El Financiero

La violencia económica impide que los niños tengan calidad de vida

Alberto Mosquera.Es director de Visión Mundial en Bolivia, una organización no gubernamental cristiana que impulsa el desarrollo comunitario y económico en municipios rurales del territorio nacional a fin de generar mejores condiciones de vida para miles de niños y sus familias. Los planes y programas de asistencia técnica, agricultura y otras iniciativas benefician a unas 4.000 familias; los proyectos son elaborados en consenso con las comunidades que determinan prioridades.

Previsor. Mosquera enfatiza en que hay mucho por hacer para el desarrollo de sectores vulnerables.

Previsor. Mosquera enfatiza en que hay mucho por hacer para el desarrollo de sectores vulnerables. Foto: Pedro Laguna

La Razón / Svetlana Salvatierra

00:00 / 18 de noviembre de 2012

— Una década después regresa a Bolivia a trabajar otra vez en la ONG Visión Mundial, ¿qué opina y cómo asume el reto?

— Visión Mundial es una institución cristiana de desarrollo comunitario, de apoyo en emergencias. Creo que uno debe estar donde hay necesidades y pobreza, no digo que no las haya en Ecuador (de donde llega), pero en Bolivia hay mucho que debemos hacer como organizaciones no gubernamentales (ONG) y una tarea pendiente que es trabajar con el Gobierno. Si uno mira la situación de nuestros pueblos indígenas, en los sectores urbano marginales, nos da una breve idea del trabajo pendiente. Si bien el Gobierno ha hecho una serie de leyes en favor de la niñez, como la Ley 214 en la que declara a 2012 como el Año de la No Violencia a la Niñez, es un tema pendiente. Acabamos de hacer un estudio en 14 municipios en conversación directa con niños y niñas para preguntarles cómo se sienten con relación a sus derechos y es impresionante escuchar que nueve de cada diez han sido violentados de alguna manera; situaciones muy críticas como trabajo, maltrato, violencia, abuso, trata y tráfico...

— ¿Estos 14 municipios en qué áreas se encuentran ubicados?

— Están en Santa Cruz, Cochabamba, Oruro y La Paz. Es una muestra representativa. La mayoría son municipios rurales, pero eso no escapa a lo que puede ocurrir en las ciudades. Habría que dar una mirada más profunda porque hay violencia en el hogar, en la escuela (en toda la comunidad educativa) y la violencia de la sociedad en general.

— Para que los niños tengan mejores condiciones, ¿en qué programas trabajan?

— Como adultos estamos obligados a crear espacios para los niños, para complementar con sistemas formales de denuncia. Hay diferentes tipos de violencia: física, psicológica (...) y la violencia económica donde la estructura y situación financiera de la familia impide que los niños estén bien alimentados, tengan buen acceso a la salud, a la escuela; o les lleva a trabajar para suplir estos aspectos. Queremos que los niños estén bien cuidados, protegidos y tengan una plenitud de vida y eso pasa por crear buenas condiciones. “Una niñez protegida es promotora de una sociedad más justa” es el slogan de una campaña que lanzamos. Hay que invertir en este grupo etáreo de la población porque son el presente.

— ¿En qué municipios trabajan?

— Estamos en siete departamentos, excepto en Beni y Pando por cuestiones administrativas y distancia. Respondemos a una lectura de la pobreza (extrema) como en el norte de Potosí y el altiplano de Oruro y Cochabamba. Ahí trabajamos en coordinación con los gobiernos municipales, la comunidad educativa, los niños y niñas y otras ONG que están en la zona para evitar duplicar esfuerzos. Apoyamos directamente a 12 mil niños y me animaría a decir que 200 mil niños son beneficiados con nuestros programas.

— En los programas de desarrollo económico apuestan por alimentos, agua y apoyo a emprendimientos para mejorar las condiciones de vida de las familias, lo que repercute en los niños, ¿qué resultados hay?

— Más que una oferta institucional creemos que es importante escuchar la voz de los pueblos, de las  comunidades, de los niños en los temas que ellos destacan. Si se revisan las estadísticas del país tenemos un sinnúmero de municipios donde la tasa de mortalidad pasa de 100 x 1.000 (nacidos vivos). ¿Cómo en pleno siglo XXI tenemos estos problemas? Vemos que las mamás, por su situación económica, no tienen posibilidades de una buena alimentación y esto repercute en la mortalidad.

Tenemos como brazo financiador a la Fundación Boliviana para el Desarrollo (Fubode). Poseemos unos 60 mil clientes con una línea de crédito con intereses mínimos con relación a lo que ofrece el mercado,  para el que no tiene un garante o el que a duras penas obtuvo su carnet de identidad o no tiene una casa o un bien para hipotecarlo. Apostando a las buenas iniciativas de trabajo.

— ¿Y en agricultura?

— Las personas que viven en las comunidades tienen ventajas porque siempre hay iniciativas para mejorar algo. En Tacopa se han hecho invernaderos para escuelas; es parte de un programa de sostenibilidad y seguridad alimentaria. En Oruro se capacita a los agricultores en cómo generar sus propias semillas aptas para la condiciones de la zona. Los programas benefician a unas cuatro mil familias. Lo importante es que hablamos con la comunidad.

— ¿Y qué pide la comunidad?

— Por ejemplo corregir el sistema de agua o proveer de agua a la escuela. Los proyectos no pasan por la oferta institucional, sino por la demanda de necesidades de las comunidades donde invertir.

— El agua es fundamental

— Hay obras que son demasiado costosas y nos asociamos con los gobiernos municipales. Hay que hacer esfuerzos conjuntos, ser más imaginativos, ceñirnos a la realidad. El principal garante de la niñez es el Estado. Para ingresar  a un municipio vemos estadísticas de salud, educación, falta de infraestructura básica y pobreza. El trabajo se tiene que hacer en conjunto con el municipio, la comunidad y la institución. Es una responsabilidad de todos, también de las empresas.

Perfil

Nombre: Alberto Mosquera López

Profesión: Ingeniero en Negocios

Cargo: Director  Nacional de Visión Mundial en Bolivia

Experto en administración

Nació en Ibarra a 300 kilómetros de Quito, capital de Ecuador, cerca de la frontera con Colombia. Realizó sus estudios en la Universidad Tecnológica y Comercial en Ingeniería de Negocios; luego cursó una maestría en Gestión de Calidad y Productividad en la Escuela Politécnica del Ejército. Vivió en Bolivia 11 años desde 2000 y realizó una maestría en Gestión de Políticas Sociales en la Universidad Mayor de San Simón (Bolivia). Trabajó en tres instituciones: diez años en Visión Mundial en Ecuador (1980-1990); en Toyota Ecuador durante otra década en varias áreas. En 2000 se vinculó a la KNH Ecuador y Bolivia. Y hace un mes es Director Nacional de Visión Mundial en el país.

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