El Financiero

La transformación productiva con equidad resurge del olvido

La ausencia de una agenda de transformación productiva en el periodo de 1990 a 2009, de gobiernos neoliberales y del MAS, provocó que continúe el mismo patrón de crecimiento: la exportación de recursos naturales con bajo valor agregado.

Riberalta. Fábrica de confección de textiles estatal da empleo a mujeres. Venezuela compra las prendas.

Riberalta. Fábrica de confección de textiles estatal da empleo a mujeres. Venezuela compra las prendas. Foto: Svetlana Salvatierra

La Razón / Svetlana Salvatierra

00:00 / 24 de junio de 2012

Ese es el resultado de la investigación realizada por Alfredo Soane y Fernanda Wanderley, en el marco de una convocatoria del Programa de Investigación Estratégica de Bolivia (PIEB) que solicitaba investigar sobre los diversos factores que incidieron en el escaso desarrollo de Bolivia entre 1989 y 2009 y proponer políticas públicas para modificar esa situación.

La brecha ahorro-inversión y la olvidada agenda de transformación productiva con equidad (1989-2009) titula el libro de los investigadores Soane y Wanderley, que fue presentado por el PIEB hace un par de semanas. Es una de seis investigaciones que mostraremos en esta página y en las ediciones siguientes.

En el documento recuerdan que la política económica aplicada en las décadas de 1980 y 1990 fue motivo de varios estudios porque logró superar una hiperinflación y por la aplicación de un programa de ajuste estructural.

Sin embargo, a fines de los 90 varios indicadores de estabilidad mostraron comportamiento negativo. Los autores recuerdan que el  déficit fiscal llegó al 9% del Producto Interno Bruto (PIB); que hubo varias quiebras de bancos; y la crisis financiera asiática impactó en una devaluación de las monedas argentinas y brasileñas, que afectaron a la economía boliviana.

Precisan que esa época “se caracterizó por la informalización y precarización del empleo asalariado y el incremento de los trabajadores formales no asalariados al margen del sistema de seguridad social de corto y largo plazo”. Esto derivó en un “descontento social” con el modelo neoliberal y la era pos neoliberal llegó con “respaldo de la esperanza popular”.

“Pero nuevamente los resultados no son consecuentes: el crecimiento es similar al promedio del periodo neoliberal, cercano al 4%; la tasa de inversión no rebasa en promedio el 17% del PIB, aunque el ahorro nacional ha llegado al 25% en promedio entre 2006 y 2010. Así, con una tasa de crecimiento poblacional de 2,1%, el crecimiento del PIN per cápita es insuficiente para imaginar su duplicación en menos de 40 años. Tampoco hay cambios significativos en la formalización del empleo y la expansión de la cobertura de la seguridad social”.

En base al análisis, los investigadores se inclinan por proponer políticas selectivas, explica el profesor de la UCB Juan Antonio Morales. Y señala en el prólogo del libro que  proponen “una estructura productiva conformada por clusters y cadenas que contribuyan a darle mayor densidad a las relaciones intersectoriales e interempresariales. Para esa mayor densificación pueden requerir intervenciones estatales. La producción industrial tiene que orientarse a la exportación y a la sustitución de importaciones cuando ella no implica sacrificios exagerados de eficiencia”.

Por su parte, Seoane y Wanderley afirman que “el estudio concluye que en ambos periodos, aunque  por razones diferentes, no se encaró consistentemente y simultáneamente políticas para la coordinación efectiva de las actividades productivas que faciliten  la expansión sostenible de la inversión en innovación, incremento de productividad, fortalecimiento de las estructuras de los mercados de factores de producción de insumos y productos, reducción de incertidumbres y mejoras de la calidad del empleo en los diferentes sectores”.

Para llevar adelante una agenda productiva con equidad consideran necesario un “proyecto político que implica la maduración de convergencias mínimas entre actores sociales, económicos y políticos” con el fin de “superar el punto muerto entre vencidos y vencedores que nos atrapó en la oscilación entre estrategias opuestas de desarrollo-estatismo o liberalismo a ultranza”.

Los investigadores señalan que las políticas de desarrollo productivo “juegan un rol central en la democratización de los activos productivos” porque se puede visibilizar el rol de los pequeños productores para salir de la pobreza.

Las propuestas de políticas públicas

Propuesta 1: Inscribir como objetivo o proyecto socioestatal boliviano la transformación productiva con equidad, incorporando a los diferentes sectores sociales y generando un marco de encuentro o proyecto común, cuya meta sea dar oportunidades laborales y de ingreso  a las nuevas generaciones y a todos los bolivianos. Para ello, se requiere adoptar una agenda de transformación productiva que parta de una visión estratégica compartida y tenga por objetivos desarrollar marcos sinérgicos de encuentro entre mercado y Estado, entre sector público y privado, entre ámbitos macro, meso y microeconómicos y que se concrete a través de una densificación de eslabonamientos productivos en torno al aprendizaje tecnológico, innovación y acrecentamiento de la productividad; es decir un proyecto de industrialización en sentido amplio.

Propuesta 2: Mejorar continuamente la organización de los complejos productivos en todos los sectores económicos con incrementos de productividad, innovación y agregación de valor. Afrontar el proceso de transformación productiva con el fortalecimiento de encadena- mientos productivos.

Propuesta 3: Superar las convicciones duras sobre el Estado y el mercado, porque se requiere la combinación de ambas fuerzas.

¿A qué se llama industrialización?

En su investigación, Seoane y Wanderley plantean que para la construcción de ese proyecto político de transformación productiva es necesario un concepto común de “industrialización”.

Proponen que ese concepto de industrialización “debe abarcar los procesos de mejora continua de la organización de los complejos productivos en todos los sectores económicos —agropecuario, industria, servicios y comercio— con incremento de productividad, innovación y agregación de valor”.

De esta forma, señalan que “las políticas de promoción de proceso de innovación y aprendizaje tecnológico deben estar dirigidas tanto a los sectores donde se concentra una gran cantidad de trabajo como también a los sectores con mayores niveles de productividad pero con baja capacidad de generación de empleo”.

Los investigadores destacan que “los incrementos de productividad en todos los sectores constituyen la base principal para el crecimiento económico sostenido”, pero este cambio hay que afrontarlo con el “fortalecimiento de los encadenamientos productivos o industrialización” que genera mayor empleo.

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