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Cambio climático afecta a 250 de 339 municipios

En los últimos 10 años, más de 1.000.000 de hectáreas de cultivos de al menos diez alimentos fueron dañadas

Valentín, junto a su esposa en su terreno en Taraco.

Valentín, junto a su esposa en su terreno en Taraco. Fotos: Wara Vargas, archivo La Razón, MDRYT, Prosuco, Anapo, INIAF e Internet

La Razón (Edición Impresa) / Marilyn Choque

00:00 / 24 de agosto de 2015

Valentín Llusco tiene 87 años y cultiva papa, cebada y haba en el municipio de Taraco (La Paz) desde que tiene uso de razón. Con los ojos vidriosos y el rostro marcado por el paso del tiempo cuenta —mientras acullica y contempla la planicie de sus tierras cosechadas— que hace 20 años la lluvia llegaba con precisión entre septiembre y febrero para regar sus cultivos y la recibía como una bendición. “Ahora el tiempo se ha vuelto loco”, asegura.

Los tiempos han cambiado. Las lluvias en la región lacustre de La Paz se presentan de manera sorpresiva, acompañadas de granizos y heladas, cada vez más frecuentes”, y a su paso dañan los sembradíos de Valentín, cuya cosecha es destinada a su alimentación y a la venta en las ferias comunales, a fin de aprovisionarse de semillas, arroz, azúcar y otros que no produce. 

“Ahora el tiempo está loco. En cualquier momento llueve, graniza, cae nevada o viene la helada”, dice el anciano en su lengua materna, el aymara. Espera que las estaciones del año (primavera, verano, otoño e invierno) retornen a la normalidad para cultivar alimentos como lo hacían hace muchos años sus padres y abuelos.

Pese a que el tiempo ahora es impredecible, Valentín se aferra a su tierra. “Yo no me iré de mi pueblo”, afirma. Cada vez que el clima cambia, sube a los cerros para implorar de rodillas a la Madre Tierra para que “no se enoje con nosotros”. En este municipio, 2.996 personas de 6.603 se dedican a la agricultura, ganadería y pesca, según el Censo de Población y Vivienda 2012.

Esteban Tola, quien vive en Patacamaya, población ubicada a 100 kilómetros de la ciudad de La Paz, en la carretera hacia Oruro, dispara petardos en dirección a las nubes con la creencia que de esa manera logrará espantar las lluvias sorpresivas que provocan heladas y dañan los cultivos.

Los cambios repentinos en el clima no solo golpean los pueblos de Valentín y Esteban. Según un reporte del Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras (MDRyT), enviado a Informe La Razón, las granizadas, riadas, inundaciones, sequías, vientos huracanados, plagas y enfermedades han afectado en los últimos diez años (2004-2014) a 250 municipios (74%) de los 339 que hay en Bolivia. En el departamento de La Paz se registran 69 regiones damnificadas, en Cochabamba, 42; en Chuquisaca, 29; en Potosí, 35; en Santa Cruz, 24; en Beni, 19 y; Oruro, 10; en Pando y Tarija  a 11 respectivamente, en todo el país.

Las inclemencias dañaron sobre todo sembradíos de tomate (388.405 hectáreas-ha), maíz (243.675 ha), arroz (203.119 ha), papa (83.947 ha), trigo (61.789 ha), plátano (24.874 ha), yuca (20.738 ha), quinua (15.371 ha) y cebolla (1.758 ha), que además incorpora a la caña de azúcar (35.759 ha) como otro de los productos afectados. Se trata de más de un millón de hectáreas cultivadas en todo el país.

Y las pérdidas económicas al sector agropecuario en los últimos 11 años fue en $us 1.059,4 millones, en promedio por año el daño fue de $us 96,3 millones. Este dato toma en cuenta la pérdida total de un cultivo o la merma en la producción para la venta o autoconsumo. El cálculo para determinar este menoscabo monetario se hizo con base en la metodología que aplica la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), según el director general de Producción Agropecuaria y Soberanía Alimentaria del MDRyT, Lucio Villca.

Las pérdidas son mayores conforme pasa el tiempo. Solo entre octubre de 2013 y mayo de 2014, las granizadas, heladas tempranas, riadas y deslizamientos de tierras e inundaciones de gran magnitud, por efecto de desborde de ríos e intensas precipitaciones afectaron a 120.272 hectáreas de soya, arroz, maíz, papa, cebada, yuca, trigo y haba en todo el país. La pérdida fue total (100% no fueron cosechadas) por lo que 129 municipios de los departamentos de La Paz, Cochabamba, Potosí, Santa Cruz, Chuquisaca, Beni y Pando se declararon en emergencia, de acuerdo con la Evaluación de Daños y Pérdidas por Eventos Climáticos de la Unidad de Análisis de Políticas Sociales y Económicas (UDAPE) y el Banco Mundial (BM).  

