El Financiero

La Paz, mi ciudad

Hoy me ratifico dishendo que La Paz es una gran chola con polleras monumentales que nos cobija con gran tolerancia a todos.

La Paz, mi ciudad. Foto: La Razón

La Paz, mi ciudad. Foto: La Razón

La Razón (Edición Impresa) / Manuel Monroy Chazarreta / La Paz

00:00 / 30 de julio de 2017

Quieres que escriba algo sobre La Paz, mi ciudad? Grave, che. No vivo sus calles hace ocho años, no palpo su noche hace una década. Por eso, si sale oscuro, clarito va ser.  

Es cierto, hace unos meses que camino en minibús, también camino en teleférico, feliz, volando el mar aéreo en su silencio circular, surfeando por su sol andino, y me conmueve como siempre la muelita del diablo con el Tata Illimani que le hace seguimiento de reojo. Hoy me ratifico dishendo que La Paz es una gran chola con polleras monumentales que nos cobija con gran tolerancia a todos, al paceño de La Paz, al vasco paceño, a los tupiceños ch’ukutas, a todos los gringuitos que quieren tomar shop en jarra, a los gauchitos paceños que dicen estoy orgulllloso de ser tan humilde, a los jailones comentando que ese sonidista al Grillo lo hace rebuznar (rebuznar con r de gringo). Eso sí, la pollera está cada vez más extendida y alberga con sapiencia al chofer del minibús autista en su cumbia cojuda, al joven taxista mudo en su préstamo, a la señorita alteña que no sabe cómo va a alquilar su traje, en medio de este ch’enko total cada vez más intenso, maravilloso, dramático, malhumorado, sorprendente Chuquiago Market que te amo, por tu pulsación milenaria, tu intemperie de cárdeno, tu artesano vital, tu plurimultitutifrutti interculturalidad.

— Alumnos, hagan parejas de a tres, grita la profe del kínder de al lado que me acuna en esta siesta tensa con Javier Soliz de fondo cortándose las venas. De Laikacota salen a marchar todos los Sirpas de Saenz, salen de sus cavernas luminosas con dinamita y esto se ha jodido, el pueblo unido, que queremos un salario sin quejido, maldicen, tiemblan los edificios, mientras la casera le dice a su guagua ¡cerrá la boca y comé!

— Papirri, qué dishendo no me quieres hablar pues, se acerca el Kencha Terán con su pucho imperecedero, está más viejo, ojeroso. Entonces me saluda una señorita bien nomás y el Terán dice esa flaca me cae gorda, comienza a putear contra todo, contra el Gobierno, contra la oposición, cómo pues no va haber pobres, tiene que haber, sino para qué entonces vamos a seguir luchando, discuten, pugnan sus ideas con Don Enredoncio y, por suerte, se olvidan de mí. Grandes discusiones paceñas siempre metafísicas y palaciegas, porque aquí, en La Paz, se define el país y un indígena aymara tomó el poder hace una década les guste o les asuste y hoy se sienta en la silla colonial del kilómetro 0 de la plaza Murillo gracias a los mochilazos de los llock’allas del Ayacucho.

Gran Pedro Domingo Murillo, che oyes, valiente cholo paceño que desafió al imperialismo y lo colgaron. Villarroel también desafió al imperialismo y lo colgaron, creo que últimamente me está escociendo mi cuello, por eso en este almuerzo de confraternidad paceña me k’onaneo, lanzo unas palabras emocionadas y me declaro: paceño, stronguista y antiimperialista, mientras mi cierre se abre y la mesa enterita se da la vuelta y me da la espalda, el círculo del cacho me hace buling, es que en La Paz, cuando chupas, tienes que ser básicamente chankilo, si te alteras solo nos resta seguir sumando, sin embargo otra vez me abren cancha cuando les cuento que al cura Pérez le dije ayer: Gusto de verlo, hombre invisible.

Sí, mi La Paz está medio emputada. También… dos minibuses hay que tomar para ir a laburar… por eso bien preocupado estoy, pero qué me importa, porque en el fondo soy bien superficial. Estoy caliente con este frío, digo, y justo llega el Richi con su singanito y la noche se enciende como antes desde el anticucho matapena, las laderas son un arbolito de Navidad sempiterno, en el preste se están meando los impuestos, el Tigre no kere shempre clasificar a cuartos y la marcha grita estos ecologistas son una plaga. Sí, mi La Paz está pletórica, sobre todo en sobretodo y cuando bajas en el ala delta popular del teleférico y sientes que ronceas ya no como thanta surfista, más bien como loco metalero, porque hoy Llojeta está vestida de violeta y mis padres se besan apasionados en su tumba fecunda. Un poco me aburre tanta morenada, un poco me hace sufrir el invierno, un poco puedo tomar, un poco puedo comer, hartito puedo cascar… ¡Todavía! grita el maestro Coaquira desde su móvil, por eso con los Octavia en la Verbena te vamos hacer un homenaje póstumo en vida, ¡Papirri…! Y se va.

Jallalla La Paz, cuna de valientes, tumba de tiranos, bar de malhumorados, cama del alteño, sillón del banquero y demás acullicos, mejor no me hagan recuerdo porque el futuro ya no es como antes. Qué más quieren que les cuente de La Paz, mi ciudad… Básicamente que la consulta previa la haremos después. Hey dicho.

  • El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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