El Financiero

Theodor Friedrich: 'Solo el 11% de los cultivos son sostenibles y a la vez rentables'

El Representante en Bolivia de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sostiene que muchos de los problemas ambientales actuales podrían superarse con la Agricultura de Conservación, una forma de producción sostenible y rentable dirigida a mejorar en especial el sustento de los agricultores.

Carrera. Friedrich llegó al país luego de una misión de cinco años en Cuba.

Carrera. Friedrich llegó al país luego de una misión de cinco años en Cuba. Fotos: Christian Calderón

La Razón (Edición Impresa) / Wálter Vásquez / La Paz

10:00 / 21 de marzo de 2018

La primera semana de este mes, los 33 países miembros de la Conferencia Regional para América Latina y el Caribe de la FAO se reunieron en Jamaica para abordar el incremento del hambre en la región, el estancamiento en la reducción de la pobreza rural y el creciente impacto del cambio climático en los sistemas agrícolas y medios de vida rurales.

— ¿A qué se debe el estancamiento en los últimos años en la reducción de la pobreza en el área rural de Latinoamérica?

— Esta región es la que más ha avanzado en el mundo en la agenda del hambre y la pobreza. Sin embargo, la disminución de ambos indicadores se estancó desde 2013 y desde 2016 volvieron a subir, aunque muy ligeramente. Y eso se debe a una serie de razones, entre éstas la contracción de la economía en el mundo. Esto obviamente deja menos espacio fiscal, menos recursos a los países para atender a los sectores vulnerables. Así que tenemos que seguir presionando por esta atención, que en la región todavía es muy alta en temas de hambre y pobreza, sobre todo de pobreza en el área rural, donde los pobres son los que mayormente producen sus propios alimentos y los que más se ven afectados por el cambio climático. Este fue uno de los temas mayores en la Conferencia Regional, orientar la producción de alimentos hacia una agricultura resiliente al cambio climático, a una agricultura más remunerativa para los campesinos, indígenas y familias, más atractiva en términos económicos, para no solamente luchar contra el hambre, sino también contra la pobreza rural. Porque sí, vamos a tener que continuar con los programas sociales para atender los sectores vulnerables, para mejorar su acceso al alimento, que hasta ahora era el enfoque mayor en la región y la causa por la que se avanzó tanto en la lucha contra el hambre y la pobreza. Pero vemos que con la economía global eso tiene sus límites y, por lo tanto, tenemos que mejorar la forma en que estos sectores pobres puedan participar en la economía del país y así levantarlos de la pobreza y al mismo tiempo combatir el hambre.

— ¿Qué datos tiene sobre el estancamiento en la reducción de la pobreza en el país?

— Bolivia ha sido uno de los países de la región que con más velocidad redujo el hambre y la pobreza, aunque ahora también este desarrollo se estancó aparentemente (...). Por lo tanto, tenemos que buscar otras respuestas a este tema. El país tiene programas orientados a luchar contra ambos problemas, pero creo que todavía podemos esforzarnos más en la modernización de la agricultura, hacerla sostenible —ya que hasta ahora es insostenible en vista del calentamiento global—, hacerla productiva y resiliente al cambio climático, que fortalezca la economía rural y permita el acceso de los sectores campesinos, indígenas y familiares a tecnologías y conceptos modernos.

— ¿Esta propuesta se analizó en la conferencia de la FAO?

— Estuvo incluida. La FAO está trabajando en este tema desde hace muchos años, promoviendo un tipo de agricultura que es completamente diferente a lo que conocemos en el mundo y que da las respuestas a las amenazas, a los retos actuales del calentamiento global. Hablamos de la adaptación y la mitigación del cambio climático con base en la Agricultura de Conservación, que no perturba el suelo —que es el segundo mayor sumidero de carbono del mundo—, que lo cubre permanentemente y que rota los cultivos. Además, la integramos a la producción ganadera y forestal. Esta forma de manejar los suelos de forma diferente funciona, mejora la producción y la productividad del sector sin degradar la tierra, y se puede adaptar tanto a la pequeña como a la gran producción (...). Con este modelo, los suelos de las áreas rurales absorben mejor el agua, lo que significa menos inundaciones que afecten las ciudades. Así estamos reconectándonos con los conceptos ancestrales de los indígenas de la sierra, que sembraban con su chaquitaclla antes que llegue el arado; nada más que hoy aplicamos ese mismo concepto con tecnologías modernas (...). Si se implementa bien, se ven resultados en áreas de sequía a partir de un año y entre dos y cinco años después en zonas golpeadas por inundaciones.