CAUSAS

Los agricultores de algunos de los municipios afectados atribuyen estos daños al cambio climático (CC), y directa o indirectamente a la actividad humana, que altera la composición de la atmósfera mundial y que se suma a la variabilidad natural del clima observada durante periodos de tiempo comparables, de acuerdo con la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC).

En Bolivia, el clima es cada vez más impredecible y severo en situaciones de sequías y calor intenso. En tanto, las lluvias son torrenciales y generan riadas e inundaciones. También se presentan con frecuencia y con mayor intensidad eventos extremos como granizadas, ventarrones y olas de calor, de acuerdo con el documento Política Plurinacional de Cambio Climático, 2015 de la Autoridad Plurinacional de la Madre Tierra. Estos fenómenos se presentan en las cinco macrorregiones establecidas por la Constitución Política del Estado: amazonía, chaco, altiplano, llanos y valles.

Al respecto, Villca  dice que el CC está provocando cambios en los 84 ecosistemas (sistema biológico constituido por una comunidad de seres vivos y el medio natural en que viven) de Bolivia. “Nuestro país tiene 84 ecosistemas de los 113 que existen en el mundo. Esto hace un potencial agrícola, por eso es el tercer pilar en la economía (después de los hidrocarburos y minería). Tenemos más de 17 millones de hectáreas potenciales con fines agrícolas”, explica.

En el país hay 872.641 unidades productivas agrícolas, de las cuales el 94% (820.283) son pequeños agricultores, el 5% (43.632) medianos y el 1% (8.726) agroindustriales, detalla la autoridad y asegura que los dos últimos sectores producen soya, algodón, sésamo, arroz, entre otros productos, destinados principalmente a la exportación.

Estos datos reflejan que gran parte de la población rural tiene como principal fuente de ingreso la agricultura, en una dinámica de producción para el autoconsumo.

Los fenómenos climáticos modifican severamente el régimen de lluvias, provocan alteración de temperaturas promedio y afección a la fertilidad de los suelos, al extremo de reducir gradualmente la producción de alimentos entre un 20 y 25%, afectando la disponibilidad de alimentos, según el informe del MDRyT.

Además, un reporte del Viceministerio de Medio Ambiente y Biodiversidad señala que el CC ocasiona un déficit de la producción y de la población económicamente activa en regiones productoras de alimentos por la carencia de oportunidades y pérdida de la capacidad productiva.

La inestabilidad del clima es evidente. “El tiempo ha cambiado y vivimos en constante incertidumbre. En cualquier momento llueve, llega el granizo y la helada”, admite Valentín, el agricultor de Taraco para quien incluso los indicadores naturales como el Tiki Tiki (un ave de color café con pecho blanco que hace su nido en la tierra) ya no indica con precisión si este año lloverá o faltará este preciado líquido. No se sabe qué pasó con este pájaro que cada vez aparece menos por esas regiones.

CULTIVOS

A unos 25 minutos de la Ceja de El Alto, el cambio climático se ensaña también con los campesinos de Laja. Los cultivos de papa, oca, quinua y haba son afectados desde hace más de 11 años por las intensas lluvias y heladas tempranas registradas en este municipio, donde 8.459 habitantes de 24.531 se dedican a la actividad agrícola y ganadera.

Este fenómeno no tiene fronteras. En la última década y debido a la variación del clima se dañaron cultivos de maíz en Huacareta, en Chuquisaca, donde 2.270 personas de 8.349 se dedican a la agricultura y ganadería. “En mis 35 años de vida nunca había visto que el tiempo sea tan inestable. Estos cambios son más notorios, año tras año, y afectan a todos los productos”, indica el alcalde municipal, Daniel López.

En los últimos años, el municipio de Colquechaca, en Potosí, sufrió también la presencia de heladas tempranas en plena época de floración (febrero) de la papa. En 2012 y 2013, las riadas fueron frecuentes y también afectaron al tubérculo. “Aquí se conserva 60 variedades de papa nativa y nos da mucho miedo de que se estén dañando estas reservas por los repentinos cambios del clima”, manifiesta preocupado el exalcalde Aurelio Mamani. En diferentes momentos y por estos eventos climáticos, 800 hectáreas de papa, 400 ha de cebada y 100 ha de quinua se echaron a perder.

