Financiero

PMA innova para luchar contra el riesgo alimentario en Bolivia

El organismo identificó a 1,2 millones de bolivianos vulnerables a este flagelo

Mapa de vulnerabilidad a la inseguridad alimentaria

Mapa de vulnerabilidad a la inseguridad alimentaria

La Razón (Edición Impresa) / Wálter Vásquez / La Paz

00:00 / 15 de junio de 2014

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) desarrolla en Bolivia innovadores proyectos para reducir el número de bolivianos (1,14 millones) que son vulnerables a la inseguridad alimentaria, una labor que año tras año beneficia a cada vez menos personas debido a la falta de recursos.

Con 50 años de presencia en Bolivia. el PMA comenzó en 2013 su cuarto Programa País o marco de cooperación para el desarrollo, que terminará en 2017.

“Comparado con lo que hacemos como PMA en otros países, todo lo que hacemos en Bolivia es bastante innovador”, dijo a La Razón el director del Programa Mundial de Alimentos en el país, Paolo Mattei.

Este programa, que redujo su presupuesto de $us 20 a 12 millones, se ejecuta en los municipios más pobres identificados en el mapa de Análisis y Cartografía de la Vulnerabilidad a la Inseguridad Alimentaria (VAM), “actualizado el año pasado con datos a 2012”. Los proyectos del organismo de Naciones Unidas apoyan la mejor alimentación en la edad escolar y en la etapa de gestación a través de iniciativas sociales y productivas.

El PMA, por ejemplo, incentiva la economía de un municipio a través de la compra de la producción preestablecida de pequeños agricultores para la alimentación escolar, necesidad que ha permitido también la creación de emprendimientos que transforman el trigo en harina, las habas en galletas o el maní en mantequilla.

“No solamente se produce, se transforma y se vende al municipio o a la escuela misma para el desayuno o almuerzo escolar”, indicó Mattei.

La innovación también se aplica en el caso de las embarazadas, quienes tienen que transportarse grandes distancias para realizar su control prenatal y cobrar su bono Juana Azurduy, que paga a las madres Bs 1.820 en un periodo aproximado de 33 meses (desde la gestación hasta que el niño cumple dos años).

“Las mujeres no cobran su Juana Azurduy, porque muchas veces el costo de transporte es mayor al valor del bono entregado”. Sin embargo, “si además del bono les damos una ración de alimentos, las mamás sí van, con lo que se cumplen los objetivos nutricionales y de salud del Gobierno”, expresó el ejecutivo del PMA, organismo cuyos recursos provienen exclusivamente de los donantes.

Este tipo de proyectos tiene una contraparte de los gobiernos central o subnacionales y se efectúan principalmente en Pando, Chuquisaca y Potosí, donde al menos seis de cada diez municipios tienen una alta vulnerabilidad. “Mientras más pequeño y más alejado sea el municipio, menos recursos recibe de la coparticipación tributaria y de las transferencias del Gobierno”, explicó  Sergio Torres, jefe de programa del PMA.

En Bolivia, 102 de sus 339 municipios son altamente vulnerables a la inseguridad alimentaria, es decir, 1,14 millones de personas enfrentan problemas para encontrar alimentos en sus regiones, para contar con recursos que les permitan adquirir comida de calidad y para consumir una cantidad suficiente de nutrientes.

Además de calcular un índice global de vulnerabilidad, el VAM permite ponderar subíndices de vulnerabilidad en las dimensiones de disponibilidad, acceso y uso de alimentos. La metodología empleada, permitirá actualizar el mapa “cada tres años”, sin depender exclusivamente de la información censal. Con esto se buscará acelerar el impacto de los proyectos.

“Tenemos el objetivo final de dar sostenibilidad a nuestros proyectos. No queremos estar en un municipio con vulnerabilidad alta toda la vida”, remarcó el director del PMA.

Interés del vam en la política pública

Los resultados que se observan en el mapa de Análisis y Cartografía de la Vulnerabilidad a la Inseguridad Alimentaria (VAM), originada en una metodología desarrollada por el PMA, se constituyen en una herramienta de apoyo en la toma de decisiones y en la planificación del Gobierno, permitiendo priorizar y establecer estrategias en los programas de lucha contra la inseguridad alimentaria en el país. El estudio contó con el apoyo del Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras y la Unión Europea.

Bolivia no es prioridad para los donantes

El problema principal que enfrentamos es la obtención de recursos. Con menos dinero, hay que reducir la canasta de alimentos que distribuimos, el número de beneficiarios y el número de comunidades asistidas.

No es fácil conseguir todos los fondos que necesitamos para implementar nuestros proyectos. Por un lado, hay una crisis económica mundial y el dinero de la cooperación disminuye. Por el otro, los donantes tienen claramente otras prioridades y destinan sus pocos recursos a Siria o República Centroafricana, países que tienen crisis de alimentos más graves. Bolivia no es una prioridad, así que los recursos van disminuyendo año tras año.

Por ejemplo, en el ciclo anterior (2008-2012) teníamos un presupuesto de $us 20 millones de los que solo conseguimos 12 millones, así que el actual presupuesto es de ese mismo monto, 40% menos que el anterior, lo que significa reducir las áreas geográficas donde trabajamos. Las necesidades son muchas, pero los recursos son pocos.

Paolo Mattei

es director del PMA en Bolivia.

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