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Lápidas de metal resucitan en manos de los recicladores

Una plaqueta fúnebre puede ser reciclada al menos dos veces por los fabricantes, que las compran de los familiares dolientes

La Razón

01:00 / 18 de junio de 2012

C ada día laboral entre las 10.00 y las 12.00, las lápidas de bronce que han cumplido con su tiempo de permanencia en el Cementerio General de la ciudad de La Paz inician el proceso para retornar a la vida. Muy temprano, los familiares retiran las viejas plaquetas que acompañaron al fallecido durante años en el nicho, para minutos después venderlas a los comerciantes de los locales ubicados al frente de este camposanto.

“Dependiendo del estado, si costaba antes 500 bolivianos, le pago la mitad o la cuarta parte. Depende de cómo esté el bronce”, oferta Pablo Ramos, propietario de la tienda de lápidas Los Amigos, en plena avenida Baptista, al lado de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. 

Este hombre que, a la par, funge como secretario general de la Asociación de Arte Metálico en La Paz —que tiene a 16 locales afiliados en el rubro—, recolecta todas las plaquetas fúnebres que puede en una jornada y, posteriormente, las lleva a una fundidora artesanal en El Alto, donde el metal es reciclado para convertirlo en una flamante lápida, que con otro nombre volverá al Cementerio General o a otros panteones del departamento.

“Puedo ordenar (a los empleados de mi negocio) que se lo hagan lápidas de mármol, bronce, aluminio, pero además hacemos marcos, rejas, fotograbados, placas, refacciones, y también realizamos cambio de lápidas con tallados de piedra”, invita Ramos, mientras entrega su tarjeta de presentación a los interesados.

“No pierden nada”, sentencia Willy Huayta, administrador del Cementerio General, que se encuentra bajo la tuición de la Alcaldía de La Paz, al referirse a los comerciantes que reciclan estas plaquetas que son bastante cotizadas por los dolientes y por los rescatistas de metales.

Informa que entre 20 y 25 de estas piezas abandonan diariamente de este lugar público, las que inmediatamente son comercializadas en los locales cercanos; aunque también hay personas que abordan a los familiares para comprarlas, apenas éstas abandonan el camposanto. “Los allegados de los fallecidos se llevan las plaquetas y en muchos casos son ellos quienes las ofrecen a estas tiendas, donde al final las reciclan”, añade Huayta.

Hasta hace unos años, delincuentes “conocidos y prontuariados” por los funcionarios ediles se robaban estos objetos metálicos. Ello quedó en el recuerdo gracias a la instalación de 40 cámaras de seguridad repartidas en sus 92 mil metros cuadrados. Asimismo, el personal conformado por 15 guardias y 65 funcionarios resguardan los bienes de la Alcaldía y de los deudos de los fallecidos que habitan el panteón central de la sede de gobierno.

Demanda. ¿Cuánto tiempo se puede quedar un difunto en el Cementerio General? El cadáver de un adulto permanece allí hasta ocho años y el de un menor, hasta seis. Después de ese plazo, los familiares deben recoger las lápidas que sino, tras un preaviso, pueden ser retiradas por los empleados del camposanto, que sacan los restos humanos y se llevan estas plaquetas recordatorias a los depósitos, para ser devueltos a sus dueños.

“A los parientes ya no les sirven y por eso las venden. Fuera del cementerio hay una oferta y una demanda por estas piezas y parece que es un buen negocio porque (los rescatistas) compran los insumos a muy bajo costo”, dice Huayta. Es que el cobre es uno de los metales más apetecidos en el rubro. “Su precio es muy caro: el kilo en Bolivia vale 40 bolivianos y en Perú, hasta 60 bolivianos. Estaban trayendo bronce (los vendedores de chatarra y de metales), pero ahora ya no traen nada”, alega Ramos en su local.

