábricas.

Pero Manjhi parece poner en duda esa afirmación mientras mira sonriente a la menor de sus hijas, que duerme en una especie de cuna junto a su puesto de trabajo. “Muchos de los hijos de mis compañeros trabajan con ellos para ayudarles a cumplir el objetivo, pero los míos han empezado a ir a la escuela porque sé que cuando sean mayores todo esto habrá desaparecido”.

Crecimiento desigual

Impacto

India sigue en la senda del crecimiento económico (7,6% en el año fiscal 2015-2016), un desa- rrollo que “repercute en la clase alta y media, pero que no llega” a los pobres, dijo Antonio Mesas, director de la fundación de apoyo social Colores  de Calcuta.

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