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En la Garita de Lima compran el oro por kilos

Pagan $us 52 mil (más de Bs 360 mil) por un kilo del metal. Allí llegan clientes peruanos y de todo el país

La Razón

00:00 / 03 de diciembre de 2012

Un mingitorio es la fachada de una de las comercializadoras de oro más poderosas de La Paz y, quizás, de Bolivia. Allí no se compra oro por gramos, como sucede en la feria fronteriza de Chejepampa, sino por kilos y, por ello, es frecuentado por mineros de diferentes puntos del territorio nacional.

“Tengo un kilo de oro, ¿en cuánto me puede comprar?”, pregunta el periodista. Una joven responde con otra consulta al otro empleado de una de las tres ventanillas: “¿Qué ley es?” El metal con mayor pureza es el explotado en el centro aurífero de Suches, en el municipio de Pelechuco, cuyo rango fluctúa entre ley 98 y ley 99 (mientras más cerca de 100, mejor). “Es de Suches y es ley 98”, añade el reportero.

“Bueno, habría que verlo acá, pero si es así, es $us 52 mil (más de Bs 360 mil)”, afirma, con una sonrisa, la comerciante. En las paredes de ese ambiente que más parece una sucursal de banco, calendarios de la Federación Regional de Cooperativas Mineras Auríferas (Ferreco) cuelgan y las personas entran y salen, suben y bajan unas gradas después de pasar por el baño que mira hacia la popular zona Garita de Lima de la ciudad de La Paz. Allí,  los negocios no son en moneda boliviana, sino en dólares.

El dato de la existencia de este sitio fue proveído por un cooperativista de Pelechuco a Informe La Razón, quien admitió que él y algunos de sus compañeros proveen de oro a una conocida tienda del barrio en cuestión, “por los buenos precios que nos cancelan hasta Bs 360 por gramo”. Sitios como éstos igual son acusados como posibles enlaces para la emigración ilegal del mineral a otros países.

“El contrabando es tema de las comercializadoras, ya no del productor, es algo que debe controlar el Gobierno”, postula Edmundo Polo, presidente de la Ferreco, que aglutina a las asociaciones del norte paceño. Afiliados a este ente señalan que apuntan a “acomodar” oro en la Central Integral de Comercialización de Minerales de las Cooperativas Mineras Limitada.

Un vecino de la Garita de Lima, que pidió reserva en su nombre, comenta que hasta esa comercializadora llegan peruanos que hacen fila para vender el metal precioso. “(La dueña) es mayorista y compra por kilos, de uno a diez kilos”. O sea, puede pagar hasta $us 520 mil. Incluso, mineros de la localidad aurífera de San Ramón, en Santa Cruz, y de otras regiones del país son sus asiduos clientes.

A unos 300 metros se encuentra la calle  Tarapacá, conocida por los trabajadores de los socavones como “la calle del oro”, ya que allí están instalados aproximadamente cuatro decenas de locales que se dedican a la compraventa del mineral, varias de las cuales operan también como joyerías. Ambas aceras de la vía pública lucen sus carteles de ofertas. 

Allí, Roberto Tantani funge como dirigente del sector. “Aquí hacemos trabajos en joyas y a veces adquirimos orito para elaborarlas. Ahora es el tiempo de las graduaciones de colegios, pero ya hay poca cantidad de oro”, arguye. Si antes los padrinos de promoción mandaban a hacer anillos de promoción con hasta siete gramos del metal, cuenta el orfebre, ahora la mayoría opta por aros de dos gramos, porque cada gramo se cotiza, mínimo en Bs 350.

Tiendas. Tantani confirma que por la zona existen tiendas que compran oro por kilos. “Algunas se dedican especialmente a la comercialización y pueden adquirir hasta dos kilos; pero es bien difícil, porque es mucha plata”. Relata que en una ocasión le ofrecieron 100 gramos del preciado mineral y que pudo reunir, apenas, los Bs 35 mil para sellar el negocio.

“Por ejemplo, un peruano viene y dice: ‘Te dejo mi oro y luego me cancelas’. Nosotros cubrimos unos 100 gramos, pero un kilo no se puede”. Devela que los ciudadanos de la nación vecina traen el oro extraído de las vetas de La Rinconada, en los alrededores de la ciudad de Puno, e igualmente el que compran a los bolivianos en la feria de Chejepampa, en Pelechuco.

El hombre remarca que si bien hay mucho oro en La Paz, hay menos trabajo para personas como él porque los clientes están perdiendo la costumbre de encargar joyas ornamentales, sobre todo por la inseguridad imperante. “Hacemos composturas y bañamos joyas para solventarnos, pero ahora quieren platería nomás”.