¿Granizada en el trópico cochabambino? “En mis 29 años de vida nunca había visto caer granizo en el trópico de Cochabamba. Pero, en los últimos años, el granizo de 20 y 30 minutos destruyó por completo las plantaciones de cítricos, banano e incluso de coca”, cuenta el alcalde reelecto (en las subnacionales del 29 de marzo) del municipio de Chimoré, Siberiano Lara. En esta localidad, 6.461 pobladores de 21.736 se dedican al cultivo, principalmente, de banano, cítricos, coca, arroz, yuca y maíz.

“Los daños por las inclemencias del tiempo son frecuentes. Pero el 2011 no olvidaremos”, recuerda Martín Colque, alcalde de Toledo, en Oruro. Indica que ese año las sequías, heladas y granizadas dañaron cultivos de papa, cañawa y quinua. “Estos cambios repentinos causaron también la muerte del ganado ovino y camélido, y hemos registrado alta mortandad de crías de ovejas”, informa el burgomaestre. En esta región 4.001 personas de 10.149 se dedican a la agricultura y ganadería.

“Tenemos mucha incertidumbre antes de sembrar, porque como nunca estamos viendo con mayor frecuencia ventarrones y sequías extremas”, señala preocupado Esteban Llanos, exalcalde de Betanzos. Explica que en este municipio potosino, en sus tres pisos ecológicos, se cultiva una diversidad de productos agrícolas, pero los embates del clima causaron pérdidas de sembradíos de papa, haba, trigo y maíz. En esta región, 11.283 pobladores de 33.922 se dedican a la agricultura y ganadería.

Por ello, algunos agricultores cambiaron de actividad. “La mayoría prefiere sembrar cebada para alimentar a su ganado, porque la producción de leche es más rentable y segura. Con este tiempo solo tenemos asegurado el 30% de la cosecha”, aclara Llanos.

Es evidente que los ciclos estacionales han variado “demasiado” en los últimos diez años  y estos cambios están derivando en la incertidumbre y la migración de muchos pobladores del municipio de Uriondo, en Tarija, a Argentina, manifiesta el reelecto alcalde Álvaro Ruiz. En esta localidad, 6.189 pobladores de 14.781 se dedican a la agricultura y ganadería. El principal cultivo es la vid, pero en sus diferentes pisos ecológicos se puede encontrar sembradíos de hortalizas y legumbres.

En Boyuibe, municipio del chaco cruceño, el cambio climático se ha acentuado en los últimos diez   años, “con las temperaturas extremas y los periodos largos entre una lluvia y otra. Además, hemos sentido que la época de sequía se extendió”, dice el exalcalde de esta región Benito Hoyos. En esta localidad se puede observar sembradíos de maíz, frejol, maní, yuca y cítricos, pero tiene vocación ganadera. De 5.087 pobladores, 520 se dedican a la agricultura y ganadería.

El municipio beniano de Rurrenabaque también fue “castigado” por las torrenciales lluvias que derivaron en riadas que afectaron los sembradíos de yuca, según el exalcalde de este municipio y actual diputado nacional Yerko Núñez. Indica que esta región se encuentra en el punto donde confluyen el río Beni, los Andes tropicales y la planicie amazónica y es un amplio destino turístico, porque es el acceso a dos importantes áreas protegidas: el Parque Nacional Madidi y Pilón Lajas, reservas que también fueron afectadas por la crecida de los ríos. En este territorio, 2.585 pobladores de 19.195 se dedican a la agricultura, ganadería, caza, pesca y silvicultura.

“El calor es insoportable. Ya no podemos caminar ni media hora sin sombrero. En los últimos diez años hemos sentido que cada año hace más calor”, dice el alcalde del municipio de Bella Flor, Pando, Ytamar Subtil. “La mayoría de la población vive de la explotación de productos que crecen en el monte; como la castaña. Éstos también fueron afectados por el excesivo calor y no hemos podido recolectar productos”, remarca la autoridad edil. Aquí, 1.003 personas de 3.909 se dedican a la agricultura, ganadería, caza, pesca y silvicultura.

“En los últimos años, las lluvias y heladas se están adelantando, provocando pérdidas al sector del 60 y 70% de la producción”, lamenta el presidente de la Asociación Nacional de Productores de Quinua (Anapqui), Juan Crispín, quien explica que hace diez años las lluvias en el altiplano llegaban de diciembre a febrero, justo cuando la quinua está madurando. Ahora los aguaceros se prolongan hasta abril, dañando por completo los sembradíos del cereal.

