El Financiero

Minamata impone tareas a Bolivia

Alerta. El país importa cada vez más mercurio, pero igual lo exporta de forma ilegal.

Actividad. La minería artesanal aurífera es la que más mercurio usa. Foto: La Razón, archivo

Actividad. La minería artesanal aurífera es la que más mercurio usa. Foto: La Razón, archivo

La Razón (Edición Impresa) / Wálter Vásquez / La Paz

00:00 / 01 de noviembre de 2017

La reciente lucha global contra la contaminación por mercurio impone a Bolivia al menos tres grandes retos para disminuir su responsabilidad como uno de los principales emisores del elemento tóxico en el mundo.

Estas tareas se enmarcan en el Convenio de Minamata sobre el Mercurio, que tiene el objetivo de proteger la salud humana y el medio ambiente de las emisiones y liberaciones del metal pesado y sus compuestos a la atmósfera, al suelo y al agua. El tratado, firmado ya por 128 países y ratificado por 84, entre ellos el Estado Plurinacional de Bolivia, entró en vigencia en agosto de este año y tuvo su Primera Conferencia de las Partes a finales de septiembre en Ginebra (Suiza).

“Por América Latina, estuvieron representantes de Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú, Uruguay y Venezuela”, cuenta el coordinador del Programa de Agua Dulce de la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente (AIDA), Carlos Lozano, quien estuvo en el encuentro.

PLAN. “Más costosa que la acción es la inacción y, a la larga, si los países no hacen nada, el problema va a presionar de forma drástica las finanzas públicas, los sistemas de salud y la posibilidad de un desarrollo sostenible, porque nadie quiere una sociedad contaminada por mercurio”, advierte.

Según el estudio Mercurio en Bolivia: Línea base de usos, emisiones y contaminación, difundido en septiembre del año pasado por los ministerios de Relaciones Exteriores y Medio Ambiente y Agua (MMAyA), el país emite y libera en promedio 1331,1 toneladas (t) del metal pesado al medio ambiente, lo que representa el 6,8% de las emanaciones en el mundo en 2005. No obstante, en 2014 ese porcentaje fue elevado a 12%, lo que convierte al país en el segundo emisor de mercurio en América Latina y el Caribe.

Desde 2005 hasta 2016, las importaciones del elemento químico al mercado nacional se incrementaron 646 veces, de 369 a 238.330 kilos, según el Instituto Boliviano de Comercio Exterior.

“Grandes cantidades de mercurio importados por Colombia y Bolivia son transferidos de manera informal hacia países vecinos como Perú, principalmente para su uso en la minería artesanal y de pequeña escala”, de acuerdo con el reporte Suministro, comercio y demanda global del mercurio publicado este mes por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

“En Perú hay una ley que prohíbe la minería informal. En Bolivia, nuestra legislación es muy laxa y no hay una prohibición específica sobre la actividad”, recuerda Dionisio Garzón, exministro de Minería.

Tres de los principales retos de Bolivia —relacionados con la explotación aurífera artesanal— como signatario de Minamata son: no permitir la exportación de mercurio, salvo consentimiento por escrito del país de destino y para fines autorizados; “reducir y, cuando sea viable, eliminar el uso de mercurio y sus compuestos” en la minería aurífera artesanal, así como “las emisiones y liberaciones provenientes de ellas; y “presentar su plan de acción nacional a más tardar tres años después de la entrada en vigor del convenio”, lo que sucedió en agosto reciente.

IMPACTO. En el país, el sector minero es responsable de cerca del 70% de las emisiones (47% por la aurífera y 23% por la producción primaria de otros metales) y el consumo de artículos con mercurio del 17%, indica el estudio de los dos ministerios bolivianos.

La extracción de oro artesanal y en pequeña escala está presente en al menos una docena de países de Latinoamérica y el Caribe, entre ellos Bolivia, con más de 500.000 personas, de acuerdo con información del convenio.

El Ministerio de Minería y Metalurgia reporta que desde 2006 hasta el año pasado el número de cuentapropistas del sector —que entre 1980 y 2005 creció de 21.000 a 52.720— se incrementó de 54.200 a 122.668 (+126%), mientras que la cifra de trabajadores del rubro privado mediano y chico creció de 6.400 a 6.633 (+3,6%) y la cantidad de empleados del rubro estatal se elevó de 4.726 a 6.827 (+44%).

