El Financiero

El análisis económico desde la fe considera también al ser humano

Gary Rodríguez. El Gerente General del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), conformado por siete instituciones empresariales del país, realiza un acercamiento a su más reciente obra, en la que se identifican las oportunidades de desarrollo que tiene Bolivia, además de sugerencias para satisfacer las necesidades de la gente, principalmente educación, salud y empleo digno. La obra está disponible en Santa Cruz en la librería Café Ateneo y en La Paz y Cochabamba en la librería Gisbert.

Gary Rodríguez

Gary Rodríguez Fotos: Pedro Laguna

La Razón (Edición Impresa) / Wálter Vásquez / La Paz

00:00 / 30 de abril de 2017

El 12 de abril, Gary Rodríguez presentó Buscando la verdad, reflexiones sobre economía y la vida a la luz de la palabra de Dios (2012-2016), una compilación de 212 columnas publicadas durante el último quinquenio que abordan la economía, la agrotecnología y la espiritualidad desde los conocimientos académicos, profesionales y de fe del economista, quien es también pastor evangélico. 

— ¿Cuál es la esencia del libro Buscando la verdad?

— Desde el título está aclarado que se trata de reflexiones, críticas y propuestas con relación a cómo debería encararse el manejo de la política económica, cómo deberían encararse el desafío de producir más y mejores alimentos sin afectar el medio ambiente y cómo llenar ese gran vacío interno que tienen las personas desde el punto de vista espiritual. Todo con el fin de que el día de mañana mejore la calidad de vida de los ciudadanos.

— ¿El análisis que hace sobre temas económicos está exento o no de la fe que usted tiene?

— Todos los artículos que he planteado a lo largo de este tiempo —y esta es una confesión de autor— han sido escritos previa oración a Dios para recibir su inspiración (...). En mí no está hacer daño a nadie, sino todo lo contrario, aportar a una mejor gestión del empresario, del gobierno y del individuo en su cotidianidad.

— ¿En qué se diferencia un análisis económico regular de un análisis realizado con el enfoque de la espiritualidad?

— Para mí, las políticas públicas tienen que estar al servicio del hombre y los modelos (de desarrollo) tienen que satisfacer desde sus necesidades básicas hasta las secundarias, y por eso mi gran preocupación como cristiano que soy es que siendo un país muy rico tenemos mucha pobreza. Todas las noches, casi 2 millones de personas se van a dormir con hambre pese al avance que ha habido en material social durante los últimos 10 años. Algunos economistas pueden quedarse solo con la macroeconomía, con un resultado economicista, y decir que las cosas están bien cuando los números grandes están bien, pero cuando el análisis se hace desde el punto de vista del hombre que la pelea cada día de su vida, no es suficiente estar bien macroeconómicamente sino también en lo micro y par eso proponemos un desarrollo que implique crecimiento económico más mejora social.

— Bajo esa lógica, ¿cuál es el papel de la fe en el camino hacia el desarrollo sostenible de una economía como la boliviana?

— He tenido el privilegio de estar mucho tiempo en la institución (IBCE) y aportar con algo a su visión. Lo que nosotros como institución promovemos es el desarrollo del país basado en una producción económicamente viable y ambientalmente sostenible —para no comprometer las generaciones futuras—, además de socialmente responsable. Eso quiere decir que el hombre, la sociedad, sea depositaria de los beneficios de la explotación de los recursos que Dios ha puesto a nuestra disposición y de todo emprendimiento público o privado. De esa manera podríamos hacer algo bastante distinto a lo que se ha hecho hasta el día de hoy.

— Los componentes éticos de la religión pueden también incidir positivamente en el avance de una economía...

— Definitivamente. Una de las partes en las que he insistido es en el temor de Dios, que nos lleva a la integridad, a ser éticos, a ser cuidadosos en la toma de las decisiones. La Biblia dice que toda autoridad es puesta por Dios y que debe ser respetada; por lo tanto, nosotros tenemos que colaborar desde el lugar donde estamos con esa autoridad buscando el bien común. Sobre las autoridades la Palabra dice que al que más se le da más se le va a exigir y por eso siempre he llamado al temor de Dios, a la justicia, a la solidaridad.

— Desde esa perspectiva, ¿cómo sintetiza el actual desarrollo económico del país?

— Rescato de todo este tiempo como lo más valioso la inclusión social y las políticas públicas en favor de los desvalidos, pero cuestiono su sostenibilidad y la profundidad que han tenido, porque en una década de oro como la que hemos vivido se pudo haber hecho muchísimo más. Hubo también un gran avance del PIB, de las exportaciones, pero se ha sacrificado a sectores productivos para mantener la estabilidad y la inflación. No se ha incrementado la formalidad en el país. Se ha perdido la oportunidad de oro que tuvo Bolivia para ensanchar y modernizar la base de la pirámide productiva y no se dio un paso valiente en lo que respecta al uso de la biotecnología. Así que por el momento la gran duda es cómo hacer que los millones de personas que han salido de la extrema pobreza y de la pobreza no vuelvan a ella. Para ello planteamos que no es suficiente la inversión pública, sino que es necesario integrar también la inversión privada nacional y extranjera, y para eso hemos propuesto siempre tres cosas: seguridad jurídica, seguridad de mercado, que involucra la libre exportación, y políticas acordes a las demandas de los actores del desarrollo y los mayores empleadores, que son los empresarios.

— ¿Qué se espera para el futuro?

— Estamos ante un escenario internacional político y económico impredecible y varios de nuestros indicadores macroeconómicos “estrella” se han deteriorado (...). De cara al futuro hay fuertes preocupaciones, entre ellas la inflexibilidad del tipo de cambio, que está contribuyendo al déficit comercial, y la desindustrialización de varios sectores. Frente a aquello proponemos acciones y políticas públicas para el florecimiento de un sector que puede llenar a mediano plazo el vacío que ha dejado el modelo primario exportador extractivista de hidrocarburos y minerales, de un sector que es renovable, de mucho valor agregado y de efectos multiplicadores en la economía: el segmento agropecuario, agroindustrial y agroexportador. El acople de la Agenda del Bicentenario del Gobierno con la Agenda Productiva 2025 del sector privado puede sacar al país de esta situación de menor crecimiento y de crecimiento con endeudamiento.

Perfil

Nombre: Gary Antonio Rodríguez Álvarez

Profesión: Economista

Cargo: Gerente General del IBCE

Economista y pastor

Obtuvo su licenciatura en Economía y su maestría en Comercio Internacional en la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno. Estudió Teología en la UNPI e hizo un Diplomado en Liderazgo con la Universidad Militar Mcal. Bernardino Bilbao Rioja. Por 20 años fue asesor de delegaciones gubernamentales en negociaciones internacionales. El laureado economista es también docente universitario, columnista en medios impresos y autor y coautor de obras. Es, asimismo, Anciano y Pastor en el Centro Cristiano Evangélico “Casa de Oración”, donde sirve como consejero matrimonial con su esposa, la economista y pastora Jannet Velasco.

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