El Financiero

Un proyecto siembra ‘esperanza’ en el altiplano

‘Semillas Andinas’ elevó el rendimiento de los cultivos en 67% y los ingresos de agricultores en 86%

Calidad. Un agricultor de la comunidad paceña de Jocopampa muestra parte de su producción.

Calidad. Un agricultor de la comunidad paceña de Jocopampa muestra parte de su producción. Foto: INIAF

La Razón (Edición Impresa) / Wálter Vásquez / La Paz

00:00 / 31 de mayo de 2015

Bolivia, Ecuador y Perú se beneficiaron de un proyecto que “sembró esperanza” en la población vulnerable de zonas andinas y permitió que la agricultura familiar aumente su contribución a la seguridad y soberanía alimentaria de estos países.

“Semillas Andinas”, ejecutado por el estatal Instituto Nacional de Innovación Agropecuaria y Forestal (INIAF), con el apoyo técnico de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el aporte financiero de la cooperación española, promovió la mejora de la producción, uso y acceso de semilla certificada en la región andina de los tres países, involucrando a la agricultura familiar campesina. 

Esta iniciativa “ha sembrado esperanza” en zonas donde la escasez y falta de acceso a la semilla de calidad de variedades nativas o mejoradas es una de las principales causas de los bajos rendimientos de cultivos que aportan a la seguridad alimentaria y representan la principal fuente de ingresos de los pequeños productores, dijo Tania Santibáñez, oficial técnico de la FAO y líder del proyecto.

Este trabajo, que se inició en septiembre de 2011 y termina en junio de este año, benefició a 9.200 familias de agricultores de los tres países, permitió que 92 asociaciones campesinas comiencen a usar semilla certificada y cubrió el 37% de la demanda local del insumo, según datos oficiales. Los beneficiarios consiguieron también $us 2 millones de financiamiento.

En Bolivia, se trabajó con los cultivos de papa, haba y quinua en la región alto andina de los departamentos de La Paz, Oruro y Potosí, donde predomina el cultivo de tubérculos y granos de alto valor nutritivo, producidos principalmente por agricultores familiares que utilizan generalmente simiente de baja calidad por una falta de cultura de uso, costo elevado y baja disponibilidad de semilla certificada, informó Javier Aguilera, coordinador del proyecto en el país.

“Hemos fortalecido las capacidades locales, fomentado y promovido el uso de semillas certificadas, y establecido un sistema local de gestión de riesgos”, detalló el experto.

“Nuestro ingreso en cada familia ha mejorado, pero aún necesitamos mucho apoyo”, dijo Anastasio Orihuela, presidente de Apromul, una de las 29 asociaciones semilleristas (11 en Potosí, 9 en Oruro y 9 en La Paz) conformadas con la ayuda del proyecto en las áreas más vulnerables de las tres regiones; 14 de ellas trabajan con papa, 8 con haba y 7 con quinua.

Pasos. Gracias a la entrega de capital semilla, al acceso al financiamiento y al apoyo técnico y normativo concretado durante los cinco años, las 29 asociaciones —que incursionaron por primera vez en la actividad— incrementaron el rendimiento promedio de su producción en 67% y aumentaron sus ingresos en 86%.

Estos pequeños productores obtuvieron en promedio 10,6 toneladas de papa por hectárea (t/ha), ejemplificó Aguilera, quien agregó que el promedio en el país es de 5,6 t/ha y de 4 t/ha en el altiplano. “En el norte de Potosí, donde jamás usaron semilla certificada, han sacado en promedio 21 toneladas por hectárea”, destacó.

“El quintal de papa cuesta en el mercado unos Bs 100, nosotros vendemos hasta en 450. La haba cuesta de Bs 150 a 180 el quintal, hemos vendido a 600”, contó Orihuela.

“De cada diez personas en situación de inseguridad alimentaria que hay en el mundo, siete son campesinos, son productores de alimentos, son agricultores familiares”, alertó el representante de la FAO en Bolivia, Crispim Moreira, a tiempo de destacar la importancia del proyecto.

El incremento de ingresos le permitió a estas asociaciones tener un mayor acceso a otros productos básicos para su alimentación y adquirir bienes propios como tractores, terrenos, equipos menores y semilla de categorías altas. “La migración ha hecho que en las comunidades se quede gente cada vez más mayor, por lo que la maquinaria es esencial para aumentar su producción, ya que así pueden reducir costos y ahorrar en mano de obra”, dijo Aguilera. El total de la semilla certificada comercializada en tres campañas agrícolas (del último trimestre de 2011 al último trimestre de 2014) alimentó el cultivo de 3.000 nuevas hectáreas en la región.

Según datos del Gobierno, Bolivia cuenta con 48,8 millones de hectáreas de tierras saneadas y tituladas, de las que solo 5,8 millones están destinados a las actividades agropecuarias, otros 17,5 millones están entre parques y reservas fiscales y 38 millones están en proceso de saneamiento.

Producción esencial

El 65% de los alimentos que se consumen en el país son producidos por pequeños agricultores, dijo el viceministro de Desarrollo Rural y Agropecuario, Eugenio Rojas, que destacó la importancia del sector.

El INIAF se hará cargo de las 29 asociaciones

El Instituto Nacional de Innovación Agropecuaria y Forestal (INIAF) se hará cargo de las 29 asociaciones de productores de semilla que apoyó durante cinco años el proyecto “Semillas Andinas”, informó el director nacional de Asistencia Técnica de la entidad estatal, Marcelo Amaya.

“Tenemos que seguir profundizando este proceso (de uso de semilla certificada) que ya ha empezado (...). La Dirección de Asistencia Técnica se está haciendo cargo de todos estos grupos para hacerles seguimiento”, dijo el funcionario del INIAF, instituto que en coordinación con el Banco de Desarrollo Productivo creó el “Crédito Semillero”, dirigido a semilleristas individuales y asociados.

Logros. Gracias al aporte del proyecto “Semillas Andinas” en Bolivia, seis municipios promulgaron leyes que promueven la producción y uso de semilla de calidad, y otros cuatro publicaron oficialmente normas para la implementación de bancos de semilla, como una medida para promover el desarrollo productivo en el marco de la gestión del riesgo.

El proyecto, en el que intervinieron instituciones como el INIAF, la FAO y la AECID, promovió la mejora de la producción, uso y acceso a semilla certificada en la región andina de Bolivia, Ecuador y Perú, involucrando a la agricultura familiar campesina.

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