El Financiero

Las defensas fiscales de América Latina deben recomponerse

Luego de haber adoptado políticas fiscales expansivas para mitigar los efectos de la crisis global de 2008–09, ha llegado el momento de recomponer las defensas fiscales en América Latina, plantea Teresa Dabán en el blog Diálogo a Fondo del FMI.

Sede. El edificio de la sede del FMI está en Washington DC, Estados Unidos. Tiene 187 países miembros.

Sede. El edificio de la sede del FMI está en Washington DC, Estados Unidos. Tiene 187 países miembros. Foto: internet

La Razón / Svetlana Salvatierra

00:00 / 19 de febrero de 2012

Dabán es Economista Principal en el Departamento del Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI). Trabaja para el equipo de la República Dominicana. Su agenda de investigación incluye la gestión de ingresos provenientes de recursos naturales, reglas fiscales, crecimiento y mercado de trabajo.

En el artículo publicado en el blog del FMI, Dabán señala que “para facilitar esta recomposición y estar en capacidad de mitigar los efectos de futuras dificultades, los países de la región deberían considerar afinar sus reglas fiscales”, en la actual coyuntura en la que las reglas fiscales adoptadas por países europeos en la última década son sujeto de críticas. Pero, “contrario a lo que dicen algunos, la crisis europea está demostrando que contar con reglas fiscales bien diseñadas con apropiados mecanismos de control y gobernanza es fundamental para asegurar un buen desempeño fiscal”.

Explica que “desde hace casi una década, un gran número de países latinoamericanos han conducido su política fiscal guiados por reglas fiscales, que han ayudado a fortalecer su posición fiscal”. Sin embargo, “tienen algunas deficiencias”.

“Con algunas excepciones, las reglas fiscales de la región establecen techos nominales a los déficits y niveles de endeudamiento del sector público que, generalmente, no tienen en cuenta que las variables fiscales, especialmente los ingresos públicos, suelen desviarse transitoriamente de sus niveles de largo plazo”.

Desviaciones que se producen, por ejemplo, “cuando la economía crece por encima (abajo) de su potencial o cuando los precios de las materias primas se sitúan por encima (abajo) de su nivel de largo plazo”, como ocurrió durante el sexenio 2003–08. “Como existían techos nominales para el déficit fiscal, los mayores ingresos tributarios de esos años propiciaron un crecimiento del gasto público mayor al crecimiento potencial de las economías. Como consecuencia, la política fiscal en la región fue moderadamente procíclica, lo que no fue lo más adecuado en ese momento”.

Detalla que la mayoría de las reglas fiscales en la región “no cuentan con cláusulas de escape que permitan acomodar una respuesta discrecional ante turbulencias inesperadas. En consecuencia, en los albores de la crisis global, en 2008 y 2009, las reglas debieron ser modificadas o suspendidas para acomodar los mayores déficits fiscales, en la mayoría de los casos con procedimientos improvisados”.

Por tanto, las reglas fiscales en la región típicamente no están integradas a planes fiscales de mediano plazo. Esto es particularmente importante en el contexto actual, “donde se está haciendo imperativo recomponer el espacio fiscal que se usó para responder a la crisis de esos años y así estar preparado para enfrentar posibles turbulencias futuras”.

Entonces, “los límites (techos) de los déficits fiscales debieran ser definidos explícitamente en relación a la diferencia entre el producto proyectado y el potencial (“la brecha del producto”) y los precios de ciertas materias primas, de forma similar a como se define el balance estructural en Chile”, explica Dabán.

Y sostiene que “dadas las dificultades para estimar la brecha del producto y los precios a largo plazo de las materias primas, las reglas fiscales debieran complementarse con límites sobre el balance fiscal que excluye los ingresos públicos derivados de materias primas, así como sobre el crecimiento real del gasto público”.

Falta incluir cláusulas de escape

La economista del FMI Teresa Dabán sostiene que las reglas fiscales en los países de América Latina “deberían incluir cláusulas de escape claramente definidas, bajo las cuales las reglas se puedan modificar o suspender para acomodar disturbios inesperados. Además, las reglas deberían estar integradas en una estrategia fiscal de mediano plazo” que incluya “proyecciones de gastos e ingresos ante diferentes escenarios, así como pruebas de resistencia, análisis de sensibilidad y evaluaciones de la sostenibilidad de la deuda pública y los pasivos contingentes”.“Las reglas fiscales deberían incluir mecanismos estrictos de transparencia y rendición de cuentas para desalentar que sean eludidas y modificadas con excesiva frecuencia”. Plantea, por ejemplo, que “podría establecerse un órgano de fiscalización que se encargue de definir los parámetros clave de las reglas y evaluar tanto su cumplimiento como la aplicación de las cláusulas de escape”. Advierte que además de la revisión de las reglas, “es necesario que esté basada en un fuerte compromiso político y un amplio consenso sobre los objetivos a alcanzar”. También, “es imperativo que los países de la región continúen avanzando en el área de reformas presupuestarias”.

Adoptar una ‘segunda generación’

En el informe del FMI  Perspectivas Económicas de las Américas, publicado en octubre de 2011, se menciona que para lograr un equilibrio entre la sostenibilidad fiscal y la gestión cíclica, “sería conveniente que los países de América Latina adopten una ‘segunda generación’ de reglas fiscales”.

Para reducir la prociclicidad, “las reglas deberían centrarse en el balance estructural primario, ajustado en función del ciclo económico y los precios de las materias primas. Dadas las dificultades para obtener estimaciones robustas de la brecha del producto y los precios a largo plazo de las materias primas, las reglas podrían complementarse con límites tanto al balance primario que excluye los ingresos derivados de materias primas, como a la tasa de crecimiento del gasto real”, señala el informe.

Teresa Dabán explica en ese informe que “el éxito de las reglas fiscales de segunda generación dependerá en gran medida de la solidez de los marcos institucionales” y que además de promover un compromiso político debería maximizar los costos reputacionales de incumplimiento y “orientar el debate público sobre la política fiscal, en lugar de ponerla en piloto automático”.

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