— ¿Este nuevo modelo de producción es entonces de aplicación urgente en el mundo?

— Sí.

— ¿En cuántos países se emplea hasta el momento?

— Hasta ahora hemos alcanzado 11% del área agrícola del mundo, 180 millones de hectáreas. Las áreas más viejas tienen al menos 50 años, pero en los últimos 20 años hemos visto una adopción acelerada del modelo, aunque a un paso demasiado lento para enfrentar los problemas reales. Ahora crece a un ritmo de 10 millones de hectáreas al año, pero es un proceso complejo porque necesita un cambio de paradigma, tanto en los campesinos como en los políticos y científicos (...). Hay países de Asia y África donde esto avanza mucho porque el sector político ya se interesó, pero infelizmente en los países andinos y en Centroamérica, que más problemas tienen de erosión, sequía e inundaciones, todavía no avanza mucho.

— ¿Cuál es la situación en el país?

— En Bolivia este tipo de agricultura entró a Santa Cruz por emigración de Brasil, pero está mal implementada debido a su complejidad. Todavía aquí en el país no ha llegado a la sierra ni al campesinado pequeño ni a las regiones secas de Oruro o de Potosí, donde los productores ya tienen cada vez menos resultados.

— Aparte de voluntad política, ¿qué se requiere para implementar esta nueva agricultura?

— Básicamente hay que crear conciencia en este tema y promoverlo porque es un poco más complejo. Cada campesino tiene que desarrollarlo según su experiencia, para lo cual necesitamos organizaciones, capacitaciones en grupos y, al mismo tiempo, trabajar en el sector educativo y científico. Los científicos tienen que trabajar en función de ese tipo de agricultura y el sector político tiene que apoyarlos para evitar contradicciones en las políticas.

— Son entonces procesos que toman tiempo...

— Sí y ese también es un problema, porque en países democráticos los gobiernos duran cuatro o cinco años y la implementación del modelo en un país puede tardar de dos a 10 años. En Cuba, solo la negociación para la aplicación de esta agricultura tomó cinco años y se necesitarán de otros cinco para implementarlo.

— ¿Ha comenzado la FAO a trabajar con el Gobierno boliviano en la implementación de este tipo de producción de alimentos en el país?

— Todavía no. Esa es mi tarea.

— ¿A qué acuerdos se han llegado en la Conferencia Regional sobre este tema?

— Por lo menos no hemos visto oposición o desacuerdo. Ahora depende de los países si adoptan este modelo y a qué velocidad, porque hemos visto que en muchas conferencias internacionales se llegan a acuerdos, pero su implementación toma tiempo. La COP 21 (2015) fue la primera que puso agricultura en la mira del cambio climático y la COP 23 (2017) la definió más, pero todavía no vemos acciones de campo.

— Esperemos entonces que de una vez los países se pongan manos a la obra en este tema...

— Yo tengo la esperanza de que en Bolivia (se implementará este modelo), porque el Gobierno le pone mucha atención a temas de indígenas, del campesinado, de la agricultura familiar, del hambre, de la pobreza. Vemos que esta es una oportunidad de realmente cambiar algo, porque si seguimos haciendo las cosas como siempre las hemos hecho, no tendremos los resultados esperados.

Perfil

Nombre: Theodor Friedrich

Profesión: Ingeniero agrónomo

Cargo: Representante de la FAO en Bolivia

Promotor de un nuevo agro

Es ingeniero agrónomo y doctor en Mecanización Agrícola de la Universidad de Gotinga (Alemania). Fue gestor de desarrollo rural y consultor en Ecuador y académico, profesor universitario e investigador en Alemania y Siria. Trabajó también en países como Pakistán y Nicaragua con la cooperación bilateral alemana. Tiene una carrera de dos décadas en la FAO. A partir del 1 de febrero de este año es el representante de esa instancia de la ONU en el Estado Plurinacional.

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