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Mafias de traficantes operan en Bolivia

Este año hubo dos robos de bienes culturales, con 115 piezas sustraídas. La Interpol alerta de que los delincuentes las llevan al menos a cinco países de otros continentes

La Razón

00:00 / 05 de noviembre de 2012

El tráfico de bienes culturales no solamente opera mediante los huaqueros en Tiwanaku y sus alrededores, o en otras ruinas arqueológicas del país, también lo hace en complicidad de cuidadores y gente que habita cerca de santuarios religiosos coloniales, de acuerdo con informes de la Policía Internacional (Interpol) Bolivia, en tanto los mecanismos gubernamentales de protección a este patrimonio aún son endebles. 

En agosto, las iglesias de Guaqui y Ocobaya en las provincias Ingavi y Sud Yungas de La Paz, respectivamente, sufrieron el hurto de reliquias, que generalmente van a parar al mercado negro. “Después del negocio de armas y el narcotráfico, el tráfico de bienes culturales es una de las formas más fáciles de obtener dinero ilícito en el mundo y los robos en templos coloniales y de objetos precolombinos son intensos”, dice el reconocido arqueólogo peruano Luis Lumbreras.

Control. La Interpol explica la primera falencia para que las reliquias bolivianas sean comercializadas ilícitamente. “No hay una buena fiscalización, efectiva, solamente se aplica el control social, como dicen los pobladores (de los sitios donde hay saqueos), y aunque les ayuda el Ministerio de Culturas, no es suficiente; por eso, cuando ellos encuentran alguna pieza antigua la venden a los extranjeros”, refiere el coronel Álex Ríos.

Como este patrimonio es precautelado por la Constitución Política, el artículo 331 del Código Penal castiga su robo con entre uno y cinco años de cárcel, y la pena se incrementa a entre tres y diez años si el delito es cometido con armas o encubriendo la identidad del agente, por dos o más autores o en lugar despoblado; mientras el artículo 223 dicta que: “El que destruyere, deteriorare, sustraiga o exporte un bien perteneciente al dominio público, una fuente de riqueza, monumento u objeto del patrimonio arqueológico, histórico o artístico nacional, incurrirá en privación de libertad de uno a seis años”.

Las estadísticas de la Unidad de Patrimonio Inmaterial del Ministerio de Culturas revelan que en los últimos 15 años hubo al menos 89 hurtos que provocaron la desaparición de 1.276 piezas patrimoniales. Si bien en 2011 se dieron cuatro desvalijamientos que se llevaron 32 objetos, en lo que va de este año se presentaron sólo dos casos (precisamente en Ocobaya y Guaqui), pero el número de reliquias extraviadas asciende a 115 (más datos en la infografía de estas páginas).

Si los traficantes de piezas arqueológicas contratan a campesinos para que escarben vestigios prehispánicos del subsuelo, de acuerdo con la Interpol y los arqueólogos Jedú Sagárnaga y José Estévez; en el caso de las capillas coloniales, los guardianes o “mayordomos” son los primeros sospechosos. La Interpol advierte que estos personajes son contactados por mafias para extraer las piezas y, luego, entregarlas a los “puentes” o “enlaces” que las llevan al cabecilla del clan, el anticuario o el coleccionista. La cadena cuenta con enlaces nacionales y extranjeros.

GUAQUI. Algo de eso sucedió en Guaqui entre la noche del jueves 2 agosto y la madrugada del día siguiente, o por lo menos eso se sospecha. Allí, la imagen del Tata Santiago, como sus devotos lo conocen, fue la víctima. Sólo el santo sabe quién le sustrajo 105 artefactos de platería, de aproximadamente 200 años de antigüedad. “Existe un detenido; sin embargo, parece que es difícil que podamos recuperarlos”, masculla, con bronca, el dirigente vecinal Eduardo Quispe. 

