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Ahora se llevan cables de cobre de los postes

Drenajes pluviales

Drenajes pluviales

La Razón

00:00 / 18 de junio de 2012

A  poco de ser inaugurado el nuevo mercado Lanza en La Paz, en julio de 2010, desaparecieron 120 tapas de sumideros de bronce del lugar y sus alrededores. Es una muestra más de la fiebre por los metales. Pero hay más, los delincuentes también se llevan cables de cobre de los postes de energía eléctrica, y otros, tapas de metal de las conexiones de la Empresa Pública Social de Agua y Saneamiento (EPSAS).

“No han durado ni dos semanas. Se lo han robado todo”, cuenta Felisa, una vendedora del mercado Lanza, mientras muestra los desagües huecos, sin las tapas de bronce. “Dicen que se las han llevado a Perú, pero no sé más…”, añade la comerciante, que después del hurto puso un escurridero de plástico. “Pero hasta eso se lo han llevado los ladrones…”, se lamenta.

POSTES. Si bien hay antisociales que sustraen rieles, esculturas enteras y otros objetos de metal, ahora hurtan cables de cobre de los postes eléctricos públicos, de acuerdo con el informe de Rodrigo Soliz, director de Mantenimiento, oficina dependiente de la Oficialía Mayor de Infraestructura Pública del municipio de La Paz.

“En la Costanerita, desde la calle 5 hasta la 10 de Obrajes, cerca de la Embajada de Venezuela, se llevaron casi 100 metros de cable de cobre”, denuncia el funcionario. El motivo de este desvalijamiento es la cotización de cada metro de este material, que asciende hasta 200 bolivianos. Es decir, con el botín de la Costanerita, los ladrones pueden obtener hasta 20 mil bolivianos en ganancias para sus bolsillos.

El cableado subterráneo tampoco se libra de los golpes dados por estos grupos que no respetan los bienes municipales. “En febrero de este año y cerca del sector de

Las Antenas (Alto Tacagua), los rateros tenían ya envueltos unos 200 metros de cable listos para llevárselos, y de no ser por la denuncia de un vecino se hubieran salido con la suya”, cuenta Soliz.

El modus operandi de estas bandas consiste, primero, en romper ciertas luminarias, para luego hacer cortes en los postes eléctricos y, posteriormente, jalar los cables, lo que incluso pone en riesgo su vida; e igualmente se valen de herramientas para realizar sus fechorías. “Todo esto implica daño al ornato público y si se los descubre in fraganti deben reponerlo en su totalidad”, advierte la autoridad municipal. La comuna paceña habilitó los números telefónicos 114 y 800161010 para las denuncias ante cualquier hecho que afecte a la propiedad de los paceños.

En EPSAS, su gerente técnico, Jorge Zotez, señala que los delincuentes sustrajeron tapas metálicas de sumideros, rieles de drenaje y también rejillas de los medidores de agua. “Un tiempo se llevaban medidores, pero después se robaron estos equipos”. La empresa realiza un conteo sobre cuántas tapas han sido hurtadas recientemente, pero al menos una al mes desaparece de las calles de La Paz y El Alto.

Si eso acontece en la sede de gobierno, en la urbe de Santa Cruz de la Sierra, la Alcaldía y la cooperativa Saguapac —que brinda los servicios de agua potable y alcantarillado— sufrieron la sustracción de 300 rejillas de metal el año pasado. Cada una tenía un costo de al menos 180 dólares, o sea, las pérdidas ascienden a 54 mil dólares. Por ello, se destinaron 1,7 millones de bolivianos para la construcción de otro tipo de drenaje de cemento, hasta agosto, sin los sumideros metálicos.

La mayoría de los barrios donde se extraviaron estas piezas están situadas entre el primer y segundo anillos. Otros sitios perjudicados son el Militar (en la UV 8), detrás del estadio Tahuichi Aguilera, Barrio Lindo (UV 5), El Paraíso y Obrero (UV 2), Máquina Vieja (UV 1), Regimiento Braun y Cementerio General (UV 3), así como en la UV 4, según una publicación del periódico El Deber.

¿Drenajes pluviales con vías férreas?

En un recorrido realizado por Informe La Razón por las zonas del Cementerio General, Vita, Terminal de Buses y Miraflores de la ciudad de La Paz, se pudo constatar que algunos drenajes pluviales fueron hechos con rieles. “Los constructores (empresas contratadas por la Alcaldía) nos dicen que son legales. Dicen: ‘Hemos comprado legalmente’, pero hay que preguntarles de dónde han comprado”, sugiere Rodrigo Soliz, director de Mantenimiento de la Oficialía Mayor de Infraestructura Pública del municipio. En Bolivia, la importación de rieles es muy difícil, por su elevado costo. Tres piezas de riel a medio uso, de 11 metros cada una, pueden llegar a costar hasta 1.800 dólares. A la par, en la urbe de El Alto, la mayoría de los drenajes pluviales es de carriles ferroviarios. “No sé si serán de rieles de tren, pero la mayoría de estos sumideros son de fierro”, manifestó un vecino de Alto Lima, durante otro recorrido.

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