El Financiero

‘No existe ninguna relación entre las hidroeléctricas y las inundaciones’

Víctor Paranhos. El director presidente de Energía Sustentável do Brasil considera que Bolivia y Brasil deberían aprovechar la actual coyuntura económica no solo para construir una hidroeléctrica binacional, sino sobre todo para implementar un plan conjunto que impulse el desarrollo de toda la región fronteriza, lo que podría incluir la construcción de una hidrovía de 4.250 km de largo para hacer posible la navegación de grandes embarcaciones en los ríos Madera, Madre de Dios y Beni.

Victor  Paranhos

Victor Paranhos Foto: YTIMG.COM

La Razón (Edición Impresa) / Gonzalo Jordán

00:00 / 15 de junio de 2014

Uno de los grandes proyectos que forma parte de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA), impulsada por Brasil, contempla la construcción de cuatro represas en el complejo hidroeléctrico Madera-Madre de Dios-Beni. Dos están en el estado brasileño de Rondonia (San Antonio y Jirau), una en la frontera entre Bolivia y Brasil y otra en territorio boliviano, en Cachuela Esperanza (Beni). Las usinas brasileñas están prácticamente listas y están operando parcialmente desde el año pasado. En cuanto a los proyectos que involucran al país, si bien están paralizados, éstos no han sido descartados. La Razón conversó en Brasilia con el ingeniero Víctor Paranhos, presidente de la compañía responsable de la construcción de la represa Jirau en el río Madera, a 80 km de la frontera con Bolivia.

— ¿Cuáles son las principales características de las represas de San Antonio y Jirau?

— Las dos usinas son bastante parecidas, con turbinas al filo de agua. El diseño y preparación de las represas duraron cerca de siete años. Este periodo se prolongó principalmente por la concesión de las licencias medioambientales (dos fueron los principales criterios que se tuvieron que resolver para conseguir los permisos: la reducción de los impactos ambientales y la compensación-reubicación de las poblaciones y comunidades indígenas que se han visto afectadas con la inundación de los reservorios). Para reducir los impactos ambientales, en vez de construir una sola represa se decidió edificar dos usinas independientes.

Desde el punto de vista de la obra civil, Jirau está prácticamente terminada, falta instalar algunos equipos y terminar de acondicionarla. Se prevé que hasta fin de año operen entre 28 y 30 de las 50 turbinas instaladas. Con un costo aproximado de 17.000 millones de dólares, la represa tiene una potencia instalada de 3.750 megavatios (MW) y una generación asegurada de 2.200 MW (la demanda de energía de toda Bolivia es de 1.200 MW). Es la decimotercera represa más grande del mundo y la tercera más grande de Brasil. 

— ¿Cuántos trabajadores han sido necesarios para construir esta hidroeléctrica?

— En la obra hemos tenido un pico de 22.000 trabajadores y actualmente hay cerca de 11.000. Gracias a la implementación desde 2008 de un programa de calificación profesional, la mayoría de los trabajadores que han trabajado en la usina fueron capacitados por nosotros en áreas como mecánica, operación de máquinas, eléctrica y construcción civil; y también en otras áreas que no tienen relación con la represa, como informática o secretariado. Hasta la fecha, más de 20.000 jóvenes se han beneficiado con una capacitación técnica de calidad que amplía sus oportunidades de inserción laboral.

— ¿El impacto ambiental y social de trasladar a tantas personas a un lugar sin las condiciones para albergarlos ha sido muy grande?

— No, porque construimos toda una estructura para absorber el impacto de esta población. Creamos una ciudad nueva, la llamamos Nueva Mutum Paraná. Construimos inicialmente 1.600 casas para los funcionarios y trabajadores de la obra. Actualmente Paraná es una ciudad con una calidad de vida muy buena.

Es la única ciudad brasileña que tiene 100% de agua tratada, cobertura eléctrica para todos los pobladores, todas las calles asfaltadas, drenadas. La gente tiene tres colegios, un parque, un centro comercial, farmacia, un puesto de salud…

— ¿Existe alguna relación entre las inundaciones que se presentaron entre marzo y abril  tanto en Bolivia como en Brasil con las represas brasileñas?

— Los estudios hidrológicos que hemos realizado demuestran que no existe ninguna relación entre las usinas y las inundaciones que se han producido este año.

Las usinas de Santo Antonio y Jirau emplean turbinas horizontales al filo del agua, y no necesitan de la acumulación de agua, pero sí del flujo constante del líquido elemento, una de las principales características del río Madera. Por este motivo, los reservorios que se han construido alrededor de las usinas son muy pequeños. En realidad, las inundaciones se debieron a la suma de dos fenómenos: a la gran cantidad de agua que cayó en un periodo muy corto. En enero y febrero no hubo casi precipitaciones, no obstante, a mediados de marzo, se desató una intensa lluvia en pocos días. En poco tiempo se acumularon más de 15 millones de centímetros cúbicos en un espacio muy corto, por eso el nivel de los ríos subió muy rápido, más de 50 centímetros. No fue tanto la cantidad, sino la intensidad lo que provocó las inundaciones. Además, la lluvia cayó principalmente en Bolivia, por eso hubo inundaciones en Guaraya, no así en el interior de Brasil. 

— ¿Los pobladores de la región afirman que la pesca en el río Madera se ha reducido en 50% por culpa de las represas. ¿Qué opinión tiene al respecto?

— El bagre, en sus diferentes denominaciones, es la única especie que retorna desde el río Amazonas para depositar sus huevos río arriba antes de morir. Para resolver este problema, tanto en Jirau como en Santo Antonio hemos instalado un sistema que permite la migración de estos peces (en total, se invirtió cerca de 36 millones de dólares en el diseño e implementación de este sistema). En realidad, el gran problema de la región no es la falta de peces, sino el bajo precio de la carne de pescado por la falta de consumo. Para solucionar esta dificultad habría que industrializar la producción, crear un producto de exportación con el apoyo de los Gobiernos, como por ejemplo harina de pescado.

— ¿En qué estado se encuentra el proyecto para construir una represa binacional entre Bolivia y Brasil?

— Si los gobiernos de Bolivia y Brasil se llegan a poner de acuerdo, tenemos no solo el conocimiento sino también la experiencia que hacen falta para llevar a cabo el proyecto con mucho éxito y para reducir los impactos ambientales. Los dos gobiernos podrían hacer un plan de crecimiento conjunto para la región, y no solo en cuanto a energía, sino también en varios otros aspectos. Se está perdiendo un momento económico interesante para desarrollar grandes emprendimientos.

Perfil

Nombre: Victor Paranhos

Profesión: Ingeniero civil

Cargo: Director presidente de la compañía Energía Sustentável de Brasil.

Una empresa creada para Jirau

Victor Paranhos, ingeniero civil, es director presidente de Energía Sustentável do Brasil SA, una compañía creada específicamente para invertir y desarrollar el proyecto de Jirau, una usina hidroeléctrica de 3,750 megavatios (MW) de capacidad instalada en el río Madera, la decimotercera represa más grande del mundo y la tercera de Brasil. El mayor desafío en la construcción de esta hidroeléctrica, asegura Paranhos, no fue el de generar energía eléctrica, sino preservar las riquezas naturales del medio ambiente a tiempo de promocionar el desarrollo de la región. Para ello se ejecutaron 34 programas socioambientales durante toda la obra.

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