El Financiero

Siria, ficha clave en el ajedrez de Oriente Medio

Al Assad en la mira de occidente

La Razón / Carlos Décker Molina es periodista y reside en Suecia

00:00 / 19 de febrero de 2012

Siria es una buena síntesis de lo que son, en mayor o menor medida, los países del Cercano Oriente, un mosaico de etnias, tribus y clanes que no alcanzaron a dibujar sus propios territorios. Hoy tienen fronteras heredadas del colonialismo, son fichas geopolíticas del ajedrez mundial desde la desaparición del imperio Otomano hasta el 11-S; hoy están en abierta pugna interna por ser menos parias aunque no sé si más libres.

A mi paso por Siria en los años 90 quedé sorprendido por el silencio político, periodístico y cultural; todos susurraban, la mayoría callaba. Sin embargo, encontré que los cristianos ortodoxos, sobre todo en Alepo, la segunda ciudad en importancia, vivían mejor que en Líbano, donde habían guerreado por su subsistencia. Igual que los “nucas planas”, es decir, los alawitas, una minoría radicada sobre todo en el puerto Lataqiya que alguna vez fue una suerte de capital de una república “inventada” por los franceses. Los alawitas son una secta que pertenece a una lejana rama shiita del Islam; acostumbran a festejar la Navidad, beben vino y blasfeman, el Corán es un libro sagrado que no leen ni repiten las suras de memoria, como sus primos sunitas, estos últimos los más numerosos de la población de Siria.

Los alawitas, siendo la tribu más pobre y menos protegida, es la que hoy gobierna, gracias a su tesitura frente al ocupante francés. Los galos reclutaban milicias para su ejército, los sunitas y los cristianos hicieron lo que ya practicaron cuando el imperio Otomano: sobornar para evitar el servicio militar. Los alawitas, al contrario, asistían a los cuarteles por simples razones de subsistencia, que, además, era única vía para labrarse un futuro. Cuando Francia dejó Siria, los mejor preparados en la administración y las armas eran los alawitas, que además ha sido una tribu muy tolerante con los occidentales, quizá los mejores aliados en una zona muy hostil.

Las alianzas internacionales no siempre son entre demócratas, por eso que occidente toleró a las familias de autócratas como la de los Assad. Siria se alió con occidente en la primera Guerra del Golfo, luchó encubierta y abiertamente contra Sadam Hussein y finalmente fue sirviente traicionado de George Bush en su guerra contra el terrorismo. La Policía secreta de Bashar al Assad mandó listas de fundamentalistas a la CIA (Agencia Central de Inteligencia, traducido del inglés) de Estados Unidos, a cambio Bush no les dio el trato que esperaban en su lucha contra Israel por recuperar las alturas del Golan ocupadas desde la guerra de los seis días (1967).

Siria es el brazo largo de Irán y su teocracia, sostiene dos grupos extremistas importantes en la región: la milicia chiita Hezbolá, que opera y controla gran parte de Líbano (en 1995, mi traductor y yo estuvimos detenidos en su cuartel) y que hostiga a Israel, y el grupo palestino de Hamás, que recibe financiamiento de Irán a pesar de pertenecer a la rama sunita. Desde que comenzaron los disturbios en Siria, la oficina que Hamás tenía en Damasco se trasladó a Egipto, pero sus contactos políticos siguen vigentes.

La oposición Siria es variopinta, la presencia más coordinada es la de los Hermanos Musulmanes, que son de la rama sunita (80%), por su cantidad y organización están enfrentados a la hegemonía chiita de Irán que intenta asumir el liderazgo regional; por eso Teherán ayuda a Siria incluso con presencia militar y asesoramiento.

Al Assad cuenta con el apoyo de la clase media, del ejército, la Policía secreta y de Irán. Se defenderá agudizando las contradicciones tribales y religiosas. Intentará sacar el conflicto de la dicotomía democracia-dictadura para llevarlo al campo del enfrentamiento religioso entre musulmanes chiitas y sunitas y cristianos ortodoxos. Si Al Assad logra torcer la realidad, la lucha se puede expandir al Líbano, donde ya se han registrado balaceras entre sectas musulmanas. La guerra asimétrica se puede expandir a Egipto, aunque el peligro actual es Irán e Israel. El cierre del estrecho de Hormuz abriría la puerta a la guerra. Benjamín Netanyahu lanzaría sus bombas en junio y con ello evitaría la reelección de Barack Obama.

Siria, Irán e Israel pueden patear el tablero de ajedrez de una región inestable y obligar al Presidente de Estados Unidos a hacer algo que no quiere.

¿Por qué China y Rusia son sus aliados?

El 7 de enero ancló en el puerto de Tartus el portaaviones Almirante Kuznetsov, en una verdadera demostración de fuerza de Rusia en el Mediterráneo y de cara a su apoyo a los Al Assad de Siria.

El puerto de Tartus, el segundo de Siria después de Lataqiya, está a unos 150 kilómetros al noroeste de Damasco. Acoge a la única base militar de Rusia en el extranjero. Fue construido por la Unión Soviética en plena Guerra Fría. Sirve todavía como base de abastecimiento para las naves de la flota del Mar Negro y otras unidades rusas que se encuentran en travesía por el mar Mediterráneo.

Los rusos tienen un contingente dependiente de su Ministerio de Defensa que, entre civiles y militares, suma más de 500 personas.Si Al Assad cae, los nuevos gobernantes no olvidarán tres hechos: las armas con las que la familia Assad mata a los civiles son de manufactura rusa. Rusia pudo ayudar a la oposición gestionando un cambio ordenado. Y, pudiendo abstenerse, votaron en contra de la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU.

La respuesta de los posibles gobernantes será echar a la flota rusa del puerto de Tartus con lo que la ex URSS perdería su última ficha internacional en un mar clave como el Mediterráneo.

Los chinos votaron en contra por el viejo principio de no intervención en los asuntos internos de otro Estado, además ellos tienen muchas Sirias dentro su territorio, citamos sólo el caso del Tibet como el mejor ejemplo.

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