El Financiero

Una panadería anarquista vive junto a París

No hay jefes, genera nueve empleos y tiene ‘precios de crisis’

Negocio. ‘La conquête du pain’ está ubicada en una esquina.

Negocio. ‘La conquête du pain’ está ubicada en una esquina. Foto: www.montreuiltourisme.fr

La Razón / EFE / París

00:00 / 15 de septiembre de 2013

“La conquête du pain” está en las afueras de París donde nueve personas se dedican a elaborar baguettes, cruasanes y bollos de chocolate, un establecimiento de esquina no muy diferente, a priori, de las otras 35.000 panaderías francesas.

Sin embargo, es la única boulangerie anarquista del área de la capital de Francia. “Somos una panadería autogestionada. Aquí no hay jefes, funcionamos de manera colegiada y celebramos una asamblea cada dos semanas donde decidimos lo que vamos a hacer. Todos tenemos el mismo salario de 1.350 euros al mes (unos 1.780 dólares) y el mismo reparto de beneficios”, explica Pierre Pawin, impulsor de esta cooperativa.

“La conquête du pain” nació hace tres años en Montreuil, antiguo feudo del Partido Comunista aledaño a París, gobernado hoy por los ecologistas. El nombre elegido (La conquista del pan) es un guiño a la homónima obra del anarcocomunista del siglo XIX Piotr Kropotkin. Y como logotipo, una silueta extraída de La libertad guiando al pueblo, de Delacroix, en la que el personaje cambia pistolas por una barra de harina y cereal.

“Yo era informático y no tenía ninguna formación como panadero. Un día Pierre me llamó y me dijo: llevas diez años hablándome de alternativas. Voy a montar una panadería, ven a trabajar con nosotros”, comenta Thomas, que dejó su empleo en una escuela de negocios para lanzarse a amasar “baguettes”.

Tres años después, la panadería se demuestra rentable, transforma dos toneladas de harina a la semana y emplea a siete personas y dos aprendices. Thomas no se arrepiente por haberse sumado a esta iniciativa que toma el relevo de “La Fraternelle”, panadería autogestionada que nació a principios del siglo XX y desapareció 90 años después.

Hornean sus propios productos, hasta 35 referencias artesanales que dan prioridad a los productos biológicos, e identifican sus bocadillos y menús con nombres de revolucionarios históricos: “El Durruti”, con pollo, queso y curry; “El Marx”, con jamón cocido y queso emmental...

Si el cliente declara que atraviesa dificultades económicas, tiene derecho automático a un “precio de crisis”. “Basta con pedir una tarjeta en la panadería que da acceso a una reducción. En los productos de primera necesidad, la disminución es del 25%.

Los dividendos los utilizan para devolver préstamos. Lejos de ideales utópicos a gran escala, aspiran a que su negocio se mantenga bajo esa fórmula solidaria de repartición de la riqueza y seguir creando empleos.

“Creer que vamos a cambiar la sociedad gracias a la autogestión sería como pensar que vamos a cambiar el mundo con una bicicleta”, resume Pierre.

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