El hecho aconteció una semana después de la fiesta patronal y además del guardián Ricardo Aguilar, las acusaciones apuntan al ciudadano peruano Teófilo Campos, que llegó el año pasado a la población con la supuesta intención de efectuar una biografía del desaparecido padre Sebastián Fancella, por lo que pidió ser alojado en la basílica mientras escribía el libro. “Decía que hacía entrevistas”, relata el dirigente cantonal Rogelio Ticona. Ahora, Campos está aprehendido en la penitenciaría de San Pedro, en la ciudad de La Paz.

El delito sucedió justo la noche en que Aguilar olvidó prender la alarma electrónica que posee la infraestructura. “No la he armado, me he olvidado, no he pensado que iba a pasar esto, hace años que estoy trabajando”, se defiende el hombre de 64 años, intentando buscar una explicación a lo ocurrido. Pero Ticona no tiene dudas de lo sucedido: “Han venido planificando (Aguilar y Campos), el mayordomo sabe por dónde van los cables. Los han cortado, el directo responsable es él”.

El párroco de la localidad, Celso Garcilazo, admite que fue “una imprudencia del mayordomo Aguilar”. No obstante, lo que pasó en Guaqui guarda los aditamentos del común denominador de los saqueos de bienes culturales. “Generalmente se realizan en complicidad con el portero o el encargado de la custodia de las iglesias y aunque tienen sistemas de alarma, las desactivan y justo ese día se olvidan de armarlas y se sustraen las piezas”, explica el coronel Ríos, de la Interpol.

Aguilar y uno de sus hijos son los vigilantes del templo durante 15 años y cada uno recibe Bs 300 por resguardar los tesoros eclesiásticos —dinero que es erogado por los ahorros del santuario—, porque las comunidades del municipio se negaron a enviar a sus pobladores para cumplir con esta tarea. Cuando Aguilar retornó la mañana del sábado 4 de agosto al sitio, según su relato, lo primero que vio fueron los cables arrancados de la alarma. Ahora es uno de los sospechosos y tiene que dar su declaración a la Fiscalía.

En 2001 se produjo el primer intento de saquear las joyas de la capilla, pero en esa ocasión la alarma cumplió con su deber y frenó el delito. Los ladrones huyeron temerosos de ser atrapados por los lugareños y dejaron una escalera y varias frazadas con las que pretendían llevarse los ornamentos de plata. Pero la historia cambió en agosto de este año. “Nos saquearon 80% de la platería y el retablo mayor”, afirma el religioso Garcilazo, que da gracias a Dios y al Tata Santiago de que los valiosos 60 cuadros coloniales no hayan corrido la misma mala suerte. A la par, maneja que los que dieron este golpe son los mismos que desvalijaron el templo de Laja, en la provincia Los Andes.

La Interpol devela que la red de internet es el soporte preferido por los traficantes para ofertar reliquias robadas. “Hay bandas internacionales que operan especialmente en Bolivia, Perú, Ecuador, por su riqueza cultural”, describe el coronel Ríos. El destino de estos objetos son los mercados negros que alimentan millonarias colecciones privadas o anticuarios o depósitos de personas en Canadá, España, Estados Unidos, Suiza y hasta Japón.

Marcelo El Haibe, de la Interpol-Argentina, explicó en octubre a la agencia AFP que los traficantes de obras artísticas históricas se mueven en Perú, Bolivia, Guatemala, Ecuador, Argentina, Chile y México porque existe mucha demanda en arqueología, arte religioso y paleontología, cuyo destino es Estados Unidos, Suiza, España, Alemania o Gran Bretaña.

Ante esto, Perú se alista a crear una policía de élite que luche contra este flagelo.

Bolivia también es un país de tránsito para sacar los objetos patrimoniales sustraídos en otras naciones de la región andina hacia otros continentes. Ello por la falta de control en las fronteras. No obstante, los delincuentes recurren a otros métodos para llevar a cabo sus fechorías; por ejemplo, hace dos años la Policía boliviana se incautó de una momia preincaica peruana, de unos 700 años de antigüedad, que pretendía ser enviada a un país europeo a través del servicio de correo.