Espere…

“El uso de mercurio es un problema muy antiguo. El problema es que la minería aurífera está en manos del sector informal, de cooperativas y de pequeñas empresas artesanales” que se dedican a esa actividad y que “con seguridad y mucha frecuencia” emplean el elemento tóxico, afirma Garzón.

Según el Viceministerio de Cooperativas Mineras, 1.115 de las 1.806 cooperativas que hay en el país, es decir el 62%, explotan oro y que “extraoficialmente” el 35% del total cuenta con licencia ambiental y el 42% está en proceso de obtenerla. “Inferimos que por un kilo de oro recuperado se consumen 2 kilos de mercurio”, sostiene.

“Si el Estado no toma el control de toda la cadena de oro”, el problema de la contaminación “continuará”. “La primera medida es controlar la producción aurífera en las zonas” de explotación del mineral precioso, considera Garzón.

ACCIONES. Este medio solicitó una entrevista y envió un cuestionario al MMAyA para conocer más datos sobre la participación de Bolivia en la primera reunión de Minamata y sobre las políticas que implementa el Gobierno para reducir la contaminación con mercurio, pero no obtuvo respuesta hasta el cierre de esta edición.

Pero no solo la minería es causante de este tipo de contaminación. El mercurio también es utilizado en la producción de metales, cemento, papel, artículos médicos como termómetros y barómetros, y en focos, pilas, cremas y jabones, entre otros.

De acuerdo con fuentes institucionales citadas por la estatal ABI, “en el país 78% de cosméticos y jabones tienen mercurio y 17% de equipos farmacéuticos”.

“A la luz del Minamata, los Estados tienen la obligación de impulsar acciones para evitar que esa contaminación siga ocurriendo y, en esa medida, para Bolivia es una oportunidad ser parte del convenio, ya que le puede dar herramientas y cooperación internacional para superar ese problema que en general tienen todos los países andinos”, afirma Lozano.

Cuatro medidas para frenar la contaminación

Wálter Vásquez

El Gobierno debe considerar cuatro acciones prioritarias para poder controlar la cadena del mercurio en el Estado, según un estudio difundido por los ministerios de Relaciones Exteriores y Medio Ambiente y Agua (MMAyA).

Mercurio en Bolivia: Línea base de usos, emisiones y contaminación ve como medidas preeminentes el diseño y aprobación de normas de calidad ambiental que fijen la concentración máxima aceptable del metal pesado para diferentes medios, como agua potable, aguas superficiales, aire y suelo, así como para alimentos y en especial el pescado.

PASOS. También están las acciones y normativas para controlar las liberaciones del elemento en el medio ambiente, como las restricciones a las emisiones de fuentes puntuales en aire y agua, el fomento de las mejores tecnologías disponibles, tratamiento de desechos y restricciones a su eliminación.

El tercer punto está relacionado con acciones y normativas de control de productos con mercurio, como baterías, cosméticos, amalgamas dentales, interruptores eléctricos, químicos para laboratorio, lámparas, pinturas/pigmentos, plaguicidas, productos farmacéuticos, termómetros y otros instrumentos de medición.

Por último se requiere de otras normas, acciones y programas, como los reglamentos sobre exposición al metal en el lugar de trabajo, requisitos de información y notificación sobre uso y liberaciones del elemento en la industria, recomendaciones para el consumo de pescado y medidas de seguridad para el consumidor.

Este tipo de contaminación “hace más lento el desarrollo intelectual de los niños y reduce su rendimiento escolar, lo que tendrá un efecto en la sociedad y a la larga en la economía”, advierte Carlos Lozano, coordinador del Programa de Agua Dulce de la Asociación Interamericana para la Defensa Medioambiental. “Generaciones enteras de la región andina pueden perderse a causa de la contaminación”, agrega.

Los síntomas por esta forma de intoxicación son temblores, insomnio, cambios emocionales y neuromusculares, dolor de cabeza, molestias, cambios en la respuesta nerviosa y déficits en las pruebas de funciones cognitivas. A exposición más alta puede aparecer daño renal, paro respiratorio y muerte.

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