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Internos se ingenian para meter armas

La denuncia de las víctimas apuntaba a que Frías, con la complicidad de un policía de la custodia interna, había conseguido introducir el arma.

La Razón

00:00 / 20 de mayo de 2013

L a internación de armas de fuego, contundentes y punzocortantes en los reclusorios es otra de las preocupaciones de las autoridades del rubro. El coronel Rolando Ramos, exjefe de la Dirección Nacional de Seguridad Penitenciaria, comenta que los privados de libertad recurren a diversas estrategias para contrabandear estos objetos. Por ejemplo, el año pasado en el penal de Chonchocoro, situado a 30 kilómetros de la ciudad de La Paz, una pistola 9 milímetros intentaba pasar el control en una pesa de cemento.

El artefacto fue decomisado, mientras que los reos pedían la expulsión de Rodrigo Frías y Franz Reynaldo Gonzales, que amenazaban a sus compañeros con otra pistola del mismo calibre. La denuncia de las víctimas apuntaba a que Frías, con la complicidad de un policía de la custodia interna, había conseguido introducir el arma. No obstante, la investigación no aclaró el hecho. Como señala un exrecluso de esta prisión, que pide reserva en su identidad, la ley del silencio es regla en el sitio.

El tráfico de estos objetos peligrosos provoca inseguridad en los recintos. Hubo varias muertes violentas por puñaladas y proyectiles de armas. Es el caso del peruano Carlos Alberto Junco, quien falleció en 2010 precisamente en Chonchocoro, tras haber sido acribillado con una pistola 9 milímetros. El acusado alegaba tener los datos sobre los autores intelectuales del atraco a Vías Bolivia de ese año, en el peaje de la autopista que une La Paz y El Alto, y del deceso del principal sospechoso, David Olorio, en celdas policiales.  

En febrero de este año, días antes del Carnaval, la Policía frustró una fuga masiva en la penitenciaría cruceña de Palmasola. Todo fue descubierto el sábado 9, cuando un operativo halló en ese centro bebidas alcohólicas, teléfonos celulares, drogas y armas. El reporte indica que en el sector PC4 se encontraron armas artesanales, unas largas tipo espada hechas con trozos de fierro afilados con piedras; y se incautaron de 16 puntas o armas cortas, 17 armas blancas y 10 armas blancas largas. 

La Ley de Ejecución Penal y Supervisión declara en su artículo 130 como falta muy grave a la introducción, la ocultación, la provisión y la facilitación de bebidas alcohólicas, estupefacientes, fármacos no autorizados, armas, explosivos o cualquier otro artefacto prohibido en el reglamento interno.

Asimismo, castiga a los involucrados con la prohibición de recibir visitas, tener permisos de salidas, de participar en actos recreativos o deportivos, o en la actividad común e inclusive con la permanencia solitaria en su celda, entre otras sanciones.

Las armas decomisadas, según la Dirección Nacional de Seguridad Penitenciaria, son remitidas al Comando Departamental de la Policía para que la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen se haga cargo de las averiguaciones. No obstante, el contrabando de estos objetos riesgosos cunde igualmente en otras cárceles, como en las de Cochabamba, donde en festividades como el Carnaval se hallaron armas en los reclusorios para varones de San Sebastián y de San Pablo, este último en Quillacollo.

Uniformados a la cabeza del fiscal Javier Monasterios descubrieron armas blancas en el penal paceño de San Pedro, en agosto de 2012. Mientras que en El Abra, en territorio cochabambino, se reveló que armas blancas y bates son usados por reclusos para el cobro de “seguros de vida y de piso”. Este método es aplicado contra aquellos que ingresan por primera vez a esta prisión. Práctica que se repetiría en otros recintos, de acuerdo con Ramiro Llanos, líder de la Dirección General de Régimen Penitenciario.

Seguros. En el valle también se denunció que algunos delegados de los privados de libertad cometen abusos como la extracción de dientes de oro y sumergen en turriles de agua a aquellos presos que no pueden cancelar el “seguro de vida y de piso”. Aparte, todo vale para la internación de armas y hasta existen familiares que se encuentran inmiscuidos con este ilícito. “El año pasado, el progenitor de un reo fue descubierto cuando metía un arma en una estufa y, por eso, ya hacemos las requisas con la presencia de fiscales”, asegura el coronel Ramos.

Las armas igualmente son ofrecidas a reclusos para que realicen algunos “trabajitos”. Un exinterno de la prisión de San Pedro, que accede a una entrevista bajo la promesa del anonimato, recuerda que en una oportunidad le solicitaron que “puntee” (acuchille) a uno de sus compañeros, pero sin matarlo, por lo cual iba a recibir $us 1.000. Es que los ajustes de cuenta son moneda corriente. No sólo se hacen los “pedidos” entre reos, hay allegados de éstos que hacen “encomiendas” de este tipo.

“Los cuchillos de cocina entran sin problemas por la puerta de la cárcel, pero los internos fabrican otros con las cañerías de plomo que son cortadas por la mitad, y las afilan, las liman y así convierten el fierro en un cuchillo”, cuenta el entrevistado de San Pedro. Estas armas artesanales conforman la mayoría de los objetos que resulta incautada en las redadas que son organizadas sigilosamente por las autoridades. No hay límites, cualquier artefacto sirve para amenazar o para cuidarse en los reclusorios. 

El coronel Ramos ratifica que en los operativos realizados por la Policía se encontraron armas punzocortantes que, según investigaciones, tendrían su origen en algunos talleres de zapatería y hojalatería que son empleados por los privados de libertad para trabajar, en el marco del programa de rehabilitación. “Producen su propio armamento, como en hojalaterías donde hacen las artesanías para la festividad de Alasita”. 

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