El Financiero

Jóvenes profesionales, los más afectados por la crisis laboral

La OIT advierte que  los jóvenes tienen tres veces más probabilidades de estar desempleados que los adultos y más de 75 millones de personas entre 15 y 25 años de edad en el planeta están en busca de un trabajo. El desempleo de los jóvenes se ha triplicado con relación al de los adultos. En 2012 llegó al 12,6%, revela el reciente informe.

Cada vez son más los profesionales jóvenes sin trabajo

Cada vez son más los profesionales jóvenes sin trabajo

La Razón / Édgar Toro Lanza

00:00 / 28 de abril de 2013

Tener una formación académica no garantiza la inserción laboral. Cada año egresan y/o se titulan 170.000 universitarios en Bolivia y el 47% no consigue un empleo. Los profesionales hacen pasantías por un certificado que engrose su currículo. 

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierte que  los jóvenes tienen tres veces más probabilidades de estar desempleados que los adultos y más de 75 millones de personas entre 15 y 25 años de edad en el planeta están en busca de un trabajo. El desempleo de los jóvenes se ha triplicado con relación al de los adultos. En 2012 llegó al 12,6%, revela el reciente informe. 

En Bolivia, el fenómeno no es ajeno y muestra el mismo comportamiento. Lo admite el director general de Planificación del Ministerio de Trabajo, José Ballesteros Coca, quien va mas allá y afirma que “quienes cuentan con mayor grado de formación académica, contradictoriamente, son los que enfrentan mayores dificultades para una adecuada inserción laboral”.

Trabas. Ballesteros explica que diferentes estudios respaldan que este sector, o sea los jóvenes con formación académica, tardan más tiempo en hallar un empleo en las áreas de su formación, e indica que las empresas prefieren contratar a egresados que a titulados (para tener menos gastos y responsabilidades sociales), y que además su experiencia laboral es poco valorada.

Rodolfo Eróstegui, director del Centro de Apoyo al Desarrollo Laboral (Labor), subraya que los profesionales, al no poder conseguir una contratación, optan por hacer una pasantía gratuita en cualquier institución sólo para obtener un certificado que acredite que prestó servicios y, por tanto, posee un plus para “internarse” al mercado laboral. “Ésa es la principal forma de explotación laboral que están adoptando las firmas privadas y públicas”, opina. En su criterio, éstas se constituyen, de a poco, en “una escala más” en la formación profesional.

Bruno Rojas, investigador del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA), complementa que existe un gran divorcio entre la oferta y la demanda de profesionales en el mercado. Lamenta que si bien el 95% de los jóvenes mejoró su formación, la mayoría está desempleado o subempleado, muchos en áreas distintas a su formación, o sea no ejercen su profesión.

Cita un estudio de la Fundación para la Producción (Funda Pró) realizado en 2011, que reveló que cada año egresan y/o se titulan 170.000 estudiantes en las universidades públicas y privadas del país, y que sólo 80.000 consiguen ser contratados (53%); el resto (47%) permanece desempleado, subempleado o crea negocios propios por necesidad, más que por oportunidad.

Refiere también que en las ciudades de La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz se estableció una tasa de desempleo juvenil abierto (entre 15 y 24 años) del 14,5%, es decir que son 58.000 los desocupados en este segmento de la población

Ballesteros y Eróstegui coinciden en que, al momento, el número de jóvenes sin trabajo se acerca a los 60.000. Para Rojas, la cifra es alarmante porque es de “economías en crisis”, y hace notar que es más alta que la tasa general de desempleo, que llega al 7,9%. Ballesteros no comparte el dato y precisa que la Tasa de Desempleo Abierto Urbano (TDAU) alcanzó al 3,84% en 2011.

El CEDLA insiste en que dicho porcentaje no es real, y aunque reconoce los esfuerzos del Gobierno por mejorar la situación laboral, advierte que “los impactos son mínimos”.

La administración gubernamental encaró en 2010 el programa “Mi primer empleo digno”, financiado con Bs 11 millones y con el objetivo de mejorar la situación laboral de los jóvenes e insertarlos en empleos seguros y estables. Hasta abril de 2010, el total de beneficiarios en la primera fase fue de 2.565, 1.367 mujeres y 1.198 hombres.

En 2011 se proyectó capacitar a 4.000 más en La Paz, El Alto, Potosí, Sucre, Santa Cruz y Tarija, con recursos del Banco Mundial. Para 2012 se lanzó el “Plan de apoyo al empleo” que apunta a la inserción de profesionales y técnicos en empresas privadas con el apoyo del Gobierno.

En términos generales, Ballesteros destaca la disminución del desempleo en el país y lo atribuye “al buen momento económico que atraviesa el país”.

Ante este panorama, el director del Instituto de Asistencia Social Económica y Tecnológica (Inaset), Enrique Velasco, observa que el 80% del empleo general es “autogenerado” (cada quien crea su fuente laboral); y que la economía no tiene el dinamismo para desarrollar ocupaciones dignas, más bien —dice— el empleo está en actividades de baja calidad como en los sectores de servicios y comercio con ingresos insuficientes, condiciones que afectan sobre todo a los jefes de familia.

“Si no hemos logrado resolver el problema del empleo para el jefe del hogar, mucho menos podremos avanzar en beneficio de los jóvenes y las mujeres”, afirma Velasco y además cuestiona la idea de atacar la crisis del empleo por estratos (jóvenes, mujeres o niños), lo que en su criterio no resuelve el problema de fondo que es el trabajo en general.

Propone la generación de fuentes de trabajo a través de medios productivos “porque nuestra economía sólo es extractivista de recursos naturales.

Ballesteros comparte cifras de la Encuesta Integrada de Hogares 2009, misma que arroja datos sobre la relación estudio-ocupación. De los 442.478 universitarios matriculados en ambos sistemas (público y privado) a 2011, casi seis de cada diez se dedicaban exclusivamente a estudiar (58%) y cuatro estudiaban y trabajaban (42%). La autoridad resalta que en el grupo de quienes combinan ambas tareas, 72% desarrollaba actividades laborales de carácter asalariado y el resto (28%) trabajaba, pero no tenía remuneración económica. 

Velasco sugiere salvar cuatro obstáculos para crear empleo de calidad: generar mercado, políticas públicas, institucionalidad y una cultura productiva.   Advierte con no dejarse llevar con el denominado “emprendimiento”, que el vender un ramito de manzanilla o producir cualquier objeto a través de micro y pequeñas empresas (mypes) signifique tener un buen empleo.

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