Por ello, confiesa que junto a otros orfebres han incursionado en la compra de  oro por gramos para luego revenderlo a joyerías de otros departamentos, ya que los mineros acuden masivamente a la calle Tarapacá por ser un “lugar conocido”. “Vienen joyeros de Oruro, de Santa Cruz, es que no hay tanto oro por ahí y viajan hasta La Paz para comprar los gramos”.

Las leyes del oro

  • El oro de las vetas de Suches es de muy buena calidad o pureza, por tener ley 98 o ley 99. Mientras el que viene de los socavones peruanos de La Rinconada posee ley 95.
  • El metal extraído en Mapiri y Guanay (provincia paceña Larecaja) tiene ley 95. El que es explotado en San Ramón (Santa Cruz), ley 85. Y el oro de la Cumbre (Yungas), ley 73.
  • De acuerdo con las fuentes entrevistadas, ciudadanos peruanos llegan con el oro transformado en barras para venderlo en La Paz, lo que le da un plus, mayor valor, al mineral.

La empresa EBO tiene oficinas sólo en Riberalta y San Ramón

Cuando los pobladores de Pelechuco preguntaron en La Paz por qué la Empresa Boliviana de Oro (EBO) no instala una oficina en ese municipio, les dijeron que “ésa no es su jurisdicción”.  “Hice la invitación a la EBO, pero no hay interés. Nos han dicho: ‘No estamos operando en esa jurisdicción’. Pero nosotros necesitamos un rescatador de oro en Antaquilla, Suches o Pelechuco”, señala el concejal pelechuqueño Reynaldo Lazo.

La firma estatal sólo tiene filiales en Riberalta (Beni) y San Ramón (Santa Cruz) y en sus planes está abrir, este mes, otra en la ciudad de El Alto. Por ello, los mineros del norte paceño alegan que no les queda otra opción que ofertar su producción a los compradores peruanos de la feria fronteriza de Chejepampa.

“Solicitamos un rescatista aquí, para que nos compre el Estado”, sostiene Santiago Pari, dirigente de la cooperativa Rayo Rojo, cuyos socios ahora viajan hasta la urbe de La Paz para vender el metal a la Corporación Minera de Bolivia (Comibol).

SEGURIDAD. La EBO depende de la Comibol y funciona desde 2010. Fue creada para comprar el metal a los cooperativistas y, posteriormente, comercializarlo al Banco Central de Bolivia. La falta de seguridad es una de las razones que arguyen sus directivos para no inaugurar una oficina en Suches y Pelechuco, en la provincia Franz Tamayo. “El problema es que no tenemos resguardo, seguridad, porque debería haber una base militar. Hubo asaltos por esa zona”, comenta el coordinador Víctor Patiño.

Cuando se le menciona que ya existe una guarnición castrense en Suches, se declara sorprendido y agrega que “recién vamos a ir a ver, además debe haber ambientes, y como dije, debe existir el resguardo policial”. No obstante, el director ejecutivo de la Agencia para el Desarrollo de las Macrorregiones y Zonas Fronterizas, Jerjes Mercado, aclara que en la zona también se reforzaron los puestos militares en Antaquilla y Ulla Ulla.

El presidente de la Federación Nacional de Cooperativas Mineras, Albino García, acepta que el principal reto de su ente es abrir una sucursal de compra de oro en Suches. “Como cooperativistas, a través de Comermin (Central Integral de Comercialización de Minerales de las Cooperativas Mineras Limitada), y el Estado, a través de EBO, debemos ampliar estas agencias”.

La labor minera  contamina al menos 16 zonas del país

Ya no vamos a usar más el mercurio”, comenta Serafín Bravo, minero aurífero del municipio de Pelechuco, al norte de La Paz. Pero cuando se le insiste sobre qué utilizará su cooperativa para la explotación del mineral, sólo atina a responder: “Eso todavía está en proceso, porque aún no se sabe, pero debe haber algo siempre”.

Pese a los esfuerzos de los trabajadores de los socavones de la zona por adecuarse a las reglas ambientales, el área del río Suches en la provincia Franz Tamayo junto a otras 15 en el territorio nacional, son las de mayor contaminación minera en Bolivia, señala el encargado de la Dirección General de Medio Ambiente y Cambios Climáticos, Pascual Arellano, Además de Suches figuran en el mapa manejado por esta dependencia del Viceministerio de Medio Ambiente: Mapiri, Tipuani y Guanay, también en La Paz; Huanuni, Choro, Machakamarka, Poopó y Chuquiña, en Oruro; Vitichi, Caiza D y el nacimiento del río Pilcomayo, en Potosí; San Ramón, en Santa Cruz; el cerro San Simón, en Beni; el río Orthon, en Pando, y Punata, en Cochabamba (revisar la infografía de la siguiente página).

