El Financiero

Microchip que huele, lo último de la AI

Funciones. El circuito trabaja con neuronas producidas en laboratorio.

Potencial. Con la nueva tecnología, la firma Koniku apunta a desarrollar productos que puedan detectar el cáncer. Foto: elespañol.com

Potencial. Con la nueva tecnología, la firma Koniku apunta a desarrollar productos que puedan detectar el cáncer. Foto: elespañol.com

La Razón (Edición Impresa) / AFP / Arusha (tanzania)

00:00 / 10 de septiembre de 2017

El nigeriano Oshiorenoya Agabi quizá haya conseguido que un día usted pueda saltarse la fila de seguridad en los aeropuertos con un invento revolucionario: un microchip capaz de detectar explosivos sin molestar a los viajeros.

Este científico presentó el 27 de agosto en la conferencia TEDGlobal 2017 (Technology, Entertainment and Design) de Arusha un aparato creado por su start-up (empresa emergente) que puede rastrear con el olfato los explosivos.

Éste es uno de los usos posibles del invento de Agabi, de 38 años, y de su equipo de la compañía Koniku, situada en EEUU.

Mientras los especialistas de la inteligencia artificial (AI, por sus siglas en inglés) luchan por crear máquinas que imitarían el cerebro humano —o, como el inventor de origen sudafricano Elon Musk, tratan de implantar ordenadores en los sesos—, el neurólogo africano ha hallado la forma de hacer trabajar conjuntamente neuronas producidas en laboratorio y circuitos electrónicos.

Dejando de lado el silicio de los procesadores clásicos, y sus límites, asegura haber recurrido directamente al cerebro humano, “el procesador más potente que haya conocido jamás el universo”.

“En lugar de copiar una neurona ¿por qué no recurrir a la propia célula biológica, y utilizarla? Es una idea revolucionaria cuyas consecuencias son inimaginables”, asegura Agabi, licenciado en física teórica en Lagos, doctorado en Londres, y apasionado por la neurociencia y la bioingeniería.

A esta tarea se han abocado el nigeriano y su equipo de genetistas, físicos, bioingenieros y biólogos moleculares, con la esperanza de resolver problemas que van desde la detección de productos químicos o explosivos, o la de enfermedades como el cáncer.

Según Agabi, su invento, “sin precedentes en el mundo”, bautizado “Koniku Kore”, pudo diseñarlo gracias a su capacidad para respirar y olfatear el aire.

Hito. Grandes marcas, según él, creen en su producto, por lo que los ingresos de la start-up pasarán de unos $us 8 millones anuales a 30 millones el año próximo.

Uno de los grandes desafíos ha sido hallar la forma de conservar las neuronas vivas, un secreto que Agabi prefiere no revelar.

Los progresos de la inteligencia artificial y las búsquedas para poner a punto máquinas que se asemejen al cerebro humano dan miedo a algunos. Musk, por ejemplo, advirtió sobre el riesgo de que un día éstas dominen al hombre. Pero Agabi, que creció en Lagos donde ayudaba a su madre a vender comida en las calles, cree que el futuro está más bien en la idea de insuflar vida a las máquinas.

“No es ciencia ficción. Queremos construir un cerebro de neuronas biológicas, un sistema autónomo que posea inteligencia. No queremos construir un cerebro humano”, explica a la AFP.

Se eliminará entre 50% y 60% de los trabajos

ADP/Buenos Aires

La inteligencia artificial hará perder más de la mitad de los trabajos que existen en los países emergentes, pero se generarán nuevos empleos con otras capacidades, afirmó el presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim.

“La inteligencia artificial va a eliminar entre 50% y 65% de todos los trabajos existentes en los países en vías de desarrollo”, afirmó el representante de la financiera internacional al participar del debate “Invirtiendo en los empleos del futuro”.

Sin embargo, aclaró que se generarán nuevos empleos con diferentes capacidades, por lo que en el futuro “la carrera para ser competitivos va a estar relacionada con la innovación”, dijo.

“Esta dinámica vibrante va a generar nuevos trabajos porque nuestra tarea no es tratar de preservar los empleos antiguos, sino crear nuevos que van a necesitar nuevas capacidades”, sostuvo.

Descubren la clave del helado que no se licúa

EFE/Tokio

Científicos nipones descubrieron en las fresas el secreto del helado que no se derrite, un producto que ya se vende en heladerías de Japón y que conserva su forma y su frescor pese al paso del tiempo y su exposición a altas temperaturas.

La clave de la fórmula está en los polifenoles naturales de esa fruta, los cuales “tienen la característica de impedir que el aceite y el agua presentes en los helados se separen”, explicó Saki Edamatsu, del Centro de Investigación para el Desarrollo de Bioterapia de Kanagawa, propietario de la patente.

Los Kanazawa Ice, cuya popularidad se ha extendido como la pólvora a través de las redes sociales y de los que se están vendiendo más de 30.000 unidades al mes, están disponibles para el consumo desde abril en las ciudades de Kanazawa, Tokio y Osaka.

Calor. De textura cremosa, estos postres conservan su forma y no gotean a pesar del paso de los minutos y los 30 grados de temperatura. Algunos se han atrevido a calentarlo artificialmente con secadores y otros artilugios, pero el resultado es el mismo: no se derrite.

Los polifenoles son compuestos biosintetizados por plantas (sus frutos, semillas o tallos) con propiedades antioxidantes y, en el caso de los de las fresas, una extraordinaria capacidad de unión del aceite y el agua, dos elementos presentes en los helados. “Cuando están frías, las dos sustancias permanecen juntas, pero cuando se calientan se separan. Añadiendo el polifenol de fresa es posible mantenerlos unidos, porque impide la separación del agua”, relató Edamatsu.

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