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Achuma y ayahuasca, dos alucinógenos que se ofertan sin control

La venta del producto envasado o natural se realiza casi al descubierto.

La Razón

00:00 / 08 de octubre de 2012

Raúl tiene un puesto de venta de ropa típica en la Calle de las Brujas de La Paz. Cuenta que casi a diario aparece un extranjero para preguntarle dónde puede conseguir un “San Pedro”. “Al principio pensé que hablaban del trago, pero posteriormente me dijeron que era una planta y supuse que la vendían por allá”, explica en la puerta de su comercio, mientras alarga el brazo y, con el índice derecho, señala hacia el final de la vía, donde están las chifleras y abundan amuletos, brebajes y arbustos.

El cactus de la achuma o wachuma, popularmente conocido como “San Pedro”, cuesta entre Bs 10 y Bs 20; además, ahora se puede comprar en polvo y cada paquete (de unos ocho centímetros cuadrados) se cotiza en Bs 15. La bolsa viene con una etiqueta en la que se encuentra el número de celular de una chiflera. “Esto es para los compradores mayoristas”, explica una cholita comerciante, quien asegura que se trata de una “planta milagrosa”.

La venta del producto envasado o natural se realiza casi al descubierto. El cactus mide entre 30 y 80 centímetros y se halla escondido entre variopintas plantas que se encuentran en los centros de abasto. “Los consumidores son turistas”, continúa la vendedora.

El nombre científico de la achuma es Echinopsis pachanoi. Contiene mescalina, que es un alcaloide con propiedades alucinógenas; por eso, en otros países es considerado una droga a secas. Según fuentes de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (FELCN), en Bolivia no hay una legislación específica que prohíba su comercialización y, por ello, no se realizan incautaciones u operativos en la tradicional Calle de las Brujas.

Algunos vendedores cuidan sus palabras a la hora de ofrecer el vegetal a clientes locales, prefieren destinarlo exclusivamente a personas de otros países.

Total, no hay muchos bolivianos que pregunten por el “San Pedro”. Eso sí, para los extranjeros la mercancía tiene otro precio: hasta Bs 25.

El cactus crece en diferentes regiones de La Paz. Por ejemplo, el barrio Achumani debe su nombre a la proliferación de esta planta que igual abunda en serranías de la ciudad y en municipios del departamento. En el pasado, se la utilizaba para crear un vínculo entre el hombre y las divinidades. De ahí proviene su nombre: “San Pedro”, porque este santo sería el responsable de cuidar las llaves del cielo.

Dayana —una consumidora de achuma que fue contactada por Informe La Razón y que pidió reserva en su nombre— explica que se debe consumir preferentemente en su estado natural, es decir, se necesita cortarlo y después preparar la infusión. Tras tomar el brebaje, sus efectos pueden durar hasta seis horas.

La planta no sólo es un alucinógeno, por ejemplo es usada para mantener la estabilidad de los suelos; por esta razón, su constante erradicación causaría un problema para las zonas donde crece. La achuma tiene una flor que puede ser empleada de forma decorativa y ello alienta más su comercialización sin fiscalización alguna.

Pero no es únicamente el “San Pedro”. Marina es otra turista foránea que fue  abordada por este suplemento. Ella llegó a Bolivia con la esperanza de encontrarse a sí misma en un “viaje místico” a través de la ayahuasca. Le dijeron que en el país una empresa turística ofrece paquetes para realizar la travesía. No le mintieron.

El nombre científico de esta planta es Banisteriopsis caapi. Después de mezclarla con otros vegetales, produce alucinaciones a quien la ingiera. Su relación con la achuma es que en territorio boliviano no existe una legislación que prohíba su venta y su consumo, un caldo de cultivo para al menos dos compañías que ofertan el “viaje místico” en la ciudad de La Paz.

Ayahuasca es una palabra quechua que en español significa “soga del muerto”. De acuerdo con información extraída de la página electrónica del centro de meditación Monte Águila: “Para los chamanes, la ayahuasca es una de las plantas ‘maestras’ más reverenciadas y ‘poderosas’ de toda la Amazonía porque, según sostienen, revela el ‘mundo verdadero’”. Inclusive en Perú ha resultado declarada como “patrimonio cultural”.

Pero no todas las experiencias son positivas. Uno de los casos más graves involucró a Kyle Nolan, un joven de 18 años que llegó a Puerto Maldonado (cerca de la triple frontera: Perú, Bolivia y Brasil) atraído por la publicidad de un curandero que hacía sesiones de ayuahuasca. El estadounidense murió y el brujo peruano ocultó el cadáver en la maleza de la selva.

A diferencia del San Pedro, para tomar la infusión con ayahuasca se requiere de un guía espiritual que dirija el ritual. La práctica se realiza junto a otras personas en un ambiente selvático. Los extranjeros que desean emprender esta aventura se contactan con agencias de turismo en La Paz que organizan viajes hasta un sitio místico para la sesión, de acuerdo con fuentes consultadas por este suplemento.

En los países andinos esta hierba goza de amplia popularidad y su fama ya ha trascendido fronteras. Por ejemplo, el famoso cineasta norteamericano Oliver Stone declaró públicamente su preferencia por esta planta. En junio afirmó: “Creo en el LSD, la mescalina, las setas y la ayahuasca. El éxtasis es genial también”, reveló el director de éxitos como Pelotón y Nacido el 4 de Julio, quien también se declaró consumidor de marihuana.

Marina no contó a Informe La Razón cómo le fue con su “viaje interior”, “místico”. Volvió a su natal España y se llevó consigo el secreto que alcanzó gracias a la experiencia espiritual con la tradicional “soga del muerto”.

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