El Financiero

‘Tenemos que repensar alternativas y reordenar los sistemas alimentarios’

Crispín Moreira. El representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en Bolivia, alerta que continúa la malnutrición en el mundo y la obesidad se ha incrementado. Destaca que las leyes bolivianas acompañan el discurso de esta organización y que los proyectos que ejecutan en el país dan valor al agricultor familiar e impulsan la producción ecológica para alimentar mejor a los niños.

previsor. Crispín Moreira es enfático en la obligación de eliminar la desnutrición y muerte de niños. Foto: Wara Vargas

previsor. Crispín Moreira es enfático en la obligación de eliminar la desnutrición y muerte de niños. Foto: Wara Vargas

La Razón / Svetlana Salvatierra

00:00 / 09 de junio de 2013

— ¿Cuál es el objetivo del informe El estado mundial de la agricultura y la alimentación (SOFA 2013, por sus siglas en inglés)?

— Es un instrumento que la FAO publica anualmente desde 1947. Son temas fuertes basados en investigaciones para provocar o estimular acciones concretas de intervención. Este año se refiere a los sistemas agroalimentarios para mejorar la nutrición. Es posible que la población tenga dietas diversificadas y nutritivas ordenando un sistema alimentario.

— ¿Los indicadores muestran mejoras o lo contrario?

— La obesidad en los adultos está empeorando, es una alerta que lanza la FAO. En América del Sur varios países han mejorado los indicadores de malnutrición. Hay progresos en función de las políticas públicas que adoptan sobre todo en los sistemas alimentarios.

— ¿Cuáles son los problemas que enfrenta el mundo en 2103?

— La FAO da cuatro mensajes muy importantes. Primero, que los costos de la malnutrición son inaceptables: uno de cada cuatro niños sufren de malnutrición, desnutrición crónica, bajos patrones de talla y peso que van a disminuir su capacidad cognitiva y posibilidades de tener una vida plena.

Segundo, para enfrentar este problema hay que tener un enfoque multisectorial y hacer intervenciones en todo el sistema alimentario: en la producción de alimentos, transformación, comercialización con precios justos, educación alimentaria, y en proteger al consumidor. Tercero, ordenar, organizar, intervenir en estos sistemas. Y un mensaje muy fuerte es crear redes de protección para quienes no pueden acceder a alimentos.

—¿Qué hacer para que estos mensajes salgan del discurso?

— En el caso de Bolivia hay hechos con presencia de la FAO. El Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras tiene proyectos, bajo las leyes vigentes, de apoyo a la producción ecológica para el mercado interno en 18 municipios. En investigación agrícola avanza el Instituto Nacional de Innovación Agropecuaria y Forestal (INIAF). A través de la Empresa de Apoyo a la Producción de Alimentos (Emapa) se mejora en reservas estatales (maíz, arroz, papa), acopio y políticas de precios. Un proyecto que me gusta mucho es la política nacional de agricultura urbana y periurbana para producir frutas y legumbres en regiones cercanas a las grandes ciudades. Con el Ministerio de Medio Ambiente y Agua estamos en Chuquisaca y Potosí con la cosecha de agua de lluvia para riego. Con el Ministerio de Educación, como en varios países, se trabaja en alimentación complementaria; la idea es que el desayuno escolar aporte lo máximo en vitaminas, nutrientes, proteínas, respetando culturas e incentivando compras locales. Y el programa Cero Desnutrición avanza con el Ministerio de Salud.

— En la transformación también están las empresas privadas, ¿alguna recomendación?

— La FAO está segura de que para la seguridad alimentaria son clave los agricultores campesinos porque producen para el mercado interno, la producción es diversificada y convive con la agro biodiversidad del país. El 2014 va a ser el Año de la Agricultura Familiar y este mensaje es para todo el mundo; en Brasil son el 80% y en Bolivia deben ser el 90%.

— ¿Cómo introducir a las grandes empresas en esta lógica?

— El alimento es un bien público,  no una mercancía como un automóvil. Hay muchas distorsiones en el mercado. Es posible tener reglas claras para los productores bajo metodologías y políticas de precios justos, seguros agrícolas, y otros. Hay políticas de apoyo a la industria nacional que pueden fortalecer a los productores.

— ¿Respecto al precio justo es un precio barato?

— Para un productor es un precio que remunera su trabajo en su composición de costos: la tierra, el agua, los medios de producción, sus conocimientos y su ganancia para que pueda reproducir y permanecer en la actividad. Se necesitan políticas transparentes, estables. Vamos a elaborar un estudio para definir metodologías de precios justos para los alimentos estratégicos de Bolivia: trigo, maíz, papa, arroz (Ley 744).

— ¿A qué modelo de agricultura se apunta desde la FAO?

— En Bolivia apoyamos sistemas de producción de agricultura familiar, respetuosos de la naturaleza, que producen alimentos sanos, que respetan un modo de vida. La FAO va a estar en esta plataforma agroecológica, de pequeña agricultura y organizaciones económicas que tengan capacidades de transformar; en la industrialización agrícola cooperativa. Esto sí va a aportar al concepto de seguridad alimentaria con soberanía.

— ¿Y sobre los cultivos extensivos y/o monocultivos?

— La clave en el SOFA es diversificación de la producción. Para los gestores de políticas públicas de alimentos o producción agrícola y académicos, estos cultivos afectan al suelo, agua, ambiente, son demandantes de agrotóxicos, provocan erosión. Tenemos que repensar y buscar alternativas y reordenar los sistemas alimentarios; (el actual sistema produce 2.000 millones de personas malnutridas, 1.400 millones con sobrepeso, de ellos 500 millones son obesos). Es un tema de ética y política pública: cero niños desnutridos y muriendo.

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