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Inti Raymi, sequía y contaminación

De acuerdo con la investigación, el potencial de hidrógeno (pH) que se usa para medir el grado de alcalinidad (capacidad del agua para neutralizar ácidos) o la acidez en el sector, se ubica en el límite, en 8,2.

La Razón

00:00 / 14 de enero de 2013

A principios del año pasado, Informe La Razón viajó a Oruro y recorrió las inmediaciones de la minas de oro de Kori Kollo y Kori Chaca, de la Empresa Minera Inti Raymi (EMIRSA), que trabaja desde 1985 en esa rica zona.

Pobladores de las aldeas Sora Chico, Santo Tomás, Vito y Hospitaya (provincia Cercado), Capillita, Toma Toma, Tres Cruces, Toledo y Pata Pata (provincia Saucarí), aledañas al río Desaguadero y los lagos Uru Uru y Poopó, denunciaron en el reportaje publicado el 30 de enero, que no tenían agua para beber y que la poca que hallaban estaba contaminada.

Se develó que las aguas que alimentan esas comunidades eran contaminadas por los desagües o residuos metalúrgicos, particularmente de EMIRSA, debido a que el líquido —tomado en gran cantidad del Desaguadero— drena (salida de líquidos o excesiva humedad) hacia el río en cuestión y los lagos Uru Uru y Poopó.

El presidente de la Coordinadora en Defensa de la Cuenca del río Desaguadero y lagos Uru Uru y Poopó (Coridup), Félix Layme, citó un estudio de 2009 en las aguas de la población de Santo Tomás (sur de Toma Toma y cerca del lago Uru Uru), hecho por Antonio Salas, exrector de la Universidad Técnica de Oruro, que determinó la presencia de 45,96 mg/l (miligramos por litro) de plomo, cuando el límite para que el líquido sea potable, según la Organización Mundial de la Salud, debe ser de 0,05 mg/l. Aparte, se encontró la presencia de zinc, arsénico, cadmio, muy por encima de los límites permitidos. Riesgos. De acuerdo con la investigación, el potencial de hidrógeno (pH) que se usa para medir el grado de alcalinidad (capacidad del agua para neutralizar ácidos) o la acidez en el sector, se ubica en el límite, en 8,2. El pH del agua potable normal debe estar entre 6,5 y 8,5. Por debajo, se trata de soluciones ácidas, y por encima, de alcalinas básicas, y en ambos casos el líquido no es apto para el consumo porque puede dañar el organismo de personas o de animales: lo que ya está ocurriendo, ya que los lugareños denuncian afecciones físicas —sobre todo infecciones estomacales— y deformaciones en los ganados.

Los desechos de ambas minas, además, afectan las fuentes para usos agrícola y pecuario y la biodiversidad. En El Choro, a 40 kilómetros al sudoeste de Oruro, se redujeron considerablemente la agricultura, la ganadería y la pesca, que eran las principales actividades económicas. “Hace diez años teníamos agua dulce y mucho pejerrey en el lago Poopó, de donde salían camiones llenos de pescado a los mercados de Oruro y La Paz; pero hoy casi no nos alcanza ni para el consumo propio”, contó su alcalde, Jesús Chinche, quien añadió que hace tres años se cultivaba entre 6.000 y 8.000 hectáreas de forraje (alfalfa, festucas, cebada y otros). “La producción disminuyó, y cada vez es más difícil mantenerla por la escasez de agua, especialmente en invierno”.

 Existen pocos estudios sobre las aguas subterráneas, pero es evidente que los residuos también se transportan por este medio y su impacto es mucho más significativo en la actividad humana. Chinche recordó que cada casa de El Choro y de las comunidades aledañas contaba con pozos de agua dulce. “Con la ayuda de JICA (Agencia de Cooperación Internacional de Japón), cavamos hasta más de 150 metros de profundidad y sólo encontramos agua salada”.

La escasez del agua obligó a muchos a conseguirla en la ciudad. Como Evarista Nicasio, que cada 15 días traslada desde Oruro hasta El Choro entre tres y cinco bidones de un litro de agua. “El SeLa (Servicio Local de Acueductos y Alcantarillado) de Oruro nos vende a Bs 20 el turril, pero con el transporte nos llega a costar casi 40”.

En respuesta escrita, la empresa Inti Raymi aseguró que sus operaciones no afectan a los lagos y su impacto “es mínimo”. “Trabajamos en circuito cerrado con cero descargas al medio ambiente”.

Auditoría favoreció a EMIRSA

La decepción invadió a quienes esperaban que los resultados de la auditoría ambiental que fue encomendada en 2009 a PCA ingenieros Consultores SA, frenara la contaminación ocasionada por la explotación de minerales a cielo abierto (lixiviación), dado que el 7 de septiembre del año pasado se enteraron que una Resolución Administrativa benefició a la Empresa Minera Inti Raymi (EMIRSA). “Aquí está la mano de la compañía”, lamenta Ángel Flores, vicepresidente de la Coordinadora en Defensa de la Cuenca del Río Desaguadero, lagos Uru Uru y Poopó (CORIDUP).

“Concluyeron que la operación minera fue una bendición de Dios y que las equivocadas fueron las comunidades”, señala la comunicadora del Centro de Estudios y Pueblos Andinos, Norma Mollo. Mientras tanto, la salud de centenares de personas empeora, la mayoría por afecciones estomacales, según la directora del centro médico de Toledo, Elva Paravicini. Por ello, el representante de las Juntas Vecinales de Oruro, Yony Terrazas, adelanta que la lucha continuará.

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