Tras ser entregadas a los recicladores, se viene la primera resurrección de las lápidas de metal para retornar a los camposantos. Si sobreviven otros seis años, y según el estado en el que se encuentren, pueden aguantar otro reciclaje más. Inclusive hay artesanos que apelan a una serie de combinaciones químicas para exprimirles más tiempo de vida a estas vetustas plaquetas, sobre todo si son de bronce, una materia prima que es cada vez más escasa por la alta demanda. “Con el mármol no hay problemas, porque con una limpieza las lápidas están como nuevas, pero no pasa lo mismo con el bronce, que cada vez hay más poco”, insiste Ramos.

Tal vez por esto, complementa el artesano, hay personas que prefieren que estas piezas sean de mármol, que es extraído de canteras cercanas al salar de Uyuni, en Potosí. A la par, plantea que la buena cotización del bronce en Perú hace que la mayoría de los rescatistas opten por comercializarlo en ese país.

De todos modos, quienes compran y venden chatarra en La Paz y El Alto continúan acercándose a la tienda de Ramos para ofertarle bronce. “Lo compramos y después lo llevamos a la fundidora, pero últimamente ya no hay y sólo compramos aluminio”, recalca el hombre que, luego, muestra desconfianza y se niega a enseñar cómo funden los metales sus operarios. “No sé dónde estarán ahora mis trabajadores. Ahora me encuentro sin tiempo...”, elude. Otros propietarios de tiendas similares en la zona se muestran reacios a brindar más información.

En otras ciudades del país es común que las lápidas de los camposantos públicos vuelvan a la vida o sean robadas. Por ejemplo, durante las festividades del Carnaval y el Año Nuevo, en el Cementerio General de la urbe de Sucre se redobla la vigilancia ante la posibilidad de que dueños de lo ajeno se lleven estas piezas.

Ello no es gratuito, entre 2009 y 2010 fueron sustraídas tres decenas de estos objetos. “Después dicen que los venden a cinco bolivianos, pero no creo. Cuando sube el metal, principalmente el precio del bronce, se presentan estos hurtos”, resume Leonardo Soria, administrador de este lugar, que añade que se descubrió que una mujer cruceña y un ciudadano argentino se llevaban en bolsas esta mercadería, las que fueron entregadas a la Policía.

A 472 kilómetros de la capital del Estado Plurinacional, en la ciudad de Oruro, el desvalijamiento de lápidas del Cementerio General igual dio varios dolores de cabeza a las autoridades. “En las celebraciones de Todos Santos y del Día de la Madre, mucha gente llega y los ladrones se llevaban estas piezas y las imágenes de bronce”, cuenta Mirtha Oros, administradora de este panteón ubicado al sureste.

Hace tres años desaparecieron cuatro losas de bronce del mausoleo destinado a los Beneméritos de la Guerra del Chaco. “Han detenido a los rateros, pero después la Policía los soltó”, precisa. “Creo que esto se presenta porque el costo del bronce ha subido y por eso roban los objetos hechos con este metal, para después fundirlo”. En este panteón se han redoblado los esfuerzos para evitar más casos similares, con la labor desplegada por tres guardias, sobre todo cada 27 de mayo y 2 de noviembre.

Menores. El año pasado, en Cochabamba, medios de prensa informaron que el portero del Cementerio General de Valle Hermoso, Domingo M.A., sorprendió a dos menores de 13 y 14 años mientras extraían una lápida de bronce que correspondía al fallecido Valerio C.S., del nicho 151. Estaban embolsando la pieza cuando fueron atrapados y llevados a la Policía. Uno de los involucrados relató a los uniformados que no era la primera vez que ingresaba al camposanto junto a sus amigos para sustraer estos objetos de metal, para posteriormente venderlos.

En el Cementerio General de la zona sur de Cochabamba, actualmente no se reportó el hurto de estas piezas recordatorias, de acuerdo con su administrador, Miguel Fernández. “Antes había robos porque no había guardias. Ahora tenemos diez vigilantes de día y dos de noche”. No obstante, en esa urbe, como en el panteón municipal de La Paz, las tiendas que pululan alrededor del camposanto se dedican al reciclaje de las lápidas: una resurrección que deja buenos réditos económicos.

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