El Financiero

La pobreza atrapa a la clase media en la Unión Europea

La crisis agudiza los problemas de decenas de millones de ciudadanos europeos; y ahora a los niños, mayores, mujeres e inmigrantes se suman ciudadanos con trabajos precarios por los recortes

Apoyo. Campesinos griegos reparten fruta y verdura gratis en una plaza en Grecia. Foto de Angelos Tzortzinis, AFP.

Apoyo. Campesinos griegos reparten fruta y verdura gratis en una plaza en Grecia. Foto de Angelos Tzortzinis, AFP. Foto: El País

El País - Madrid

00:00 / 05 de febrero de 2012

Dimitris Pavlópulos (75) tiene una pensión de 550 euros al mes, y un desembolso en medicinas que ronda los 150. El recorte de subvenciones en gasto farmacéutico le obliga a elegir entre comprar un litro de leche (1,5 euros) o una de las recetas que su enfermedad demanda.

Manuel G. es un parado de larga duración; perdió su trabajo de administrativo hace tres años y agotó la prestación por desempleo. Sin colchón familiar, vive en una habitación alquilada y recurre a los comedores sociales y al reparto de ropa de una ONG.

Los ecuatorianos Roberto y Marilisa Madera, albañil y empleada de hogar, acaban de ser desahuciados de la vivienda que compraron hace seis años en Madrid. Con cuatro hijos y la renta mínima de inserción, dudan si volver a su país: la falta de expectativas les frena, y aún deben 100 mil euros de la hipoteca.

Son las víctimas de la crisis: sectores de la sociedad que hace un lustro figuraban entre la clase media, o media-baja, son hoy nuevos pobres. Personas que deben elegir entre hacer una comida caliente al día o caldear la casa; entre pagar la hipoteca o alimentarse. “Los voluntarios de antes son hoy beneficiarios nuestros”, explica Jorge Nuño, secretario general de Caritas Europa.

Según la Unión Europea, en 2009 había 115 millones de personas en riesgo de pobreza y exclusión social en el territorio de los Veintisiete (23,1% de la población), “sin contar otros 100 ó 150 millones en el filo de la navaja”, explica Nuño, “porque dos meses de paro y una hipoteca a cuestas hunden a cualquiera”. En 2007, antes de que la coyuntura económica diera muestras de deterioro, eran 85 millones (17% de la población) los que se hallaban por debajo del umbral de pobreza relativa. En la lista figuran países como Grecia, España o Irlanda, “pero también Francia, Alemania o Austria”, apunta Nuño.

No pintan mejor las cosas en el Reino Unido, con una tasa de pobreza infantil tan abismal que figura en el puesto 22 de los Veintisiete, según datos de la John Rowntree Foundation. Londres es la urbe con mayor porcentaje de menores en situación de pobreza del país. La herencia social tatcheriana, elevada al cubo por la crisis, tiene hoy contra las cuerdas al 22% de la población británica (13,4 millones de personas).

“Si tras la crisis de 1993-94 enderezar la tasa de empleo costó siete años, el paro de ahora es mucho más estructural: se ha perdido cerca de tres millones de puestos de trabajo precarios”, señala Francisco Lorenzo, del equipo de estudios de Caritas.

¿Cómo se mide la penuria? La calificación de pobreza como posición económica relativa con respecto a la media de ingresos del país y el tamaño de la unidad familiar se aplica, por ejemplo en España, a hogares con ingresos inferiores a 7.980 euros al año, incluidas las transferencias sociales (datos de 2009). Hay dos tipos de pobreza, la moderada o relativa (un 60% de la media de ingresos del país) y la severa (un 40%). “Los pobres se han hecho más pobres, pero también es cierto que a los comedores sociales acude gente que no había ido nunca. Las tasas de pobreza han crecido espectacularmente en niños —uno de cada cuatro está en situación de pobreza en España—, y bastante en inmigrantes y jóvenes”, explica el sociólogo Paul Mari-Klose, del CSIC.

Los expertos en políticas públicas coinciden en que a los tres núcleos tradicionalmente más expuestos a la pobreza —niños y mayores, mujeres e inmigrantes— se ha sumado una legión de ciudadanos sin etiquetas en un contexto de recorte de gastos sociales, lo que amplifica los efectos de la crisis: “Personas con un trabajo muy precario, a las que resulta difícil llegar a fin de mes y que encima no tienen ayudas; gente entre los 30 y 45 años, con o sin cargas familiares, y sin subsidios porque tienen algún ingreso, obligados a volver con sus padres si quieren seguir pagando la hipoteca”, sostiene Joan Subirats, de la Universidad Autónoma de Barcelona.

El estado de práctica inanición de amplias capas de la sociedad europea también tiene una proyección política evidente. “Buena parte de los votantes de Plataforma per Catalunya (partido de extrema derecha, xenófobo) salen de estos sectores más desfavorecidos”, explica Subirats; “se preguntan, sin hallar una respuesta, por qué ellos no tienen derecho a una beca comedor para sus hijos mientras los inmigrantes, uno de los focos tradicionales de los servicios sociales, sí la reciben”.

Aunque la mayoría de los expertos consultados previene de la tentación de hacer de los “nuevos pobres” las únicas víctimas de la crisis, y subrayan el deterioro de sectores previamente empobrecidos, resulta innegable que, tras casi tres lustros de vacas gordas y nuevos ricos, la crisis laminó un segmento que, hasta 2007, tenía sus necesidades básicas cubiertas.

2010 pasó sin pena ni gloria como el Año Europeo de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social. La Estrategia de Lisboa pretendía “un efecto decisivo en la erradicación de la pobreza”. Pero la crisis ha arrumbado los buenos propósitos. El principal objetivo de la Estrategia 2020, reducir en 20 millones el número de pobres en esta década, amenaza con convertirse en papel mojado.

El déficit estrutural en la UE

HerenciaEntre los miembros más recientes de la UE, el principal lastre es el déficit estructural heredado; la mayoría son regímenes excomunistas reconvertidos a marchas forzadas, como Letonia (37,4% de riesgo de pobreza y exclusión); Lituania y Hungría, con algo más del 29%), y los citados Bulgaria y Rumanía.

AjusteEn Grecia, desde que el primer plan de ajuste (2010) suprimió numerosas subvenciones, el jubilado Dimitris Pavlópulos consume su pensión en diez días, y recurre al reparto de medicamentos y comida de la ONG Médicos del Mundo. “Constatamos numerosos casos de desnutrición entre jubilados, menores (denuncian desmayos en clases) e inmigrantes; no es hambruna, pero sí restricciones en la dieta”, dijo el portavoz Yanis Yanakópulos.

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