El Financiero

El papel de totora, un negocio ecológico para el lago Titicaca

Bertha Soto (43) es la inventora del papel de totora; lo produce  desde 2008 en Bolivia. Ahora está preocupada por la quema del vegetal en varios lugares del lago Titicaca y pide al Gobierno que invierta en la instalación de una fábrica de papel ecológico.  

Productos. Bertha Soto muestra los papeles y libretas de colores.

Productos. Bertha Soto muestra los papeles y libretas de colores.

La Razón / Edgar Toro, Copacabana

00:00 / 26 de febrero de 2012

“Me preocupa que la gente esté quemando la totora en varios lugares del lago Titicaca y contaminando sus aguas porque no conocen sus propiedades”, señaló Soto cuando La Razón la visitó en la zona lacustre de Llallagua, cerca de Copacabana.

La totora (scirpus californicus) es una planta acuática, un tipo de junco, que puede alcanzar una altura de tres y hasta cuatro metros por encima del agua. Se halla en las riberas del lago Titicaca.  

Soto alertó de que en la actualidad muchas personas le prenden fuego a las puntas secas de los juncos. “Los restos que quedan contaminan el lago y después las plantas ya no vuelven a crecer haciendo un gran daño al medio ambiente”, protestó.

Estas quemas se producen en las orillas de Copacabana, Taraco, Achacachi y hasta en la frontera con Perú. Soto recolecta de estas zonas la materia prima para elaborar el papel ecológico.

Considera que si el Gobierno instalara una fábrica de este producto se puede producir grandes cantidades. “Ojalá el presidente Evo Morales me escuche y pueda industrializar la totora. Esto puede generar empleo y podemos exportar este producto”, indicó Soto. Además pide una entrevista con el Primer Mandatario para explicarle las bondades de esta planta milenaria y solicitarle que se realicen estudios científicos sobre sus propiedades. “Quizás sirva para otras cosas más”.

La artesana que nació en Copacabana recuerda que pasó por varios obstáculos hasta encontrar el producto final. “La gente se ha reído en mi cara cuando ofrecía mis papeles”. Ahora la calidad de sus materiales tiene mucha demanda. Cuenta que la Embajada de Estados Unidos llevó a Soto hasta Washington, donde el papel de totora causó muy buena sensación.

Artesanalmente, elabora libretas de anotaciones con tapas decoradas con aguayo para el papel de totora. Su iniciativa la llevó a utilizar su producto en el negocio de la papelería: sobres, invitaciones, tarjetas navideñas, adornos, joyeros, colitas para prestes y bodas, están en su oferta. Hoy recibe muchos pedidos de Argentina para hacer invitaciones de bodas. En Bolivia las grandes y medianas empresas son sus clientes, consideran que adquieren un producto de lujo, manifestó la artesana.Proceso. Bertha Soto simplemente decidió experimentar con la totora que un día de joven masticó y tiró al piso. Años después, cuando quedó viuda, retomó con más fuerza su idea y ahora tiene ingresos para su familia.

Hoy vive en Villa Ingavi, en la ciudad de El Alto. El proceso de elaboración del papel ecológico empieza con hacer hervir las plantas, luego pasa por el molido y el secado en los moldes diseñados para dar forma a los pliegos. El sol es esencial para el secado.

En esta época de lluvia prácticamente la actividad es nula porque el crecimiento de las aguas del lago Titicaca impide la recolección. Soto explica que la cosecha del junto es preferible realizar entre junio y septiembre, en temporada seca “es mejor”.

Esta iniciativa genera trabajo para los campesinos que viven en la ribera del lago. El precio de la arroba de totora cuesta Bs 50. Bertha Soto manifestó que invierte Bs 7.000 en su producción.

Los artesanos aprovechan el junco lacustre

La familia de Justina Condori, ciega hace 15 años, elabora souvenirs Con manos callosas y las arrugas visibles por sus 77 años de vida, Justina Condori Ramos viuda de Condori se presenta muy orgullosa. Perdió la vista hace 15 años, luego de la muerte de su esposo Benedicto Condori. Pero no dejó que esta discapacidad le impidiera seguir elaborando artesanías de totora, habilidad que aprendió de sus padres.

Quedó huérfana a los 12 años y desde esa época aprendió a fabricar barquitos hasta convertirse en una experta. En un día puede elaborar tres pequeñas balsas de totora. El acabado es perfecto.

“Desde la muerte de mi esposo y la preocupación por mis hijos no paré de llorar y poco a poco fui perdiendo la vista, pero sigo trabajando”, dice Justina en su lengua nativa, el aymara.

Esta artesana tuvo 12 hijos, de ellos fallecieron cuatro. “La muerte de mis hermanos le afectó mucho”, comenta Virginia Condori, una de las hijas que le ayuda en este oficio, especialmente en los cortes. Su esposo, Rodolfo Soto, es responsable de la recolección de los juncos del lago.

Soto recuerda que su suegra fue operada de los ojos hace 20 años, pero su visión le alcanzó por cinco años y después perdió la vista totalmente. “Fuimos a todos los médicos, incluso donde los cubanos, pero nos han dicho que no hay solución”, aclara resignado.

La balsa de totora es la obra más representativa del lago Titicaca, por su tradición y legado histórico para el transporte desde la época de los Incas. En el siglo pasado se generaron varias expediciones científicas en barcos de totora, construidos en la isla de Suriqui, que navegaron los océanos del mundo. Están documentadas las expediciones Ra I, Abora III, Mata Rangi II y otras.

Justina Condori sólo utiliza un cuchillo de cocina, una  phitaña (palo de kantuta) que sirve para tejer, un poco de hilo de costura, una aguja y una piedra para golpear la totora. Balsas, canastas colgantes, joyeros en forma de pato, paneros y colitas (artesanías pequeñas de todo tipo que se prenden en las solapas de los trajes) para bodas y prestes, nacen de sus hábiles manos.

Sus clientes son los turistas, extranjeros y nacionales que visitan Copacabana y no olvidan adquirir una pequeña balsa de totora.Los precios de las artesanías están entre Bs 10 las más pequeñas y Bs 70 las grandes. Los contratos eventuales por colitas, para diversos acontecimientos sociales, genera a la familia más ingresos porque reciben pedidos de 500 a 1.000 unidades. 

Pide a evo una tienda

Justina Condori Ramos tiene un sueño y es muy enfática al decir que su pedido se transmita al presidente Evo Morales: “Me gustaría que me instale sólo una tiendita para vender mis artesanías aquí en la calle”, empinada subida que conduce al Calvario.

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