¿Por qué tantos daños? Estos eventos climáticos se presentan en Bolivia por la ubicación tropical y la proximidad al océano Pacífico, por tanto es susceptible a ser afectada por los dos fenómenos más traviesos del clima: El Niño y La Niña.

El Niño produce el aumento de la temperatura de la superficie oceánica del Pacífico Tropical. Es la fase cálida. Y La Niña es lo opuesto al anterior, es la fase fría.

Estos fenómenos se repiten regularmente cada cierto tiempo, entre tres y ocho años, entre diciembre y enero, y causan efectos imprevisibles y eventualmente devastadores. En los últimos 25 años, debido al CC estos sucesos son más fuertes y recurrentes que en el periodo anterior, según el texto Migración y Cambio Climático; el caso de Bolivia y Colombia, del Centro de Estudios Amazónicos (Ceam).

Ante estas adversidades del clima en el país, el Estado invirtió en emergencias y rehabilitación agropecuaria Bs 188,47 millones ($us 27 millones), solo en el periodo 2007-2015, según el informe del MDRyT.

Pero el registro de los daños son permanentes. Según un reporte de la Unidad de Gestión de Riesgos Agropecuarios del MDRyT, de septiembre a marzo de este año, 22.650 familias resultaron afectadas por fenómenos naturales extremos como vientos huracanados, granizadas, heladas, inundaciones y sequías.Las pérdidas se produjeron en los departamentos de Chuquisaca, La Paz, Cochabamba, Potosí, Santa Cruz y Pando.

También llegó la nevada. El clima sorprendió del 12 al 14 de agosto y causó daños. El ministro de Defensa, Reymi Ferreira, informó que la nevada caída en el occidente del país dejó daños graves en los cultivos agrícolas en regiones de La Paz, Potosí, Oruro y parte de Cochabamba.

Este evento climático dañó cultivos de trigo, papa, maíz en grano, cebolla, quinua, soya, zanahoria, arroz, lechuga, rabanito, papaya, durazno, uva, haba, ají, maní, maíz-choclo, oca, papalisa, cebada y yuca, además de cítricos y hortalizas, entre otros.

Un reporte de la Fundación Amigos de la Naturaleza (Fan-Bolivia) enviado a Informe La Razón señala que ante esta realidad crítica es de vital importancia reducir la vulnerabilidad del sector agropecuario al CC, porque el incremento de la temperatura está causando la prolongación de la época seca y lluvias en la estación húmeda que afectan la producción de alimentos por escasez de agua, erosión e inundaciones.

Para mitigar estos eventos adversos del clima, el MDRyT está realizando investigaciones y el mejoramiento de semillas, con mayor rendimiento, para que sean resistentes sobre todo a los impactos de las sequías o bajas precipitaciones. El Instituto Nacional de Innovación Agropecuaria y Forestal (INIAF), en la Estación Experimental de Toralapa en Cochabamba, es el encargado de generar alternativas tecnológicas a partir de la investigación para fortalecer la producción y productividad del sector agropecuario y forestal.

En cuanto a la escasez de agua de riego en zonas de sequía del país, se están implementando sistemas de almacenamiento del líquido para aprovechar las precipitaciones. Además, en 2011 comenzó el programa Mi Agua con el propósito de incrementar la producción agropecuaria con sistemas de riego en las zonas más alejadas.

Y para motivar a los productores a seguir cultivando, pese a los avatares del clima, en junio de 2012 se empezó a implementar el Seguro Agrario Universal en los municipios más pobres del país, para indemnizar a pequeños productores por la pérdida de cultivos de avena, cebada, haba, maíz, papa, quinua, trigo, entre otros productos por helada, inundación, sequía y granizada.

Además, de acuerdo con la Agenda Patriótica 2025 se espera consolidar la vinculación entre la agenda agraria y la forestal para que exista plena complementariedad entre la producción de alimentos y la conservación de los bosques. Que los sistemas productivos sean eficientes con altos rendimientos agropecuarios, incorporando el enfoque de los sistemas de vida con visión biocultural y sostenimiento de la capacidad de regeneración de la Madre Tierra.

EL REPORTAJE COMPLETO EN LA EDICIÓN ESPECIAL DE INFORME LA RAZÓN, QUE CIRCULA ESTE LUNES 24 DE AGOSTO JUNTO A NUESTRA EDICIÓN IMPRESA.

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