El Financiero

El mundo tiene cada vez menos efectivo en el bolsillo

Operaciones. Crece la importancia de lo digital.

El mundo tiene cada vez menos efectivo en el bolsillo.

El mundo tiene cada vez menos efectivo en el bolsillo.

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Ángel García / El País

00:00 / 25 de octubre de 2017

Desde el jueves, el municipio de Suances se convirtió en la primera localidad de España “libre de dinero”. Sus 8.000 habitantes y 260 establecimientos afrontarán voluntariamente y durante un mes un gran reto.

“¿Te atreves a salir de casa sin la cartera y pagar con el móvil o la tarjeta?”. Es la apuesta que lanza Diego Vizcaíno, socio de Analistas Financieros Internacionales (AFI), consultora que promueve esta experiencia piloto.

“En una gran urbe, con comercios preparados y población adaptada al pago electrónico, esta experiencia no habría supuesto un desafío”, explica Diego Vizcaíno. “En Suances, tres de cada 10 establecimientos no aceptan pago con tarjeta y el efectivo es el medio más utilizado en compras cotidianas por siete de cada 10 ciudadanos. No aspiramos a eliminar el efectivo, sino su dependencia”.

Para intentarlo, los suancinos están invitados a olvidarse del monedero. La iniciativa, que cuenta con Banco Santander como apoyo tecnológico y con la colaboración de MasterCard, brindará contenidos de educación financiera y promoverá el acceso a tarjetas de pago a los ciudadanos que no las tengan y terminales de puntos de venta a los comercios que carezcan de ellos. Los analistas de AFI estudiarán la evolución de la experiencia y elaborarán una monografía.

Como dice Emilio Ontiveros, presidente de AFI, “el objetivo es que la gente entienda las ventajas de la digitalización y abra sus vidas a una realidad nueva”.

Durante un mes, los vecinos de Suances vivirán como los suecos. El país nórdico ha eliminado el dinero en efectivo incluso en los bancos. ¿Consecuencia? Al no haber nada que robar, se desploman los atracos. En 2008 se denunciaron 110 asaltos; tres años más tarde, solo 16. Incluso el cepillo en las iglesias se pasa a través del móvil y las tarjetas de crédito.

Evolución. Suecia ha convertido al dinero en un fugitivo y en muchos locales se lee: We don’t accept cash (no aceptamos efectivo). Las expendedoras de billetes de metro y autobús solo admiten plástico y cada vez más bares y restaurantes rechazan el pago en metálico. Los suecos se sienten cómodos en este mundo digital. El 95% de las compras al por menor se hacen sin efectivo. Esta renuncia al cash resuena también por todas partes en Estocolmo.

Los tiempos de gloria de este concepto ideado hace más de 5.000 años se desvanecen. Al menos para sus componentes físicos. Europa cada vez usa menos monedas y billetes. Una desaparición a dos velocidades. Siguiendo los pasos de Suecia, el Gobierno danés quiere suprimir el papel moneda en 2030 y permitirá a gasolineras, restaurantes y pequeñas tiendas rechazar abonos en metálico.

Pero naciones como Alemania y España se resisten. Enamorado de su rutina, el mundo aún se aferra al efectivo. Se utiliza en el 85% de todas las transacciones, pero las predicciones vislumbran un descenso drástico en los próximos 10 años. El volumen de intercambios globales mediante pagos digitales, sin utilizar monedas ni billetes, alcanzó en 2014 los $us 386.760 millones.

Este horizonte representa muchas promesas. “Los pagos digitales y el dinero electrónico tienen claras ventajas en términos de comodidad, valor añadido y trazabilidad”, sintetiza Francisco González, presidente del BBVA. “Abaratan los procesos para los clientes y permiten combatir mejor el fraude y las actividades ilícitas”.

Precisamente con el fin de terminar con la defraudación, la democracia más poblada del planeta se embarcó en noviembre de 2016 en un experimento económico. El Gobierno del primer ministro indio, Narendra Modi, eliminó por sorpresa los billetes de 500 ($us 7,6) y 1.000 rupias (15,3): sus dos denominaciones más elevadas.

La decisión trataba de responder a la economía sumergida en un país donde el 99% de sus 1.357 millones de habitantes no paga impuestos. Al principio fue un caos. Pero 10 meses después, el 97% del efectivo circula dentro del sistema.

“Una cantidad enorme de dinero se emplea en la evasión fiscal, el crimen y la corrupción”, alerta Kenneth Rogoff, profesor en Harvard y execonomista jefe del Fondo Monetario Internacional.

Su lucha —aclara el docente— no le enfrenta al efectivo, sino a esos grandes billetes de $us 100 o 500 euros que apenas emplea la gente normal. 1 millón de dólares en billetes de 100 pesa casi 10 kilos en un maletín. Si la denominación más alta fuera de 10 dólares ocuparía más espacio y resultaría difícil moverlo u ocultarlo.

El Banco Central Europeo (BCE) sabe que esas elevadas acuñaciones son un refugio de lo ilícito y ha decidido algo insólito. A finales de 2018 dejará de producir billetes de 500 euros. Es la primera vez que la autoridad monetaria elimina una denominación en los 16 años de vida del euro. Elimina, eso sí, a medias. No emitirá más, pero se conserva su valor.

Perspectiva. Pero sería injusto criminalizar al efectivo, forzar un apagón del metálico en las grandes economías del planeta y reemplazarlo por pagos electrónicos. “La gran belleza del dinero en metálico es que es una forma directa y sencilla de transacción entre todo tipo de gente distinta, no importa lo rico o pobre que seas”, escribe en el diario británico The Guardian el escritor especializado en finanzas Dominic Frisby.

El dinero tradicional se ve amenazado no solo por las plataformas digitales de préstamo e intercambio, sino también por monedas locales y criptodivisas. “Es la alborada de una revuelta”, dice Juan José Toribio, profesor del IESE. “La lideran miles de jóvenes y empresarios a los que la Gran Crisis expulsó de las vías clásicas de financiación”.

“La revolución digital será de tal magnitud que la transformación de la banca va a ser absoluta”, pronostica el presidente del BBVA, Francisco González. “Solo prosperarán las entidades que dominen las tecnologías exponenciales, como la nube, la inteligencia artificial o el big data”, dice.

“La transformación que debe afrontar la banca convencional es un esfuerzo descomunal que lleva años y que no se puede improvisar”, agrega González. “No recuerdo un momento más apasionante para la industria financiera. Los años que tenemos por delante van a ser realmente espectaculares”.

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