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El Carnaval Patrimonio de la Humanidad

La fiesta orureña es una compleja convivencia entre las tradiciones y la modernidad

La Razón / Iván Bustillos Zamorano

00:00 / 13 de febrero de 2012

Aparte de la devoción a la Virgen del Socavón, si hay algo  en gran medida le da hoy forma al Carnaval de Oruro es su carácter de “Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad”, otorgado por la Unesco el 18 de mayo de 2001. Todos los entrevistados por La Razón remarcan este hecho: conservar la tradición, no distorsionar los trajes, la danza ni la música, mejorar la organización, incluso ‘reconstruir’ lo original... casi todo para preservar dicho carácter internacional de la fiesta. 

Por eso la “supervigilancia” que ejerce la Asociación de Conjuntos del Folklore de Oruro (ACFO), según su presidente, Jacinto Quispaya; o el rígido reglamento que aseguran imponer los directivos de las diferentes fraternidades a sus componentes, especialmente a los más jóvenes, que mal que bien siempre tienden a poner en cuestión las tradiciones. 

Es la razón, por ejemplo, para que la Morenada Central Oruro Fundada por la Comunidad Cocani (su nombre oficial) reivindique como una “reafirmación cultural”, que hace a lo original, el haber recuperado el pijcheo (el masticado ritual de coca) y la institución del presterío (que una o varias parejas de esposos se hagan cargo de la fiesta), según el caporal mayor, Gerardo Núñez Copa.

Pero con la misma convicción, de estar recuperando la tradición, también habla  el presidente de la Fraternidad Morenada Central Oruro, Hugo Zeballos Álvarez, cuando dice que el preste no es propio de Oruro, sino sólo el “pasante”, un cargo que dura “horitas” y que consiste en pagar la misa de fiesta, encabezar las procesiones llevando la imagen de la Virgen y ‘atender’ a los bailarines con la debida comida y alguna bebida.

Pero también es parte de la tradición a preservar el hecho de que la Central Oruro reivindique incluso el apelativo de q’ara (pelado, blancoide, un insulto en realidad) que recibiera de los fraternos cocanis, allá por los 40, cuando después de haber nacido ambos como una sola morenada, la Central, luego se dividieran en la Fraternidad Central Oruro, por un lado, y la Morenada Central Oruro Fundada por la Comunidad Cocani, por otro; cuando se dividieron entre “los descendientes de cocanis” y los q’aras.

Tensiones. El Carnaval Patrimonio vive en medio de otras tensiones más. Por ejemplo, pese a que uno de los orgullos de la Central Oruro es la masiva presencia de jóvenes, su presidente no deja de alertar de distorsiones propias de la edad: “Hay jovencitos que en vez de bailar el ritmo cadencioso, lento, sublime y elegante de la danza, le ponen como diablada”.

En cuanto a los trajes, también hay cierto parámetro a seguir: hay un traje moreno, se puede decir, clásico, aquel antiguo diseñado por los primeros bailarines.

Los cocanis, por ejemplo, se ufanan de haber recuperado, con base en antiguas fotografías, el denominado “traje ancestro”, más liviano que el actual.

Por la reafirmación de la tradición, con todo, Cocanis y Central coinciden en ácidas críticas a las morenadas paceñas: “Yo no entiendo qué es eso de ‘achachi galán’”, qué es eso de Morenada Intocables, Banda Alcapones, enumera. En suma, Oruro es la pelea por conservar la tradición, y La Paz, la ostentación, dicen.

Otra disputa que deben entablar para consolidar la tradición es la tensión que hay entre la religiosidad, el bailar por devoción y el mero afán de divertirse de mucha gente. Esto se ve en las veladas religiosas, con pocos participantes por lo general; o en que algunos, al finalizar la ‘entrada’, no entren de rodillas al templo, o que pocos asistan a las misas de fiesta, pero sí masivamente a la fiesta posterior.

Un problema adicional del título patrimonial es el número de componentes de cada fraternidad. Según la ACFO, no se debe pasar de 500; pero, reconoce Quispaya, casi nadie cumple esto. Hay el compromiso —señala— de “a mediano plazo” reducir el número de componentes... Pero todos saben que esto es ir contra la historia: sólo una de las morenadas, con casi 1.000 componentes, debió rechazar hasta 500 nuevos postulantes.

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