Impacto. El ecosistema y los recursos naturales, sobre todo los ríos, lagos y lagunas son las principales víctimas de esta labor. La semana pasada, un informe de auditoría ambiental sobre la extracción aurífera en la minera Kori Kollo, en Chuquiña (Saucari) estableció una valoración económica de Bs 28 millones por impactos directos e indirectos al medio ambiente, según un reporte de ABI.

Rosario Tapia, especialista en minería de la Liga de Defensa del Medio Ambiente (Lidema), sostiene que los niveles de polución minera crecen en Bolivia. “El sector más contaminado por la explotación de la plata es el río Pilcomayo; después, en Oruro, tenemos el lago Poopó, y el norte de La Paz por el oro; pero, asimismo, se utilizan químicos altamente peligrosos en los ríos de Beni y Pando”.

Tapia cita estudios de la Organización Mundial de la Salud, que señalan que los mayores contaminantes de esta actividad son el cadmio (que provoca cáncer y problemas en pulmones y riñones), el arsénico (que ocasiona infertilidad, abortos, daños en el cerebro y el corazón), el plomo (que deteriora los riñones, el sistema nervioso y causa abortos e incremento de la presión sanguínea) y el zinc (que afecta el páncreas y el aparato respiratorio).

En 2009, un estudio de la BBC sobre el impacto ecológico de la explotación aurífera en Suches reveló que en un día de trabajo en una mina a cielo abierto se usan: seis toneladas de cianuro de sodio, un millón de litros de agua; se dinamitan 42 mil toneladas de roca; se realizan dos explosiones grandes, para lo cual se requieren siete toneladas de explosivos; se muelen 3.000 toneladas de roca, hasta convertirlas en polvo; se emplean 400 kilos de ácido clorhídrico, 400 kilos de soda cáustica, 46 kilos de litargirio, 23.300 kilos de cal y 2.500 kilos de azufre, y para tener una onza de oro se procesan más de 250 toneladas de roca y mineral.

El presidente de la Federación Regional de Cooperativas Mineras Auríferas (Ferreco), Edmundo Polo, admite que sus afiliados usan el mercurio (que afecta el sistema nervioso, los cromosomas, la fertilidad sexual y provoca reacciones alérgicas, dolor de cabeza). “No lo empleamos  en cantidades extremas, simplemente para amalgamar la arenilla, el oro fino, y no lo botamos a los ríos, lo reutilizamos”.

Los cooperativistas de la Ferreco, que operan en el norte paceño, son capacitados sobre el uso de este metal. “Ahora nos hablaron del cianuro”, comenta el dirigente, y ante la consulta de si éste no es más dañino, responde: “No daña si lo sabes usar. Estamos en capacitación para la utilización de esas tecnologías y así disminuir el impacto al medio ambiente”.

Y mientras en las vetas circundantes a Pelechuco el oro se extrae de los socavones; en Suches, se lo saca del río del mismo nombre. En Lidema aseguran que la explotación aurífera con mercurio y cianuro provoca efectos negativos al río y la laguna Suches, del área protegida Apolobamba. “Los impactos en ese sector y (en el lago) Antaquilla, así como el dinamitado de glaciares en Pelechuco, han adquirido una magnitud e intensidad críticas”. 

En los últimos meses y ante los buenos precios del metal precioso, en Mapiri y Tipuani algunos cooperativistas volvieron a los yacimientos abandonados en 1985, pero no poseen licencia ambiental. “Entre pequeña y mediana minerías deben ser algo más de 40 en ese sector”, precisa Arellano. La Dirección General de Medio Ambiente y Cambios Climáticos inició en octubre una serie de talleres para brindar a las asociaciones todos los insumos para acceder a esta autorización del Estado.

Las razones para eludir este trámite, según Arellano, es porque los mineros desconocen el procedimiento, o creen que las consultoras pueden cobrarles altos montos de dinero, o por conflictos con las poblaciones que, en algunos casos, piden consultas públicas. En Pelechuco, los obreros apuestan ahora a la organización Cumbre Sajama, que a cambio de que se ciñan estrictamente a las normas ambientales, les facilita que comercialicen su oro a 10% más de la cotización oficial. “Ellos ven todo para evitar la contaminación”, cuenta Santiago Pari, dirigente de la mina Rayo Rojo.

Rayo Rojo, una de las pocas minas con un dique de cola

L a pequeña empresa Rayo Rojo es una de las pocas que cuenta con un dique de cola en el sector de la montaña que guarda yacimientos de oro, en el municipio de Pelechuco, al norte de La Paz. Su presidente Santiago Pari (foto) expone que los 66 socios de esa cooperativa intentan cuidar el medio ambiente con estas represas donde el agua usada en la producción es mantenida a distancia.