Si bien expertos consultados sostienen que se debe apostar por una mejor vigilancia fronteriza, o diseñar una Ley de Patrimonio Cultural para hacer frente al tráfico en el rubro, o rearticular la idea de conformar una Policía Cultural, el ministro de Culturas, Pablo Groux, opina que un primer paso es registrar y catalogar los bienes culturales a nivel nacional. La Unidad de Patrimonio Inmaterial tiene una nómina que supera las 20 mil piezas.

Preocupaciones. Durante la festividad del 25 de julio, la seguridad se redobló en el templo colonial de la localidad de Guaqui, pero ningún lugareño pensó que los malhechores esperarían dos semanas para asestar el golpe que ha dejado preocupado y entristecido al pueblo. “Nadie es adivino para saber que esa noche (entre el jueves 2 y la madrugada del viernes 3 de agosto) vendrían los ladrones”, refiere el párroco Garcilazo.

La Policía, el Ministerio Público y el Ministerio de Culturas ya investigan el hurto; sin embargo, hay críticas al trabajo en las pesquisas. “Hubo un descuido de la Fiscalía y el investigador no estuvo pronto. Desde el 3 de agosto los esperábamos y recién a las cinco de la tarde del 7 de agosto llegaron”, reniega el dirigente Quispe, quien igual protesta contra la Alcaldía. “Les hemos llamado la atención porque deberían ser los primeros en ayudar y sólo dicen que van a ser parte coadyuvante”. 

Román Mamani, otro dirigente cantonal, comenta que el alcalde Víctor Mamani —quien no pudo ser hallado por Informe La Razón—, coordina con autoridades para hallar las reliquias plagiadas. Mientras en la iglesia, el cura Garcilazo parece resignado a no volver a ver las piezas de platería del Tata Santiago y, por ello, manifiesta que ahora les toca a los devotos ayudarlo para reponer las joyas de las que se desconoce el paradero.

“No hay otra, los pasantes anteriores y los recientes igualmente están queriendo recomponerlas. Dios mediante quizás se puedan encontrar; sin embargo, ya no tengo muchas esperanzas. Por eso, lo único que queda es que la gente pueda contribuir”. El cura cree que el apóstol Santiago “está dolido”, pero igual los perdonará por esa profanación. “Ojalá que esa gente se arrepienta”, manifiesta.

La mañana del jueves 6 de octubre, cuando este medio visitó Guaqui, la alarma aún estaba siendo reparada en la capilla de esa población que junto con Ocobaya —donde se extraviaron una corona de oro, los remates de la cruz y tres piezas de plata de alto relieve del Señor de la Exaltación— son los únicos dos casos de robo de bienes culturales de este año.

Las escuelas deben dar el primer paso

Cuando los libros en las escuelas hablen un poco menos de arte griego y romano, y más “sobre nuestros pueblos originarios empezaremos a querer, respetar y conservar nuestro patrimonio”, opina el historiador argentino Fernando Soto.

El docente de la Universidad Nacional de Mar del Plata y explorador sostiene que los niños deben ser los primeros en conocer sobre el patrimonio histórico. “Sin la intervención directa del Estado y sin un programa de concienciación que parta del colegio primario y secundario, desde muy temprano, la batalla contra este flagelo (tráfico de arqueología)  no se ganará nunca”, explica Soto a Informe La Razón vía correo electrónico.

Para el estudioso, la herencia colonial juega también en contra. “Hay casi 500 años de autosubestimación y de un discurso que nos dice que esos objetos estarán mejor protegidos en museos del primer mundo”, añade el especialista.

Apunta sus dardos a la demanda que existe en otros países por piezas arqueológicas, y añade que solamente luchando contra esto se podrá combatir a los compradores de bienes culturales sustraídos en otras naciones. “El problema está en  quienes demandan, que son siempre instituciones particulares muy poderosas económicamente”.

