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Ladrones desvalijan monumentos de cinco urbes del país

Los rescatistas de metales robaron esculturas de bronce, o piezas de ellas, en La Paz, El Alto, Cochabamba, Santa Cruz y Potosí.

La Razón

01:30 / 18 de junio de 2012

Los ladrones y rescatistas no solamente están a la caza del acero de los rieles, sino del bronce de los monumentos públicos, metal que también goza de buena salud en cuanto a su cotización. Según las denuncias de autoridades municipales, los botines son llevados a fundidoras para que sean transformados en herramientas, materiales de construcción o para, posteriormente, vender el bronce ya fundido.

En julio de 2011, la obra dedicada a los Héroes de la Guerra del Chaco fue inaugurada en el distribuidor de la autopista que une a las ciudades de La Paz y El Alto. Tres meses después, los antisociales sustrajeron un fusil, una pistola y una granada del conjunto artístico. “Se repuso las piezas”, informa el oficial mayor de Culturas de la Alcaldía de La Paz, Wálter Gómez.

La sede de gobierno es una de las urbes más perjudicadas por esta actividad delincuencial que no tiene culpables tras las rejas. La lista de esculturas robadas tiene ocho víctimas desde 2006, contando la de los excombatientes del Chaco: el busto del poeta húngaro Sandor Petöfi, el del cantante argentino de tango Carlos Gardel, el del exalcalde paceño Gastón Velasco Carrasco, el del revolucionario independentista Apolinar Jaén, el del maestro Humberto Quezada, el del compositor boliviano Gilberto Rojas y la efigie completa en honor a la Mujer Campesina.

La Alcaldía de La Paz puso en el centro de las acusaciones a fundidoras que se hallan en El Alto (como en la zona Santiago I), y a los puestos que ofrecen bronce alrededor de ellas. No obstante, no se pudo hallar estas piezas públicas que fueron repuestas por la comuna. Pero hoy sigue la incógnita sobre el destino de éstas. “No sabemos a dónde van, aunque es muy probable que las fundan y retornen al país en forma de metales para material de construcción”, supone Gómez.

Hace una década, el busto del militar cruceño y expresidente Germán Busch Becerra fue cercenado en el barrio alteño de Alto Lima, y otra obra similar también fue desvalijada hace poco en la zona de Río Seco. Tampoco se tiene datos sobre lo que pasó con estas obras que tienen un valor incalculable, sobre todo por su significado. Según publicaciones de prensa, tan sólo el bronce fundido de un busto puede proveer hasta diez mil dólares de ganancias.

En Cochabamba, otras siete esculturas fueron afectadas. “Una buena parte de nuestros monumentos ha sido robada y según dicen: son fundidos en Perú”, denuncia Max Munckel, de la Oficialía de Culturas de la Alcaldía de Cercado.

En 1812, Manuela Gandarillas comandó a las mujeres que se enfrentaron a los realistas en la colina de San Sebastián, en el sitio conocido como La Coronilla. Hace un año, el monumento a esta heroína sufrió la sustracción de una de sus trenzas hechas de metal. “Este año estamos reponiéndola, pero ya no será de bronce, sino de fibra de vidrio”, señala Munckel, al recordar que en 2004 una de las tres placas de bronce de La Coronilla igualmente fue hurtada.

Tras ese suceso, las restantes tres placas de metro y medio de largo fueron llevadas a la Casona Santiváñez para su exhibición y reemplazadas por réplicas de fibra de vidrio para su exposición pública. “Nada será ya de bronce, todo ahora es de fibra de vidrio u otro material”. A la par, se instaló una verja para proteger a la efigie de las heroínas de La Coronilla en la zona.

Aparte, un cañón de la Plaza de Armas cochabambina y una espada del conquistador español Gerónimo Osorio fueron desvalijados, pero posteriormente recuperados por los funcionarios municipales. Y otros tres bustos de personajes históricos fueron víctimas del hurto de algunas de sus partes, por parte de personas que son conocidas como “rescatistas de metales”.

Estos delincuentes también actúan desde hace mucho tiempo en la ciudad de Santa Cruz, donde, por ejemplo, la estatua de un poeta cruceño sigue perdida desde 2004. La pieza estaba ubicada en un pedestal de las calles Alameda y Potosí. El año pasado, la plaqueta de bronce en honor al desaparecido automovilista Carlos Chino Méndez igual fue hurtada, y otras dos obras siguen sin paradero conocido.

“¿Que adónde van? Se llevan estas piezas al mercado San Pedro, donde venden todo tipo de cachivaches de metal o las funden”, comenta Juan Carlos Simoni, de la Unidad de Culturas del municipio cruceño. En ese sitio, según este funcionario, incluso se ofertan tapas de alcantarillas y hasta señalizaciones de metal que también fueron robadas de espacios públicos.

En la urbe de Sucre se extraviaron 30 lápidas de bronce hace dos años y en la de Potosí, la efigie de la plaza 10 de Noviembre es víctima de la sustracción periódica de hojas y flores de metal. Allí, a la par, los delincuentes quisieron llevarse uno de los querubines de metal del Paseo del Boulevard. “Querían tumbarlo para fundirlo”, denuncia Francisco Poma, de la Oficialía Mayor de Culturas. Se salvó, suerte que no tuvieron otros monumentos del país.

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