“Ahora, con la organización Cumbre Sajama nos hemos vuelto muy exigentes con nuestros mineros, porque si queremos vender a un buen precio nuestro oro (10% por encima de la cotización), debemos cuidar el medio ambiente, eso nos han dicho en Sajama”, informa, mientras señala el depósito de explosivos que yace alejado de los molinos y los socavones en el campamento situado a 40 minutos de carretera desde el pueblo de Pelechuco.

El camino fue arreglado por la Gobernación de La Paz, pero hace unos 20 años, cuando Pari y otros dirigentes como Felipe Ochoa llegaron a esa región rica en yacimientos auríferos, ellos tuvieron que abrirlo a pala y picota. Cerca de Rayo Rojo se encuentra la empresa minera cooperativa Agua Blanca, que cuenta con casi un centenar de socios.

“Nuestra empresa es una de las más antiguas en Pelechuco y aunque no tenemos la maquinaria pesada que tienen en el pueblo de Suches, aún trabajamos buscando el oro”, añade Pari, que junto a otros afiliados fue capacitado hace dos años en el cuidado del medio ambiente.

Sólo tres de 12 cooperativas tienen fichas ambientales en Pelechuco

En el municipio de Pelechuco, al norte de La Paz, hay más de 30 empresas cooperativas auríferas, de las cuales 12 pertenecen a la Central Pelechuco; solamente tres de ellas cuentan con licencia ambiental. Las calificadas son Rayo Rojo, Flor de Nevado y Virgen del Rosario; asimismo, otras cuatro iniciaron los trámites para acceder a este documento y el resto recién empezará las diligencias.

A unos 40 minutos de viaje desde la capital pelechuqueña, el campamento minero de Rayo Rojo se ha propuesto cuidar el medio ambiente. “Tenemos diques de cola (especie de represas para los residuos), también un almacén sólo para los explosivos e intentamos cumplir con todas las normas”, explica su presidente Santiago Pari. Los armazones sobresalen cerca de los molinos donde se trituran las rocas para extraer el metal precioso.

Rodolfo Solórzano, dirigente de la Central de Cooperativas de Pelechuco, comenta que “cada cooperativa tiene diques, pero eso depende también del lugar; por ejemplo, si se desmonta el material minero ahí nomás, se construye un dique de cola para no contaminar el agua”. No obstante, Informe La Razón evidenció que existe daño ambiental en esa zona de la provincia Franz Tamayo.

Jesús Álvarez, dirigente de Rayo Rojo, aclara que la actividad que efectúan los afiliados a su asociación todavía no es mecanizada. “Trabajamos artesanalmente, pero queremos mejorar y cumplir con el Estado”. Algunas de las vetas asentadas en la localidad de Pelechuco se encuentran casi a los pies de la cordillera Real y por la zona existen pequeños ríos que nacen en la cumbre y que llegan precisamente a los dominios de Rayo Rojo. 

SUCHES. Mientras en las minas circundantes a Pelechuco el oro se extrae de los socavones, en el poblado de Suches se lo saca del río que lleva el mismo nombre. Las diferencias saltan a la vista al llegar a esta zona. En la primera, los trabajadores de los socavones no recurren a la maquinaria para cumplir su tarea, pero en la otra, decenas de retroexcavadoras ayudan en la faena diaria a los cooperativistas.

Un reporte de la Liga de Defensa del Medio Ambiente (Lidema) determina que la explotación aurífera afecta al río Suches e igualmente causa la devastación del área de la laguna Suches del área protegida Apolobamba (ex Reserva Ulla Ulla). El mercurio y el cianuro son los principales responsables de esta polución en el norte paceño, indica el informe. “Los impactos en la región de los lagos Suches y Antaquilla, así como el dinamitado de glaciares en la zona de Pelechuco, han adquirido una magnitud e intensidad extremadamente críticas”.

Sobre los problemas que acarrea esta contaminación para los lugareños, el dirigente de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia, Rodolfo Machaca, opina que se debe incentivar, junto a los mineros de los diferentes sectores, la creación de una normativa específica para evitar el daño a la Madre Tierra. “Se puede afectar muchas fuentes de agua y eso también puede repercutir en la agricultura”.

Por su parte, el presidente de la Federación de Cooperativas Mineras de Bolivia, Albino García, apunta que se les hace difícil adquirir la licencia ambiental por las trabas burocráticas que les pone el Estado, aunque pondera el esfuerzo económico de asociaciones mineras para mitigar y subsanar la polución ambiental.

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