El Financiero

‘La burocracia en niveles intermedios hace imposible una Bolivia moderna’

Daniel Sánchez. A pocos días de terminar el año, el reelecto presidente de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia (CEPB) realizó un breve balance de las dificultades y logros que registró el sector durante la gestión 2013 e identificó el principal reto para el próximo año: la comunicación estratégica entre el Ejecutivo y el sector empresarial. Sánchez subrayó que son los funcionarios de medio nivel del Gobierno quienes llegan a “perjudicar” el desarrollo del país.

Entrevista. Sánchez, presidente de la CEPB desde 2010, recibe a La Razón  en su despacho. Foto: Eduardo Schwartzberg

Entrevista. Sánchez, presidente de la CEPB desde 2010, recibe a La Razón en su despacho. Foto: Eduardo Schwartzberg

La Razón (Edición Impresa) / Wálter Vásquez

00:00 / 22 de diciembre de 2013

— ¿Cuáles fueron las principales dificultades que enfrentó este año el sector privado?

— Las de siempre: la presión impositiva; el contrabando, que va matando a las industrias locales, y el excesivo control gubernamental, que hace que los sistemas productivos se vayan frenando (...). Hay mucha pesadez y lentitud en la burocracia intermedia (del Gobierno), ésa que viene desde los viceministros y directores hasta los jefes de departamento, los que están rodeados de asesores y los que no encuentran consenso entre ellos mismos (...). La ejecución de obras está definitivamente rezagada por la falta de visión de este sector de la burocracia estatal, que lo único que hace es perjudicar el avance y crecimiento del país.

— ¿No hubo avances para la solución de estos problemas?

— (La burocracia) es un mal que arrastramos hace muchos años. No hay en la línea de mando intermedia con capacidad de resolución de problemas—desde trámites muy simples hasta la adjudicación de obras millonarias— y su capacidad de tomar decisiones está muy limitada por normas como la ley (anticorrupción) Marcelo Quiroga Santa Cruz. La tramitología es la que marca la verdadera situación: un país con verdadero potencial, pero con una burocracia estatal en niveles medios e intermedios que hacen imposible una Bolivia moderna.

— ¿Cómo afecta esta situación la aplicación de la aprobada Ley de Servicios Financieros y la futura Ley de Inversiones?

— Con la Ley de Servicios Financieros ocurre lo siguiente: una vez que se arregla la parte grande, volvemos a caer en manos de este tipo de burócratas que generalmente reglamentan y dan viabilidad al funcionamiento de esas normativas. Es decir, podemos tener las mejores leyes, pero mal llevadas por los funcionarios de la burocracia media e intermedia, la cual agarra tanto y tan descontroladamente el poder que termina arruinando las leyes y perjudicando al país. Para la Ley de Inversiones todavía se están haciendo las consultas a fin de tomar las mejores partes de las leyes de inversiones de otros países y construir la nuestra. Sin embargo, eso no va a significar que de pronto llegue la inversión extranjera por millones porque, reitero, puede ser la mejor ley del planeta, pero si no se tiene la capacidad de reglamentarla o ejecutarla de forma medianamente razonable no va a funcionar por muchos esfuerzos que se hagan.

— Entonces, ¿cómo se han relacionado con el Ejecutivo?

— Algunos funcionarios pierden totalmente la perspectiva y creen que le hacen un favor al Gobierno dándole palo al empresario. Por ejemplo, no nos cobran lo justo sino más de lo que se debe en impuestos y multas (...). Los ingresos del Servicio de Impuestos, la ATT y la Aemp son más por multas que por la propia recaudación (tributaria), eso es ya irracional.

— ¿A cuánto ha llegado la inversión del sector en esta gestión?

— La inversión privada (boliviana) no ha sido menor a los $us 1.200 millones en los últimos tres años y no será diferente en el próximo. Pero esta inversión podría ser mayor si la burocracia intermedia registrara todos los emprendimientos del sector. En el país hay alrededor de 300.000 unidades productivas registradas con Número de Identificación Tributaria (NIT), en el Ministerio de Trabajo no hay más de 12.000 empresas inscritas y en el registro de comercio no existen más de 80.000 empresas, entonces, hay una gran distorsión que tergiversa las cifras.

— ¿Puede destacar algunos logros del sector empresarial?

— Si hablamos en un sentido netamente productivo, las empresas han estado trabajando casi al tope en su capacidad y han mejorado su productividad pese a que han habido algunas medidas no consensuadas como los incrementos (salariales) y el segundo aguinaldo, que generan inestabilidad. La planificación que ya se tenía queda pues sin ningún efecto cuando se realizan cambios tan traumáticos.

— ¿Cuáles son las perspectivas económicas para 2014?

— No ha sido malo este año, ha sido bastante bueno y el año anterior también (...), pero ya no es tan fácil planificar las cosas. La industria, el comercio, la informalidad y el propio contrabando se han vuelto mucho más competitivos. Entonces, si no llegamos a elaborar un plan estratégico que permita mejorar la formalización, controlar más las fronteras y generar un clima de negocios más atrayente vamos a seguir en la misma inercia en la que estamos ahora; el país va a crecer porque tiene que crecer, porque la economía de los minerales y el gas es importante y va a seguir siéndolo, pero al final de cuentas no dejamos nada para el futuro y nos comemos todo el presente.

— ¿Se planifica el desarrollo de forma conjunta?

— Se han ido planteando temas en las últimas reuniones (entre Gobierno y empresarios), pero para la ejecución como tal falta bastante. Esta ‘carrera’ no termina nunca porque cada vez que (el Gobierno) tiene un problema saca de discusión un tema que ya se estaba tratando para incluir otro. Lo que se debería hacer es delegar un par de ministros para que solucionen solo los temas de desarrollo económico y los otros ministros que resuelvan los conflictos sociales. La planificación de gestión debería ser conducida, por lo menos a partir de 2014, a través de un canal mucho más rápido.

— Entonces, ¿cuál es el reto?

— La comunicación estratégica debería ser la prioridad de todos. Entendernos y comunicarnos estratégicamente para alcanzar el principal objetivo que es mantener el crecimiento económico del país, porque ni al propio Gobierno le interesa administrar pobreza (...) y para administrar riqueza es necesario comunicarse.

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