Admite, no obstante, que en los últimos años, en algunos Estados sudamericanos, se dieron pasos muy importantes para defender los patrimonios arqueológico y paleontológico. “Si lo comparamos con las políticas neoliberales de los años 90 (que no sólo vendieron piezas de nuestro pasado precolombino, sino pedazos enteros de nuestros países). Así todo, todo lo hecho sigue siendo insuficiente”, puntualiza el autor de varios libros, artículos y ensayos sobre arqueología en el continente sudamericano.

Al menos 300 bienes culturales se encuentran fuera del país

En 2006, Édgar Arandia, entonces viceministro de Culturas, y hoy director del Museo Nacional de Arte, realizaba un censo de las piezas arqueológicas bolivianas que se encuentran en el exterior. El primer diagnóstico reveló que “había al menos 300 fragmentos prehispánicos en otros países”, señala. Y tras ese intento, no se conoce de otro estudio similar.

Actualmente quedan dudas sobre la cantidad de reliquias que son exhibidas en otros continentes, de las cuales se requiere saber si son expuestas legalmente, con el consentimiento boliviano. Por ejemplo, el arqueólogo peruano Luis Lumbreras, uno de los más reconocidos en Latinoamérica, relata que una de las mejores muestras precolombinas de Bolivia se halla en la capital alemana: Berlín.

TIWANAKU. “Una de las mejores colecciones de arte boliviano prehispánico es la del Museo Etnográfico de Berlín, donde hay centenares de piezas estupendas”, añade el especialista que es catedrático de posgrado de Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Perú y que dictó un taller en la ciudad de La Paz a principios de octubre.

Arandia, que también funge como secretario ejecutivo de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, ratifica lo dicho por Lumbreras. “En Berlín exponían una piedra precolombina que representa el rayo, y en Dinamarca exhibían tabletas líticas”.  Más aún, el experto peruano asegura, por ejemplo, que muchos trabajos sobre Tiwanaku se efectuaron en base a piedras de esa cultura que no se encuentran en Bolivia. “Gran parte de las publicaciones sobre Tiwanaku se sustentan en piezas que están en el exterior”.

Aparte, de acuerdo con datos del Ministerio de Culturas, son pocas las piezas recuperadas de manos de traficantes: hubo al menos 14 casos desde 1971. Ahora, esta repartición alista la solicitud oficial a Perú para recuperar piezas arqueológicas que pertenecerían a las culturas tiwanakota, wari e inca, y que se incautaron hace tres años en el vecino país, en un operativo que también involucra piezas históricas pertenecientes a Ecuador y al propio Perú.

Esta nación también está decidida a emprender una lucha frontal contra los traficantes de estos objetos, según la agencia AFP. El viceministro de Patrimonio del Ministerio de Cultura del Perú, Rafael Varón, comentó que en base a recomendaciones se elabora un plan para crear una policía de élite sobre patrimonio cultural como hay en Estados Unidos, Italia y Argentina, a capacitar a fiscales y jueces.

Ofrecen objetos en la internet

Vendo Keru (vaso) de Tiwanaku  IV tardío. Pieza completa decoración plástica frontal doble (antropomorfa y zoomorfa), decoración pictórica en banda monocroma, motivos geométricos. Estado de conservación, regular a bueno (rob_colmil_lp@hotmail.com)”. La oferta está en www.mundo.anuncio.com.bo; la pieza se cotiza en $us 300. El exfiscal Milton Mendoza denuncia que se ofrecen supuestos objetos prehispánicos por internet.

Igual se comercializan objetos arqueológicos, una página boliviana es www.mercado.com.bo. En http://bo.clasificados.st/antiguedades se vende una cerámica antigua: “Vendo urgente piedra tallada inca de aprox.1500 años, por el análisis hecho por arqueólogos sé que es un símbolo fálico que representa el poder viril del hombre, tengo una imperiosa urgencia por salud de venderla, por eso espero una oferta”.

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